Sandra Meneses, madre de Santiago Murillo, asesinado al parecer por un policía el pasado primero de mayo en Ibagué (Tolima) en medio de las protestas del Paro Nacional, recibió una llamada del Sena este lunes para notificarle que su hijo, quien falleció hace casi dos meses, ya podía iniciar sus pasantías como técnico en sistemas.

Con dolor, Sandra le relató lo sucedido a SEMANA, pues su hijo de 19 años se caracterizaba –según quienes lo conocieron– por ser emprendedor, curioso del aprendizaje de diferentes oficios y áreas académicas. Pese a que su principal sueño era estudiar Bellas Artes en Suiza, la pandemia demoró el proceso para su viaje, así que decidió estudiar una carrera técnica en sistemas.

Sandra dice que sus estudios empezaron el 13 de abril de 2020 y la etapa teórica terminó el pasado 13 de enero; desde entonces, estuvo esperando que le asignaran la fecha y el lugar donde podría adelantar su etapa productiva.

Fue hasta este lunes 28 de junio que en la mañana Sandra, sorpresivamente, recibió la tan esperada llamada para Santiago. El Sena le informaba que su hijo ya podía iniciar sus prácticas como técnico en sistemas, una noticia que sin duda quebrantó a Sandra, pues sabía la ilusión que tenía su hijo de iniciar sus pasantías, pues le abría las puertas a la vida laboral, para así seguir construyendo sus sueños.
Una cruz blanca dibujada en el piso muestra en un costado las letras S. M., iniciales de Santiago Murillo, y en el otro los números 01-05-21, que reflejan la trágica noche vivida el Día del Trabajo en la carrera 5 con calle 60 de Ibagué. En ese punto cayó el joven, de 19 años, después de recibir un disparo en el pecho, al parecer proveniente de la pistola de un policía, según indican las investigaciones.

Junto a la cruz caminan Sandra Meneses y Miguel Murillo, sus padres. Todos los días pasan por el mismo lugar. Viven a pocas cuadras. Se detienen y oran; las personas que están muy cerca los miran con tímidos gestos de solidaridad. Con la mayoría nunca se han visto, pero pareciera que todos conocen y acogen como propia la tragedia. “Ponga el cronómetro y calculamos cuánto nos demoramos en llegar del conjunto a donde mataron a mi niño”, dice Sandra, mientras los recuerdos llegan a cada paso.

Fueron seis minutos a paso lento, y sus lágrimas dejan ver el viacrucis de una madre que durante dos años rogó a Dios que le regalara un hijo, y 19 años después se lo arrebataron. Miguel aclara que Santiago no estaba en la protesta, pasaba por el lugar; así lo demuestran los videos recopilados por la Fiscalía. Iba solo, quizás distraído porque solía llevar sus audífonos puestos.
La familia solo pide justicia y evitar que la muerte de su hijo sea vista como una estrategia política. Sandra aclara en SEMANA que ella no representa ningún partido político, ni lidera ningún tipo de grupo que promueve las protestas violentas, ni mucho menos ha autorizado a fundaciones para pedir dinero a nombre de su familia y su hijo.
“Crearon intereses para mover partidos políticos, no soy la mujer que aparece en un video con un megáfono promoviendo protestas, se están apropiando de mi identidad y de la de mi hijo”, por eso pide respeto a su memoria. Ella solo espera que el uniformado que disparó el arma lo confiese pronto y sea consciente de todos los sueños que truncó en un joven que apenas empezaba a vivir.
