A las 6:00 a. m., ¿qué estará opinando María Isabel hoy jueves 14 de septiembre en SEMANA? Pues la opinión gira en torno a los graves hechos que ocurrieron en la vereda del Manso, en Tierralta, Córdoba.

De no ser porque la escena quedó filmada por sus propios habitantes, no nos habríamos enterado de que cuando le desatan las manos a nuestro Ejército, un puñado de sus miembros se hace presente en lugares remotos del país, sin saber muy claramente qué órdenes tenían, uniformados se observan con exóticos cambios en el uniforme tradicional de nuestras fuerzas militares.

Con capuchas y bufandas, que inexplicablemente intentan tapar sus rostros y aparentemente hacerse pasar ―por razones que aún ignoramos― como miembros de las disidencias de las Farc o del Clan del Golfo para amedrentar armados a la población, vejarla, amenazarla sin que aún tengamos una explicación clara de qué hacían allá, ¿qué pretendían y por qué actuaron como lo hicieron?

Y para empeorar la situación, el helicóptero en el que viajaban los investigadores de la Fiscalía, la Procuraduría y la Defensoría fue recibido a tiros y tuvo que desviarse de su objetivo aterrizar en otro lado. El fiscal reaccionó diciendo que en Colombia no hay garantías de seguridad, y no las hay, y que interrogará 30 miembros del Batallón de Infantería número 33.

Ingrid Betancourt, que en los últimos días ha hecho unas declaraciones especialmente coherentes y oportunas ante las cosas que pasan en Colombia, lanzó una pregunta tremenda acerca del incidente, que por ahora no tiene respuesta, ¿y en qué consiste la pregunta? Pues nada menos que en lo siguiente: ¿por qué en la paz total nuestras soldados concluyen que les va mejor como delincuentes?

Algo muy profundo está fallando en el este planteamiento porque sí se premia a los delincuentes y se castiga a los que actúan rectamente. Mientras obtenemos una respuesta a semejante pregunta tan dura de Ingrid, el inexistente ministro de Defensa solo ha roto su clásico silencio para decir lo mínimo, que lamenta y rechaza lo corrido en la vereda del Manso, en Tierralta, Córdoba, pero acerca de las capuchas ni mu.
Lea la segunda opinión de María Isabel, hoy 14 de septiembre:
¿Qué opina María Isabel? La manía de cambiar los nombres
Con el cambio de nombre del Día de la Raza, que ya va en tercer debate en el congreso, ahora celebraremos el 12 de octubre, algo supuestamente menos estigmatizador : “Dia de la Diversidad Étnica y Cultural”. ¿Qué implica ese cambio de nombre? No será para maquillar el hecho real de que en Colombia conviven diversas razas. ¿Y eso qué tiene de estigmatizante?

A las 6:10 a. m., ¿qué estará opinando María Isabel, hoy jueves, 14 de septiembre, en SEMANA? Pues la opinión gira en torno al mito de que cambiándole el nombre a las cosas se van a hacer grandes transformaciones en la idiosincrasia de los colombianos.

Entre los muchos ejemplos presentó dos: el primero, el Ministerio de Cultura ya no se llama así de sencillo, sino Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes. A pesar del rimbombante nombre del nuevo Ministerio de la Cultura, pues ha durado a céfalo gran parte de este Gobierno hasta que, finalmente, la vacante se llenó con un buen hombre, que parece muy competente, Juan David Correa, pero él ahora también defiende otro cambio de nombre.

El del Día de la Raza, que ya no se llamará así porque los defensores del cambio opinaron que se nos quedó estrecho. El Congreso ya aprobó el tercer debate de la bobada de cambiarle el nombre al Día de la Raza por el de Día de la Diversidad Étnica y Cultural, que se conmemora cada 12 de octubre.
Según el ministro, el término raza es utilizado en Colombia dizque para dividir y discriminar, pero no hay duda que Colombia está conformada por diversas razas y reconocer eso no tiene porque ser discriminatorio para nadie, entonces el Ministerio de las Culturas, las Artes y los Saberes aspira conmemorar el próximo 12 de octubre el Día de la Diversidad Étnica y Cultural, ellos en cuanto al aspecto estético de un cargo con tanto trabajo por delante para hacer, que ahora se celebrará aquel día que ignoramos en qué va a cambiar lo que se conmemoraba cuando se llamaba Día de la Raza.

No nos engolosinemos con esas bobadas, es como si por haberle cambiado el nombre al Esmad por Unidad Nacional de Diálogo y Mantenimiento del Orden (UNDMO) las cosas vayan a cambiar. No obstante, haberlo rebautizado al EsmaD sigue actuando como antes cuando las circunstancias de manifestaciones o distintas situaciones afecten el orden público.

Como el presidente no pudo prescindir de sus servicios, como lo había prometido en campaña, se resignó al cambio de nombre y de uniforme con la idea de que la mitad del rebautizado contingente primero trate de dialogar con los manifestantes violentos y vándalos y si no se puede que actúe el Esmad o el ex-Esmad como siempre lo ha hecho.
Cabe recordar que este frente no está diseñado para dialogar, para eso hay otras instancias en el Estado, el Esmad o el ex-Esmad está diseñado para actuar con prontitud, oportunidad y con proporción desde luego, para proteger el orden público y proteger a la ciudadanía y sus vida y sus bienes.
Dejemos de cambiarle el nombre a las cosas pensando que así vamos a cambiar las cosas, si el antiguo Ministerio de Cultura pudo resistir con su nuevo nombre, no tener ministro durante meses, y no pasó nada, es seguro que conmemorar el Día de la Raza, ahora Día de la Diversidad Étnica y Cultural tampoco producirá un cambio mayúsculo en la esencia de su conmemoración más bien, pongámonos a trabajar, caramba, y dejemos de jugar a los nombres. Déjemelos los tranquilitos.
