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“Tuve una vida triste”: Yeison Jiménez habla del infierno que vivió y cómo se salvó. Le lanza una dura advertencia al presidente Petro

Yeison Jiménez abrió su corazón. En diálogo con Vicky Dávila y Jairo Lozano, cuenta las desgarradoras historias de su pasado, la violencia en la que creció y la pobreza que enfrentó. Y cómo gracias a la fe y al trabajo hoy tiene un imperio empresarial y es el más exitoso en su género musical. 

Vicky Dávila: Siempre estamos hablando de política, de judiciales, pero esta vez hablamos con un invitado diferente, Yeison Jiménez. Déjeme empezar por preguntarle, ¿estoy en lo correcto si digo que usted es el cantante de música popular más importante hoy?

YEISON JIMÉNEZ: Yeison Jiménez es el producto musical del género popular más sólido que hay hasta el momento. Soy el que más trabaja y también es cierto que soy el producto más costoso del mercado. No caro, sino costoso. He venido haciendo un proceso muy largo.

V.D.: Yeison, ¿cómo se hace una carrera? Usted tiene solo 31 años y tiene ya un emporio empresarial.

Y.J.: A nivel artístico, me he dedicado a hacer lo que a mí me gusta. La gente no tiene máscaras con Yeison y la gente sabe qué se va a encontrar cuando va a un concierto mío. Sabe que soy un hombre que me gusta el aguardiente, que hablo como soy y que no tengo fachadas. Yo me crie en una cantina, mi mamá tenía un bar. Apenas hace un año los terminó porque ya me cansé de rogarle. Le dije, madre, ya no más, o sea, toda la vida con bares… Eso me lleva a tener un oído muy comercial. Siempre he tenido éxitos. Nadie sabe cuál es la fórmula para hacer un éxito. Uno trata de acercarse a esas historias que le gustan a la gente. Pero realmente quien pone la magia es Dios y el pueblo.

Jairo Lozano: ¿Verdad que comenzó trabajando en una plaza de mercado?

Y.J.: Yo siento que viví dos vidas. Tuve una vida peligrosa cuando joven. Y entré a Corabastos con 13 años a llevar unas arepas. Había acabado de llegar a Bogotá de Manzanares (Caldas) y llevando esas arepas me quedé cinco años y medio. Todos los días de tres de la mañana a once de la mañana y estudiaba en la tarde. Vengo de una familia que no tenía televisor ni nevera, menos casa propia. Realmente, salí de abajo.

V.D.: Cuénteme la historia de las arepas...

Y.J.: En la casa donde vivíamos había una señora que también era paisa y vendía arepas, el hijo trabajaba vendiendo aguacates y el jefe del hijo le pidió unas arepas a la mamá. La señora me pidió que las llevara. El señor me dijo que si quería organizar unos costales y ahí comenzó toda mi carrera como aguacatero. Después empecé a cargar y a lo último terminé de jefe de puesto. Yo era cotero, no dueño del puesto como han dicho.

V.D.: ¿Y cómo vendía?

Y.J.: Siempre he sido buen vendedor. He vendido papa criolla, aguacate, arepas, dulces, cosas malas… de todo. Siempre me gustó mantener platica. Yo decía: “No quiero morir pobre, no quiero morirme en una plaza”. No porque no sea digno, sino porque la vida es muy bonita y vale la pena luchar por cosas mejores.

V.D.: A mí me conmueve mucho su historia porque también recuerdo cuando yo era niña. Yo también vendía cosas y le tocaba a uno en el pueblo ayudar a la mamá, al papá.

Y.J.: Yo pienso que valen la pena esos procesos. Anoche le dije a mi esposa: “Qué locura uno poder decir vamos a comer lo que se nos dé la gana y poderlo hacer todos los días”. Yo soñé tanto con eso… Vicky, este era mi sueño. Yo quiero comerme lo que yo quiera cuando yo quiera.

J.L.: Usted nunca soñó, entonces, con el supercarro o la supercasa.

Y.J.: Nunca soñé con un carro porque nunca tuve ni siquiera una bicicleta. De hecho, cuando niño me prometieron muchas bicicletas y nunca me las dieron, y cantando me gané cinco. Pero mi mamá quedó en embarazo de un señor que nos llevó a vivir de Manizales a Bogotá. Y vendieron las bicicletas para pagar el trasteo y unas deudas. He tenido ya varios, pero no por opulencia, es porque yo nunca había pensado tener un berraco carro.

J.L.: ¿Cómo comenzó este sueño de ser cantante? ¿En las cantinas?

Y.J.: Todo comienza cuando a los 4 años, en el prekínder, me la pasaba cantando corridos prohibidos. Una vez me sacaron del salón porque la profesora me escuchó cantando “cuando me muera levanten una cruz de marihuana…”.

V.D.: Nos quedamos con una imagen suya con el Rey del Despecho. La muerte fue muy sorpresiva y quedó como que el destino los puso a los dos en este encuentro. ¿Cómo fue eso?

Y.J.: Lo primero es que no me gustó el regalo de cumpleaños. Porque preciso, Vicky, cuando me senté en mi fiesta sorpresa, abro el Instagram y dice murió el Rey del Despecho. Él era la persona que inventó lo que yo hago, con lo que yo vivo, con lo que cambié mi vida y el rumbo a mi familia. Entonces, yo lo amo. Ese día del video cantamos juntos en Medellín. Apenas me vio, me abrazó y me dijo: “Yeison, yo te amo culicagado. Tú eres mi legado”. Y eso quedó grabado.

   En su conversación con SEMANA, el cantante narró que había consumido drogas, robado y estado en casa por cárcel. “La música me salvó”, dijo.
En su conversación con SEMANA, el cantante narró que había consumido drogas, robado y estado en casa por cárcel. “La música me salvó”, dijo.

J.L.: ¿A usted le gusta el reguetón?

Y.J.: Me gusta y escucho poquito. Escucho mucho más rap, pop, pues, pero el reguetón es una música que hoy en día se hace más para el cuerpo que para el alma… Yo tengo dos hijas y me da duro escucharlas cantar algunas canciones. Eso para serles muy sincero. Creo que está desbordado el vocabulario.

V.D.: ¿Cuántos años tienen sus niñas?

Y.J.: Mis hijas tienen 10 añitos la mayor y cuatro años y medio la menor. Cuando conocí a mi esposa, la bebé tenía un añito. Hoy, ella es mi hija mayor. La crie con todo el amor. Es mi hija ciento por ciento y es una mujer que me adora y ella sabe que yo también la amo. Yo tuve seis padrastros, así que yo sé que es ser un padrastro y qué es ser un papá. Nunca en mi vida ha existido un grito, un golpe. Las trato por igual y me aman por igual.

V.D.: ¿Y es que sus padrastros se portaban mal?

Y.J.: Yo tuve todos los tipos de padrastros: borrachos, morbosos, cochinos, el que no hace nada… Mi mamá quedó soltera con 32 años y, pues, a los 32 uno intenta rehacer su vida amorosa. Se sufrió mucho. Yo era un chico muy problemático. Después de los 17 años, ninguno se metía conmigo porque llevaban. Pero tengo dos hermanas con las que sí. Algunas veces hubo cosas que no me gustaron. Son temas pesados, muy pesados.

V.D.: Claro, le tocó vivir una situación muy dura. ¿Y la mamá que hacía?

Y.J.: Mi familia fue muy... ¿Cómo se dice, esas familias que son medio locas? Disfuncionales. Ha sido gente campesina que ha tenido éxito y que ha perdido el éxito que han tenido y que han despilfarrado el dinero. Mi padre tuvo dinero cuando yo era joven. Era de una muy buena familia de mi pueblo. Era cafetero, tenía varios Willis. Se acabó todo y resultó recogiendo chatarra en la galería de Manizales. Todo cambió de mis 8 a mis 12 años, de playa alta a playa baja. Mi mamá siempre ha sido una mujer extremadamente trabajadora, pero todos nos entregamos al licor, todos éramos borrachos, mi hermana, mi mamá, yo... Empecé a fumar a los 14 años, a tomar a los 19 años. Yo era el borracho chévere porque siempre mantenía plata. Además de que trabajaba, también robaba, entonces tenía dinero.

J.L.: ¿Cómo así que robaba, Yeison?

Y.J.: Yo llegaba a mi casa y mi mamá debía tres meses de arriendo. Yo entiendo a muchos jóvenes, yo decía: “No, no tengo por qué mamarme esto...”. Anduve con jóvenes que todos están muertos. No era el típico loco que salía a robar porque simplemente robaba, sino decía: “Bueno, hoy voy a traer unos pollitos asados para la casa, me voy a tomar mis tragos, quiero comprarme un cubrelecho”. Y montaba una película de que lo iba a conseguir como fuera y ya. Vivía en el barrio más peligroso de Bogotá y en la esquina más peligrosa.

V.D.: ¿Dónde?

Y.J.: En la avenida Ciudad de Cali con calle 38. Eso es La Virgen, está en toda las esquina de Corabastos. Todos los días había muertos, robos, licor, cosas malas. Tengo amigos que tiraron las esposas o las novias de un cuarto piso y las mataron. Unas amigas de mi hermana que aparecieron descuartizadas en la biblioteca de El Tintal. Fue una vida muy pesada.

V.D.: ¿Pesada cómo?

Y.J.: Mi hermana tenía un novio muy problemático. Un día estábamos en mi cama, tomándonos unos guaros. Pasó un señor con una zorra de chatarra y se asomó por la ventana y me dice: “Basta, hijuetantas”. Entonces yo le dije: “No, cálmese, weón”. Él me contesta: “No, paisa, a mí me respetan”. Tendría ese pelado 17 años. Cargaba el revólver en el bolsillo de atrás, y sale de mi cuarto, baja las escaleras, abre la puerta... y le pega dos tiros en la esquina de mi casa. Entra, sube a mi cuarto y dice: “Uy, marica, lo mataron”, y yo: “Sí, lo mataron”. Él me decía: “Paisa, usted cante, porque si usted sigue por aquí, lo van a matar”. A él lo mataron a los 19 años. En ese momento yo tenía casa por cárcel, nunca he contado por qué.

V.D.: ¿Y puede contarlo ahora? Usted está abriendo su corazón.

Y.J.: No, tenía problemas y me estrellé y ya... Yo cometí errores en mi vida, Vicky. Lo que pasa es que hay cosas que uno para qué cuenta, porque la gente no va a entender.

Yeison Jiménez dice que tiene ganadería, agricultura, construcción, inmobiliaria, compraventa, una empresa en Estados Unidos, una marca de ópticas y venta de miel. - Foto: afp

V.D.: ¿Era menor de edad?

Y.J.: Sí, era menor de edad. Eso fue el 9 de junio de 2008.

V.D.: Usted alcanzó a estar en un hoyo profundo.

Y.J.: Vicky, yo alcancé a estar metido, muy metido. Sentía rabia y esa rabia me permitía hacer muchas cosas. Una vez llegué con una puñalada debajo del brazo y mi mamá nunca se enteró. Fue una vida muy triste. Fue una niñez que no quisiera repetir. De sobremesa, mi mamá alimentaba a reinsertados de la guerrilla, entonces mis mejores amigos eran exguerrilleros, y quienes pasaban conmigo los 24 a los 31 eran sicarios. Y siempre andaba armado.

J.L.: ¿Qué arma tenía, Yeison?

Y.J.: Tenía un revólver... Fue una vida curiosa. Pero en el colegio conocí a una peladita cristiana y me hablaba de Dios. Por echarle los perros a esa peladita empecé a ir a una iglesia cristiana y un día me estrellé contra el mundo y conocí a Dios, lo real que es. De hecho, yo hoy en día lo vivo. Es una cosa muy fuerte. Todo lo que le pido me llega. Cambié demasiado, dejé de fumar y tomar, dejé algunas drogas que consumía.

V.D.: ¿Qué consumía?

Y.J.: Solamente consumí una droga esporádicamente, pero durante mucho tiempo, cuatro o cinco años y ya.

V.D.: ¿Pero cuál era?

Y.J.: No me gusta como suena esa palabra... la coca. Es que la palabra es como pesada, ¿sabes?

V.D.: Lo que más me impacta es que usted ha tenido tres vidas. La vida chévere al lado de su papá, una vida que lo llevó a un hoyo profundo y luego una vida de salvación. ¿Cómo se salvó?

Y.J.: Yo siento que por la música. Resulta que llegué a los 19 años. Estaba mamado de todo. Le cogí pereza a todo eso. Entonces, solo iba a trabajar y volvía a mi casa. “Pero usted canta muy bien, usted canta muy bien”, me decían. Y pensé: “Lo voy a intentar y si no lo logro, me voy para el Ejército”. Y empezó ese proceso. Yo sacaba CD, afiches… Empecé de cero. En ese tiempo estaba Pipe Bueno muy fuerte, entonces yo decía: “Si ese pelado pudo, pues yo también puedo”. Después llega Rafael Muñoz, que fue mi mánager hasta el año pasado, 11 o 12 años duramos juntos. Me dice: “¿Tú dónde vives?”, yo le digo: “En Patio Bonito”. Nos vamos a tomar a mi casa. Nos bajamos del taxi y salen dos muchachos a robarnos. Él siempre cuenta esa historia: dice que él corría, se escondió en un carro y yo enfrentado con la correa y con la chaqueta contra un tipo con una navaja en la mano... Hoy tengo nueve empresas…

V.D.: ¿De qué son esas empresas?

Y.J.: Tengo ganadería, agricultura, construcción, inmobiliaria, compraventa, tengo una empresa en Estados Unidos, tengo una marca de ópticas, venta de miel.

V.D.: ¿Cuántos empleados tiene?

Y.J.: 120 empleados.

J.L.: ¿Qué piensa de este gobierno de Gustavo Petro? ¿Usted votó por él?

Y.J.: No puedo decir por quién voté. Soy un artista y los artistas son de la gente. Gustavo Petro es un hombre que demostró ser el más inteligente en toda la campaña, en todas las encuestas y en todos los debates. Se notaba que era un hombre extremadamente preparado. Hay muchas cosas en las que tiene absoluta razón. Yo, que genero trabajo y genero dinero, digo: la rotación del dinero debe cambiar. Todos sabemos que en Colombia los ricos no pagan impuestos ni las empresas grandes. Eso es real, es cierto. ¿Cuál es el problema de Gustavo Petro? Con quien se rodeó. ¿Cuál es el cambio de un presidente cuando mete a dos o tres personas a su gabinete que han venido con las mismas personas que vienen dañando al país? Ahí no hay cambio de nada. Por otro lado, pienso que debe ser claro. Yo tengo una palabra que es fea, no la voy a decir, pero dijo un amigo: “Lamba o no lamba, sale por ladrón”, ese es un dicho de Corabastos.

J.L.: ¿Qué quiere decir eso?

Y.J.: Gustavo Petro la tiene fácil. ¿Por qué la tiene fácil? Porque los Gobiernos anteriores venían haciendo casi nada, pero el enfoque que se le está dando al país, a los empresarios, no es el indicado. Tú no puedes generar pánico y tú no puedes creer que vas a generar una estabilidad económica así. Yo no sé qué vaya a pasar. No, no soy amigo de Petro, nunca he hablado con él. Creo que es un hombre que por algo es presidente, pero que, si no le pone un freno a todo lo que él sembró, él mismo va a tener problemas. ¿Por qué? Porque le van a empezar a exigir cosas insostenibles.

V.D.: O sea, incumplibles, quiere decir.

Y.J.: Sí. Por ejemplo, decir que se le iba a dar al adulto mayor un apoyo económico, que las madres en su casa van a ganar un sueldo. Eso es imposible, no lo puede lograr. No es porque sea Petro, es porque nuestra economía no da para eso. Pero, por ejemplo, lo de abrir la frontera con Venezuela, eso es muy necesario. Ahora, voy a decir algo: teníamos a Fico, que me parece un gran hombre, que tampoco es mi amigo. ¿Fico qué hizo? Cogió a los mismos de siempre y los puso de frente de él, facilito, solito se mató.

V.D.: Y Rodolfo...

Y.J.: Al ingeniero Rodolfo, que hasta hoy ha sido la persona más coherente con sus palabras, ahí lo veo con los debates que da en el Congreso y sigue siendo ese personaje disruptivo que quiere pelear por la injusticia. ¿Cuál es el problema de Rodolfo? Colombia, esto se llama Locombia. ¿Usted se imagina a ese señor montado en esta vaca loca? Duro.

V.D.: Yeison, prométame que luego hacemos una entrevista de economía y de política.

Y.J.: Claro, cuando quiera, porque aquí en nuestro país la batalla está dura. Esa es la palabra, para la gente, está dura. Yo no me meto en la vida de nadie, por eso no han visto escándalos de Yeison Jiménez. Soy un tipo parco, un tipo calmado. No me impresiona el dinero, no me impresiona la fama, no me llama la atención llamar la atención. Simplemente, canto y trabajo, y de vez en cuando me tomo unos guaros.

V.D.: ¡Hágame el favor! Que tenga muchas bendiciones, que siga teniendo muchos éxitos. Gracias por abrir el corazón hoy con SEMANA.