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Tik Tak: ¿Usted también, ingeniero?

Con el paso de las horas, se confirma que más de 10 millones de votantes se están quedando huérfanos. Hasta Rodolfo Hernández, que fue el que los obtuvo, anda de abrazo, celebrando el cambio con el presidente electo. Escuche a María Isabel Rueda.


A las 7:00 a. m. de la mañana suena el segundo Tik Tak de este miércoles 29 de junio en SEMANA y suena por los lados del abrazo que ayer se dieron, sorpresivamente, el ingeniero Rodolfo Hernández y el presidente electo Gustavo Petro.

Y queda uno preguntándose si es por eso que la gente no cree en los políticos, porque durante toda esta campaña hubo oposición que parecía real contra Gustavo Petro. Porque su visión del país era inadecuada para Colombia, o porque su gobierno no era confiable, o porque su entorno es tremendamente desconfiable, o porque a algunos les parecía peligrosa su concepción de las reformas tributarias e inconveniente su visión de un gobierno benefactor, incoherente su política energética y muchas reservas más.

Ahora vamos en que prácticamente Petro tendrá un gobierno sin oposición, porque por distintas razones, entre ellas la repartija burocrática, ahora todos sus antiguos adversarios terminaron de íntimos del presidente electo y hasta de parte de su gobierno.

Pero el caso más curioso es el de quien terminó siendo su rival finalista: el ingeniero Rodolfo Hernández. El asunto, que va más allá del simple y amistoso abrazo, es que puede enviar un mensaje conveniente para el país de no odios, no insultos y no venganzas. Hasta ahí todo está bien. Pero que el ingeniero fue depositario de más de 10 millones de votos es una realidad. Más de 10 millones de votos que en muy alta proporción no se dieron propiamente por simpatía y confianza a sus propuestas, ni por confianza plena en su capacidad de gobernante, sino que fueron votos contra Gustavo Petro.

Por eso resulta realmente incomprensible que como ñapa del abrazo del ingeniero con el presidente electo, pues Rodolfo trinara “comenzó el cambio”. Pero no el que le alcanzamos a escuchar al ingeniero que él defendía: no robos, no clientelismo, no puesterismo, no complicidades políticas, no vieja política. Pues no, ahora el ingeniero no tiene planes para ejercer la oposición, ningún plan, dejando aparentemente en orfandad a 10 millones de colombianos que, ya con la victoria de Gustavo Petro, por lo menos deberían tener confianza de que habrá quien haga oposición al nuevo gobierno.

Oposición no implica rencor, animadversión, ni repulsión, ni encono, ni zaña, ni enemistad. No, oposición significa ser coherente con las diferencias de pensamiento y constructivo a la hora de afinar las políticas de gobierno.

Pero nada más conveniente para la democracia que eso de que exista oposición y no unanimismo. Que esta se ejerza responsable e inteligentemente, pero que exista el disenso y además que este se respete del lado y lado, no solo por parte del que la ejerce, sino por parte del que se la hacen.

Por lo menos, en apariencia, ayer no le vimos al ingeniero absolutamente nada en esa dirección. Pero si deja abiertas unas preguntas: la primera, ¿será que realmente si tenía intención de ser presidente? Porque la forma como se escondió en varias etapas de la campaña, sin meterle un solo peso a su publicidad en la última semana, lo cual lo hizo aún más ausente, ¿más bien no indica acaso que el ingeniero no tenía auténticamente ninguna intención de ganar las elecciones? Queda abierta la pregunta.