John Altamirano, profesor colombiano, viajó hace más de un mes a Beijing, después de aceptar una oferta laboral en un colegio bilingüe de China. A pesar de haber viajado con una prueba negativa de covid-19, que era necesaria para realizar el viaje, al aterrizar le practicaron otra que dio positivo.
Lleva 43 días hospitalizado en el Hospital Hangzhou XiXi de Beijing y desde su habitación pide ayuda para regresar a Colombia, tras pasar días viviendo lo que considera una violación a sus derechos humanos.

En conversación con SEMANA, explicó que desde 2019 le ofrecieron trabajo en el HD Bilingual School de la capital del país asiático, pero por cuenta de la pandemia tuvo que trabajar virtualmente para la institución desde Colombia.
Con ilusión, pero dejando a su esposa y a su hijo pequeño en el país, emprendió el viaje hace más de un mes, después de que le informaran que ya podía dar las clases presenciales. Cumplió con los requerimientos epidemiológicos, incluyendo las pruebas PCR con resultado negativo al salir de Colombia y otro en el Estado de tránsito; Holanda, en su caso. Después de esto, el resultado fue enviado a la embajada china, que envió un código sanitario con el que permitió su ingreso posterior.

Al aterrizar en China, le practicaron una tercera prueba de coronavirus, que dio resultado positivo. Aunque pasó esa noche en un hotel, al día siguiente una ambulancia lo recogió y se lo llevó al hospital, en el que permanece hace 43 días. Según contó, hasta que su resultado no dé negativo, no le permitirán salir, a pesar de que la Organización Mundial de la Salud ha dicho que no es un requisito una prueba negativa para salir de las cuarentenas, después de 14 días del resultado positivo.
“Las condiciones son desesperantes, porque no me dejan salir de un cuarto y hace 43 días no veo la luz del sol. Estoy peor que un preso, prácticamente”, dijo a través de una llamada telefónica de WhatsApp, ya que compartir cualquier tipo de fotos y videos va en contra de la ley y le informaron que podría tener consecuencias. No obstante, tiene acceso a internet y encontró la manera de utilizar dicha red de mensajería para comunicarse con sus seres queridos a la distancia.

Aunque no sabe cómo pudo contagiarse, en caso de que haya sucedido en el trayecto a China, insiste en que no habría forma de que pudiera transmitir el virus después de un mes y medio. Además, está vacunado contra la covid-19, pero esto no ha tenido ninguna importancia en su caso.
John ha bajado varios kilos. No solo por la tristeza y desesperación que siente, sino por la comida que le dan en ese hospital. Si bien muchas veces le dan arroz, también le sirven huesos, “como los que le echan al sancocho pero que uno no se come”, y otros alimentos que no reconoce o que no le caen bien al estómago.
Los desayunos son “arroz con agua encima”, huevo y banano. El almuerzo y la cena son más extravagantes. “No sabría describir bien el tipo de comida. Hay unas cosas que parecen carne de cerdo, pero como el gordo, y es casi todos los días lo mismo”, relató.

Hace 33 días se contactó con el consulado de Colombia, cuando empezó a entender que no se trataba de una situación tan transitoria como se imaginó al principio. “Ellos me dicen que no pueden hacer mucho, porque eso es un asunto de ley de este país, unas regulaciones de su país. Sin embargo, yo pienso que esto atenta contra los derechos humanos”, contó y pidió ayuda al Gobierno para que lo apoye con una repatriación, haciendo gestiones diplomáticas con base en el concepto antes mencionado de la OMS.
Incluso, señaló que ya no busca poder trabajar en China y entiende si no lo desean allá. Por eso, manifestó que lo único que quiere es volver a Colombia y reencontrarse con su pareja y su hijo.
