1. ¿Qué sucedió, en términos geológicos, en el terremoto de este lunes a las 7:34 a. m. en Colombia?
Julio Fierro: Primero hay que decir que el planeta tiene una corteza sólida. Pero esa corteza sólida está hecha de partes, de pedazos, y esos pedazos se mueven unos con respecto a otros. Dos de esos grandes pedazos son la placa tectónica Sudamericana y un pedazos de la gran placa del Pacífico, que es la placa de Nazca. Esa placa de Nazca se mete por debajo de la placa Sudamericana en un proceso que se llama subducción.

En ese proceso, si solo frotándose las manos esa fricción implica liberación de energía y por eso sentimos calor, pues cuando lo que hay es un choque de dos pedazos de corteza planetaria, la liberación de energía en relación con esas fricciones en ese choque de placas es bastante grande.

Lo que sucedió —y eso lo decimos particularmente por la profundidad— es que hubo un rompimiento dentro de la placa que se está metiendo por debajo de la Sudamericana, dentro de la placa de Nazca. Ese rompimiento generó la liberación de energía que ocasionó el sismo de magnitud 7.4 el lunes a las 7:34 a. m.
2. ¿Cuál es la diferencia entre este terremoto y el que vivimos en 1999 en el Eje Cafetero?
Julio Fierro: El sismo del 25 de enero de 1999 tuvo una magnitud de 6,1; es decir, fue más más suave. Sin embargo, en Armenia hubo una destrucción grandísima, pero fue muy localizada. ¿Por qué? Porque la profundidad del sismo de Armenia fue muy superficial: tenía una profundidad cercana a los 10 km, a diferencia del sismo del lunes, que tuvo una profundidad cercana a los 100 km.
Piensen en una linterna en la noche que ustedes acercan mucho a una pared: el haz de luz que se ve es muy reducido, pero es muy intenso. Si la linterna se aleja, el haz de luz es mucho más grande y proyectado sobre la pared, pero esa luz es más débil, no es tan intensa. Es exactamente igual cuando pensamos en la profundidad de un sismo y su afectación en superficie.
3. ¿Por qué la extensión del daño que produjo el sismo de este lunes fue tan grande?
Julio Fierro: Si el sismo está cerca de la superficie, vamos a tener un daño muy grande pero muy localizado en un radio relativamente pequeño. Cuando tenemos un sismo de una profundidad de 100 km, se va a sentir menos fuerte que si fuera somero, pero en una distribución geográfica mucho más grande.

Cali, que se ubica cerca de a 180 km del sismo de San José del Palmar, desde el 10 de agosto sufrió daños fuertes. Hubo una onda sísmica que llegó hasta allí, pero persisten dudas de por qué un sismo a 100 km de profundidad y a 180 km en línea recta a Cali genera una destrucción considerable de edificaciones.
4. En Armenia, una ciudad muy cerca a Pereira, no hubo daños igual de graves. ¿Cuál es la explicación?
Ahí empezamos a pasar al tema de qué pasó con las edificaciones. En Armenia, luego de semejante tragedia (más de 1.100 personas que murieron), lo que sucede es que se comienza a consolidar una memoria de vivir en un lugar sísmicamente activo. La respuesta inicial a esa realidad que no podemos evitar —no podemos evitar los sismos, no los podemos predecir, no sabemos cuándo van a suceder— es que el primer paso para afrontarla es construir de una manera adecuada: es lo que llamamos sismorresistencia. Pero no es solamente un tema de que las edificaciones resistan (que por supuesto es un tema primordial); también se trata de la cultura ante el evento, y en eso tenemos que avanzar mucho.
Armenia —que se ubica a una distancia muy similar a la de Manizales, cerca de 85 km del lugar de procedencia del sismo del lunes— lo que pasó fue mucho menos grave que lo que pasó en Manizales y en Pereira. Esto no solamente tiene que ver con las edificaciones, sino también con los efectos locales: cómo son los suelos y cómo son las rocas. Tendremos que tomar nota de lo que sucedió, por qué fallaron o no las estructuras, y sobre esas experiencias y ese aprendizaje tan doloroso de cada sismo, modificar las normas que sean necesarias.
5. Muchas personas dicen que este es el terremoto más largo que han sentido en su vida. ¿Cuánto duró realmente?
Julio Fierro: Hay dos cosas. La rotura que se dio sobre la placa o sobre la corteza y que generó el sismo tuvo que ser relativamente larga; es decir, puede aproximarse a un minuto.
En la profundidad, que fue a 103 kilómetros, hay una duración, pero cómo se siente afuera depende de una gran cantidad de variables. En esa gran cantidad de variables están los tipos de material (las rocas vibran diferente que los suelos) y los tipos de edificación (puede ser que un edificio alto entre en frecuencia con la vibración, o que sea una casa bajita la que entre en frecuencia). Siempre que haya resonancia o frecuencia, puede haber más tiempo de percepción.

También influye la edificación en la que estemos. Las edificaciones tienen un periodo de vibración natural: las edificaciones altas vibran de una manera muy diferente a las edificaciones bajas. Se trata de unos “coros de la naturaleza”, de estas vibraciones naturales; si entran todos en resonancia, las cosas se pueden sentir mucho más largas y más fuertes. Hay bastante complejidad en el tema de la percepción de los sentidos.

Cualquier persona puede haber visto también que hay personas más sensibles que otras, así que existen sensibilidades personales: hay quienes comienzan a sentir el sismo mucho antes que otras. Lo que quiero decir es que hay demasiadas variables, unas objetivas y otras subjetivas, en términos de la percepción de la duración de un sismo.
6. En Bogotá no existieron efectos graves, pero el terremoto se sintió durísimo. ¿Eso tiene alguna explicación?
Julio Fierro: El cómo se siente va a depender de si hay efectos locales. Ese efecto local es importante en Bogotá, porque los que vivimos en la zona plana de Bogotá estamos viviendo en el fondo de un antiguo lago. La Sabana de Bogotá, en la parte plana, es una especie de sopa muy espesa de arcillas que se depositaron en el fondo de una antigua laguna. Así que hay un efecto que los técnicos llaman “efecto cuenca”, pero que podemos ilustrar como un tanque o una tina llena de agua: uno golpea la tina y esta vibra un poquito y luego ya no vibra más, pero el agua que está contenida en la tina dura vibrando mucho más y la onda es mucho más grande. No vemos vibrar la parte sólida de la tina, pero sí vemos vibrar el agua.

Aquí en la parte plana de Bogotá sucede eso. Los tiempos de vibración de los materiales que conforman la parte plana pueden ser muchísimo mayores que los de las rocas que rodean la Sabana o las rocas de la zona del epicentro sísmico. Entonces, hay algo que tiene que ver con los materiales por donde la onda sísmica viaja, que pueden amplificarla y hacerla más larga en el tiempo, más fuerte y más grande.
7. ¿Cómo se puede preparar un colombiano para un terremoto?
Julio Fierro: Insisto. No podemos evitar los sismos, no los podemos predecir, no sabemos cuándo van a suceder. Pero la cultura de sismoresistencia es esencial. Por ejemplo, en Bogotá hemos tenido sustos, aunque desde 1966 no hay viviendas que colapsen y desde 1917 no tenemos un sismo que genere una afectación grande a nivel general de toda la ciudad; son más de 100 años.

Pero si pensamos en cómo nos comportamos en Bogotá cuando hay ejercicios de simulacro de evacuación, no solemos llevar a cabo ese simulacro con la rigurosidad que se requiere. Respecto a las acciones personales: ¿qué tanto conocemos la sismorresistencia del lugar donde vivimos?, ¿tenemos agua guardada en un lugar para estar preparados si llega a haber un desastre, una linterna, un pito? Ese tipo de cosas también son sismorresistencia, una sismorresistencia más cultural. En eso tenemos que avanzar mucho.
8. ¿Está relacionado este sismo con el de Venezuela?
Julio Fierro: Lo primero que debo decir es que son interacciones de placas tectónicas diferentes. En Venezuela lo que sucedió fue un sismo muy somero, de menos de 10 km o 12 km de profundidad. Si comparamos con los 100 km de San José del Palmar, hay un orden de magnitud diferente (un cero más: cerca de 10 km contra cerca de 100 km).
Allí hubo una especie de acople, dos sismos muy seguidos: uno de magnitud 7,2 y uno de 7,5. Fueron eventos que liberaron una energía similar a la que tuvimos en San José del Palmar, pero con la diferencia en la profundidad.

No podemos hacer comparaciones directas. Vemos comparaciones muy ligeras de que en Colombia la atención fue mucho más rápida y que tenemos un país más preparado, y eso puede ser cierto, pero no son sismos comparables.
Tener un sismo de magnitud 7,4 como el de San José del Palmar con una profundidad menor a 15 km habría generado daños mucho más fuertes, pero en una zona mucho más localizada. Si en Armenia con una magnitud de 6,1 y una profundidad muy pequeña de cerca de 10 km hubo esa destrucción, un sismo de la magnitud del de este lunes con una profundidad cercana a la superficie (menos de 15 km) que ocurra muy cerca de una ciudad grande o de una zona densamente poblada permitiría una comparación directa. Afortunadamente, la profundidad de 100 km hizo que mucha de la energía se atenuara en el viaje de las ondas por el subsuelo hasta llegar a la superficie.
Ahora, sobre si hay relación entre un sismo y el otro: la respuesta es no.
9. ¿Qué pasó en el terremoto de Venezuela?
Julio Fierro: Aquí lo que hubo fue la interacción de la placa de Nazca con la placa Sudamericana (la placa de Nazca metiéndose por debajo, subduciéndose). En el caso de la placa del Caribe contra la placa Sudamericana, esa placa no se está hundiendo, hay más bien un choque de placas con unas dinámicas particulares. Son choques de placas distintas, así que no hay una relación entre los dos sismos.

10. ¿Por qué en el Eje Cafetero y Cali los sismos son más recurrentes?
Julio Fierro: Sobre la zona de San José del Palmar, hay que decir que toda la zona del norte del Valle del Cauca, del suroriente del Chocó y de Risaralda tiene una actividad de sismicidad relativamente frecuente. A menos de 50 km a la redonda hemos tenido un sismo en 1962 de magnitud 6,5 y en 1979 uno parecido de magnitud 7,2. Tenemos una dinámica de sismicidad recurrente para esta zona.
Hay otros sismos más cercanos a Cali hacia el sur que tienen magnitudes importantes. En 1995, a menos de 60 km de Cali hubo uno de 6,4 que causó grandes daños en la ciudad. En 1925 hubo un sismo catalogado de magnitud 6,1. En 1957, a menos de 30 km de Cali hacia el Pacífico, hubo otro sismo de 6,1.

Esto demuestra que toda esta zona tiene una recurrencia de sismicidad. Esto no es para alarmar, sino para ayudar a entender a las comunidades de Manizales, Pereira, Armenia y Cali que están en una zona sísmicamente activa, lo cual indica que hay que construir bastante bien para evitar tragedias.
Termino esta parte diciendo que tenemos países latinoamericanos como México y Chile en donde las magnitudes de los sismos suelen ser más fuertes que las nuestras, y ellos ya tienen muy interiorizado en su institucionalidad, en sus códigos de construcción y en la ética de los constructores que viven en lugares sísmicamente activos. Ellos nos dan el ejemplo de que culturalmente sí podemos adaptarnos a vivir en un entorno sísmicamente activo.
11. ¿Cómo se sabe que uno vive en un lugar construido adecuadamente para un sismo?
Julio Fierro: Voy a dar unas claves, pero estas claves siempre tienen aristas y complejidades. Una es la edad de la edificación. El primer código sismorresistente de aplicación para todo el país fue en 1984, un aprendizaje tras el sismo de Popayán en la Semana Santa de 1983. Es más probable tener una construcción con criterios de sismorresistencia si es posterior a 1984. Sin embargo, por encima de 1984 puede haber edificios mal construidos, y anteriores a 1984 puede haber edificios bien construidos. Pero la edad es una primera clave.
No necesariamente el hecho de que sean anteriores a 1984 significa que estén mal hechas. Pero uno esperaría que si hay una norma de construcción sismorresistente desde 1984 que ha sido modificada (en 1998, 2010...), y si el edificio se hizo cumpliendo con esas normas, pues va a tener los criterios de sismorresistencia. Es un criterio, pero no necesariamente el único.
