A pocos días de que finalicen las sesiones ordinarias del Congreso de la República, una vez más quedó en deuda con la realidad del país.
En estos momentos la opinión pública desconfía casi que en su totalidad de un artículo que le abriría las puertas a la censura, especialmente a los periodistas, y protegería aún más a los funcionarios públicos, quienes deberían responder ante la ciudadanía por sus labores, especialmente, quienes fueron elegidos por elección popular. Sin embargo, la plenaria de la Cámara -a las 11:30 p. m. de este lunes- le dijo “sí” a esa propuesta, con 73 votos a favor y 51 en contra.
“Triste el suicidio institucional que va a cometer una mayoría en la Cámara de Representantes, aprobando el mico que le da dientes a la censura en Colombia. La clase política tan rechazada en las encuestas blindándose del escrutinio público. Con Juan Fernando Reyes Kuri propusimos eliminar eso”, afirmó Gabriel Santos, del Centro Democrático.
Pero esa es solo la punta del iceberg. En el Legislativo andan corriendo buscando aprobar los proyectos que están todavía pendientes y que se pueden quedar por fuera por falta de discusión, y por eso las sesiones hasta altas horas de la noche. Aún no se ha confirmado si el presidente Iván Duque llamará a extras unos días más.
La lista de iniciativas que podrían naufragar es larga, pero hay varias que tienen prioridad, especialmente para el Gobierno nacional. Una de ellas es el Estatuto Disciplinario Policial, un articulado que establece duras sanciones para uniformados que cometan abusos. Importa especialmente luego del paro de este año ya que fue uno de los principales reclamos de los manifestantes, esos sectores no le han querido reconocer esa gestión al presidente Iván Duque.

El Congreso no ha sido capaz de reformarse. A pesar de todas las denuncias y exigencias que ha hecho Gabriel Santos, aún no se ha aprobado su proyecto para reducir en un mes las ‘vacaciones’ de los congresistas. La iniciativa está a la espera del último debate, y si en estos días que quedan de sesiones no se da ese trámite se hundirá una vez más.
A todo eso se le suma que el Congreso volvió a sesionar de forma virtual, luego de que el congresista Fabian Díaz de la Alianza Verde diera positivo para covid-19. Con el riesgo de la variante ómicron la mesa directiva de la Cámara de Representantes tomó la decisión de volver en conjunto a la plataforma Zoom y sesionar desde la casa o cualquier otro lugar. Así se cumplen prácticamente dos años desde que el Legislativo acudió a este método y el Capitolio no volvió a ser como antes.
Las sesiones virtuales han dado para todo, especialmente para escuchar conversaciones privadas o ver a los congresistas en otros ambientes que antes quedaban en el ámbito privado. Muchos dejaron las corbatas y quedarán para el recuerdo algunos hechos como los madrazos entre ellos, como sucedió con Angélica Lozano a Gustavo Bolívar, o Jorge Enrique Robledo a los hermanos Galán, recientemente.
El problema de fondo es que el Congreso nunca logró adaptarse a la pandemia y en últimas quedó la sensación de un parlamento ausente, siendo prácticamente una de las pocas instituciones que no ha logrado adaptarse a esa transición.
“Legislan de espaldas a la ciudadanía, desconectado completamente de la realidad global y colombiana. Me parece increíble que no sean capaces de interpretar el malestar ciudadano”, le dijo a SEMANA Mauricio Toro, de la Alianza Verde.
En deuda quedaron también los presidentes de ambas corporaciones luego de la gestión loable que tuvieron quienes los antecedieron. Por un lado, Jennifer Arias enfrenta tal vez el mayor escándalo en su carrera profesional por el caso del supuesto plagio en su tesis de maestría en la Universidad Externado, que ya emitió su concepto diciendo que, según sus investigaciones, el hecho sí sucedió. Por el otro lado, Juan Diego Gómez no ha tenido un papel protagónico, aunque en la última semana su ausencia se ha debido a quebrantos de salud.
Las grandes reformas también se quedaron en el tintero. Se sacó adelante la reforma tributaria luego de la polémica que se generó con el proyecto inicial y tal vez este sería el logro más destacable del Gobierno en el Legislativo, especialmente luego de que los empresarios decidieran ceder con el fin de recoger los recursos de la nación y no afectar los bolsillos de la gente de a pie. Y no dejó de ser polémica la derogación de la Ley de garantías a la que el Gobierno y el Congreso le dieron luz verde, pero con la que no estuvieron de acuerdo algunas instancias judiciales.

La reforma política, judicial, pensional, entre otras, de nuevo quedarán para el próximo cuatrienio, esperando que los congresistas que resulten elegidos en marzo puedan sacar esas grandes deudas que tiene todavía el Congreso con el país, que en ocasiones parece desconectado de la realidad social que se vive.
La desfavorabilidad del Congreso sigue siendo muy alta y en todas las encuestas el parlamento colombiano es una de las instituciones con menos reconocimiento en sus labores por los colombianos, que además siguen viendo con recelo los 34′417.000 de pesos que devengan y que muy probablemente subirá el próximo año.
Quedan días decisivos para el Legislativo, pero ninguna de las reformas que se están discutiendo son tan fundamentales como para cambiar esa percepción a última hora. Contrariamente, lo que sale a la luz son ‘micos’ que quieren meter en los proyectos a última hora y a altas horas de la noche, a vísperas de las celebraciones de Navidad cuando la mayoría de los colombianos se desconecta de la realidad del país.
Y es que finalmente los parlamentarios ya están en otra tónica, vienen las elecciones y varios de ellos buscarán saltar a la cámara alta o repetir curul, otros están adheridos a campañas presidenciales a las que tienen que sumar y por eso las prioridades hoy son otras.
