El desastre por el terremoto en Chocó no tiene precedentes. Fueron más de 2.600 casas destruidas, más de 19.000 personas damnificadas, 13 fallecidos y 29 municipios sacudidos por la naturaleza.

La tierra se abrió en dos, como si se tratara de un evento apocalíptico. Así se vivió el terremoto del pasado lunes en las veredas aledañas a San José del Palmar, Chocó, municipio que fue el epicentro de la sacudida que hoy se traduce en tragedia.

Las imágenes de algunos pobladores captadas con sus celulares muestran una gigantesca grieta que atravesó sus fincas. El poderoso movimiento de tierra debilitó muros, columnas y vigas de las viviendas de los campesinos; muchas no aguantaron y cayeron.

El sismo, según las víctimas, parecía eterno. Los animales salieron espantados a la zona montañosa y la tierra comenzó a crujir. Las aguas de los ríos se agitaron de lado a lado y rocas comenzaron a rodar, amenazando con destruir todo lo que se atravesara en su camino.
Así fue el relato que dio a SEMANA Harrison Mosquera, un habitante de la vereda La Guayacana, zona rural de San José del Palmar. Este joven entregó las pruebas de lo que contaba. Con su celular documentó la tierra fracturada, las gigantescas grietas en su casa, las placas de cemento quebradas y cómo algunos muros se convirtieron en escombros.

“El río comenzó a burbujear como si fueran pequeños volcanes; los animales en un momento desaparecieron; se escuchaba como si fuera a salir un tren debajo de la tierra. Los árboles bailaban de lado a lado y las montañas quedaron secas como si llevaran mucho tiempo en verano. Yo pensé que era el fin del mundo”, relató Mosquera.
En el casco urbano de San José del Palmar, epicentro del terremoto, los daños no fueron tan evidentes. No hubo muertos, aunque 441 viviendas presentaron hundimientos, quedaron sin techos o con grietas; otras 40 están destruidas.

La tragedia por el terremoto del pasado lunes 10 de agosto también convirtió a Quibdó en la zona más golpeada del Chocó. Las imágenes son escalofriantes.
El cimbronazo en San José de Palmar se hizo terremoto en el resto del país. Al menos 29 de los 32 departamentos vivieron imágenes similares y la capital del Chocó terminó con 1.200 viviendas afectadas y 72 destruidas por completo. Son cientos de familias que quedaron en la calle por los minutos que la tierra usó para acomodarse.

Hoteles, colegios, casas, apartamentos, locales, vías y centros turísticos; buena parte de la economía chocoana quedó en ruinas. El desplome de las edificaciones causó la muerte de 13 personas y más de 309 heridos que llegaron al Hospital de San Francisco de Asís, que, pese a que terminó colapsado por los daños, no detuvo la prestación de sus servicios. “Fracturas de cadera, politraumatismo, fracturas de pelvis, trauma cerrado de abdomen y tórax” fueron las heridas por las que principalmente se atendieron a los damnificados del terremoto, según la coordinadora de urgencias del Hospital San Francisco de Asís, Yuri Mena.
Se estremeció todo
En Quibdó, por donde se camine, las edificaciones tienen huellas del sismo. En el mejor de los casos, son pequeñas grietas marcadas en las paredes.

El terremoto afectó a todos; el dolor es general. Una triste historia se escribió con Mateo Valencia, de 6 años de edad, hijo del alcalde de Bahía Solano, Jairson Valencia. El pequeño quedó atrapado debajo de toneladas de concreto en uno de los edificios que colapsó en el barrio Medrano, de Quibdó.
Al caminar por ese sitio se puede ver la devastación. Escombros, piedras, fragmentos de concreto, varillas metálicas que se zafaron de las estructuras y quedaron apuntando al cielo, láminas de zinc, muebles destrozados, ropa esparcida y paredes en el piso que cayeron como castillo de naipes; las mismas que segundos antes eran la vivienda por donde corría Mateo.
“Se quedaron encerrados. La reja se trabó, no pudieron salir y se vino todo el edificio”, le contó a SEMANA Sol Rentería, profesora de Quibdó y amiga personal de la familia del alcalde Valencia.

La tragedia dio un duro coletazo a los más necesitados. Lo material se recupera, dicen, pero costó años de trabajo levantarlo. Emilse Moreno Mena es madre de dos niños con discapacidad, no sabe cuál va a ser su futuro; su vivienda quedó inservible.
Los hijos de Emilse, Denilson, de 11 años, y Danilson, de 17, sufren de huesos de cristal, una compleja enfermedad que les impide desarrollarse con normalidad y provoca malformaciones. Tienen que arrastrarse por el suelo.

La casa de Emilse estaba ubicada en un sector deprimido de Quibdó, pero el terremoto los desalojó. La vivienda era humilde, levantada casi con sus propias manos, sin sismorresistencia, puro esfuerzo, fe y voluntad, pero quedó inhabitable. Las columnas están fisuradas y amenazan cada minuto con caerse.
Emilse se sumó a las 41.287 personas afectadas y más de 10.900 familias damnificadas. Su casa también se incluyó en el inventario de 2.647 viviendas destruidas en Chocó.
El drama de Emilse, de la profesora Rentería y del alcalde Valencia se repite en Istmina, Condoto, Sipí, La Unión Panamericana, Nóvita, Las Ánimas y otros más de 20 municipios del departamento.

Las regiones apartadas que no han podido ser escuchadas por los problemas de conectividad y de comunicaciones buscan la forma de enviar un SOS al país. Hay quienes lo perdieron todo y aún se desconocen, como lo reconoció la gobernadora del Chocó, Nubia Carolina Córdoba. “Tenemos números con subregistros porque muchos de nuestros municipios están afectados; es un departamento de más de 47.000 kilómetros”, indicó la mandataria.

Las calles de los barrios más afectados de Quibdó se han convertido en puntos de encuentro alrededor de ollas comunitarias, donde se preparan alimentos para quienes lo perdieron todo. Bajo un sol intenso, muchas personas buscan entre los escombros enseres que puedan recuperar y, en los casos más dolorosos, a sus familiares.
Aunque en Chocó ya no se buscan desaparecidos; esa fase ya fue cerrada, ahora viene la reconstrucción. Pero mientras eso ocurre, el drama aumenta para quienes se quedaron sin techo. No tienen luz, ni baño; deben hacer interminables filas para acceder a un mercado o una colchoneta para no dormir en andenes.

No hay clases en colegios ni universidades. Ese es el otro drama del Chocó. La mayoría de las instituciones educativas sufrieron daños graves. El colegio principal, el Carrasquilla, quedó afectado en el 80 por ciento, no podrá recibir estudiantes y sería demolido.
Los profesores advierten que, por ahora, es imposible retomar las clases, incluso de manera virtual, debido a la falta de conectividad. Muchos estudiantes se quedaron sin vivienda y el temor a un nuevo terremoto ha profundizado la afectación emocional, manteniendo en shock a buena parte de la población chocoana.
“Tenemos aproximadamente 40 aulas destruidas. No hay posibilidad de retorno en los próximos meses”, dijo a SEMANA Elvis Córdoba, rector del colegio Integrado Carrasquilla Industrial.
El Chocó forma parte de la tragedia nacional que dejó más de 280 muertos, casi 4.000 heridos y un número en aumento de edificaciones averiadas o destruidas, un panorama que quedará para siempre en la historia del país.
