NACIÓN

Un enjambre de sismos, como el que vive Chaparral (Tolima), ya ocurrió en dos países: ¿cómo terminó?

El profesor Rodrigo León Loya, del Departamento de Geociencias de la Universidad de los Andes, explica la reciente actividad sísmica en el país (San José del Palmar, Istmina y Chaparral).

GoogleSiga las noticias que marcan la agenda del país en Discover y manténgase al día

Dr. Rodrigo Alejandro León Loya · Profesor Asistente - Universidad de los Andes
23 de septiembre de 2026 a las 10:41 a. m.
Bombay Beach (Estados Unidos), Chaparral (Colombia) e Iquique (Chile)
Bombay Beach (Estados Unidos), Chaparral (Colombia) e Iquique (Chile) Foto: Fotos de Getty y de la Gobernación del Tolima

Reporte preliminar

La información aquí contenida se basa en el boletín de la Red Sismológica Nacional de Colombia del Servicio Geológico Colombiano (SGC), con corte al 21 de septiembre de 2026 a las 23:38 UTC, y en comunicados del propio SGC, de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) y de la Alcaldía de Chaparral. Las tres secuencias descritas continuaban activas al cierre de este informe, de modo que todos los conteos deben leerse como valores mínimos y los parámetros hipocentrales son susceptibles de cambio en revisiones posteriores. Las cifras oficiales sobre la emergencia corresponden exclusivamente al SGC, a la UNGRD y a las autoridades locales; este documento no sustituye sus comunicados. Este reporte será actualizado conforme avance la actividad.

Hélver González, alcalde de Chaparral, explicó las medidas de prevención adoptadas ante la actividad sísmica registrada en el municipio.
Alerta naranja en Chaparral, Tolima, por más de 400 sismos: alcalde explica qué debe hacer la comunidad
Chaparral, Tolima, volvió a registrar un sismo durante la madrugada de este miércoles, en medio de la actividad sísmica que mantiene bajo monitoreo al sur del departamento.
Chaparral registra otro sismo durante la madrugada: ¿por qué está temblando tanto en Tolima?

Resumen

Colombia tiene hoy tres secuencias sísmicas activas de forma simultánea que están llamando la atención. Dos de ellas están en el Chocó y arrancaron el 10 de agosto de 2026 con el terremoto de magnitud 7.4 Mw de San José del Palmar. La tercera está en Chaparral, en el sur del Tolima, a casi 150 kilómetros de distancia, comenzó a finales de agosto y se disparó en número el fin de semana del 20 y 21 de septiembre.

La secuencia de réplicas del sismo del 10 de agosto suma 148 eventos reportados por el Servicio Geológico Colombiano y se está apagando, siguiendo el comportamiento que se espera de una secuencia de réplicas, es decir, una alta tasa de sismicidad en los primeros días y una caída progresiva. El enjambre de Istmina, en cambio, lleva más de 1200 eventos y no ha decaído en seis semanas; esta secuencia comenzó 38 minutos después del sismo principal y a unos 74 kilómetros de su epicentro, por lo que su relación de disparo con el terremoto es muy probable. La secuencia de Chaparral suma 140 eventos, de los cuales 138 ocurrieron en solo dos días, y es la única de las tres que ocurre en la corteza superficial, a unos 19 kilómetros de profundidad, bajo un municipio habitado.

Sobre la pregunta que naturalmente aparece ¿el terremoto del Chocó disparó lo de Chaparral? En este momento se puede decir que no hay evidencia que lo sustente, y se necesitan hacer estudios más detallados para afirmar o descartar alguna relación. La sección 2 explica por qué y qué análisis haría falta para resolverlo.

Chaparral, municipio del Tolima
Chaparral, municipio del Tolima Foto: Gobernación del Tolima

La sección 3 resume lo que la sismología sabe hoy sobre enjambres: por qué se producen, en qué se diferencian de una secuencia de réplicas y lo más importante para quien debe tomar decisiones, qué permite y qué no permite decir la estadística sobre lo que viene después. El mensaje corto es que un enjambre eleva la probabilidad de un sismo mayor respecto a un día cualquiera, pero la eleva desde un número muy pequeño hasta otro número que sigue siendo pequeño, y que la inmensa mayoría de los enjambres documentados en el mundo se apagan sin producir un evento destructivo.

1. Las tres secuencias activas

El boletín del Servicio Geológico Colombiano contiene 998 eventos localizados entre el 1 de agosto y el 21 de septiembre de 2026 en la región comprendida entre los 3.0° y 5.5° de latitud norte y los 77.5° y 75.0° de longitud oeste. Para separar las tres series se usaron cajas geográficas y franjas de profundidad. A continuación se describen algunas características para cada región y secuencia.

1.1 Las réplicas del sismo de San José del Palmar

El terremoto del 10 de agosto de 2026 ocurrió a las 12:34 UTC (07:34 hora de Colombia) con magnitud 7.4 Mw y una profundidad de 103 kilómetros, dentro de la Placa Nazca que se hunde bajo Suramérica. Desde entonces y hasta el 21 de septiembre, la Red Sismológica Nacional ha localizado 148 réplicas en el mismo volumen, todas por debajo de los 65 kilómetros de profundidad. La mayor de ellas alcanzó magnitud 4.8 y solo dos superaron magnitud 4.0.

Dos rasgos de esta secuencia merecen comentario. El primero es su ritmo: la mitad de las réplicas ocurrió en las primeras dos semanas y la curva se aplanó después, que es el decaimiento clásico descrito por la ley de Omori-Utsu (Utsu, 1961). El segundo es su liberación de energía. La diferencia entre la magnitud del sismo principal y la de su mayor réplica es de 2.6 unidades, muy por encima del valor de alrededor de 1.2 que se observa como promedio mundial (Båth, 1965). Dicho de otro modo: para el tamaño del terremoto que lo originó, este es un enjambre de réplicas notablemente pobre. No es una anomalía sin explicación, de manera general los sismos intraplaca (intraslab) profundos suelen producir secuencias de réplicas más escasas que los sismos corticales o de la interfaz de subducción, pero es un dato que conviene tener presente cuando se comparan estas cifras con las de otros terremotos de magnitud 7.

1.2 El enjambre de Istmina, Chocó

Este enjambre de sismicidad registra un total de más de 1200 eventos entre el 10 de agosto y el 21 de septiembre, con magnitudes de hasta 4.9 y 27 eventos de magnitud 4.0 o superior. Su primer sismo ocurrió el 10 de agosto a las 13:12 UTC, es decir, 38 minutos después del terremoto principal. En la franja de 25 a 65 kilómetros de profundidad no se había registrado ningún evento entre el 1 y el 10 de agosto, de modo que la serie no venía de antes: empieza con el terremoto.

El enjambre de Istmina no está dentro de la placa que subduce. Sus hipocentros se concentran entre 37 y 48 kilómetros de profundidad, unos 35 kilómetros por encima de la superficie de la interfaz de subducción modelada por Slab2 (Hayes et al., 2018), es decir dentro de la placa continental. Por lo tanto, no puede ser descrito como un enjambre intraslab: ocurre en la corteza inferior, que corresponde a la raíz litosférica de la Cordillera Occidental.

Lo que distingue a esta serie de una secuencia de réplicas es que no ha decaído. Seis semanas después de su inicio mantiene una tasa aproximadamente constante y sus dos eventos mayores, ambos de magnitud 4.9, no se separan del resto de la distribución. Esa combinación de tasa de sismicidad sostenida y la ausencia de un evento principal, son las características que permiten definir un enjambre sísmico.

1.2 Enjambre de Chaparral, Tolima

En Chaparral, Tolima el catálogo registra 140 eventos entre el 20 de agosto y el 21 de septiembre de 2026, pero la distribución temporal es muy desigual: un evento aislado el 20 de agosto, otro el 26 de agosto, 31 eventos el 20 de septiembre y 107 eventos el 21 de septiembre hasta las 23:38 UTC. Es decir, el 99 % de la serie se concentra en dos días. Ocho de esos eventos alcanzaron o superaron la magnitud 4.0 y el mayor llegó a 4.5 el 21 de septiembre a las 23:15 UTC.

El Servicio Geológico Colombiano informó el 21 de septiembre que había contabilizado más de 130 sismos de magnitud superior a 2.0 desde las 4:52 de la mañana del domingo 20, cinco de ellos de magnitud 4.0 o mayor, y que la Red Sismológica Nacional había recibido más de mil reportes de personas que sintieron los movimientos en Tolima, Huila, Valle del Cauca, Risaralda, Cauca y Quindío (SGC, 2026). Por su parte, Freddy Tovar, coordinador de la Red Sismológica Nacional, precisó que todos los eventos son superficiales, con profundidades menores a 30 kilómetros, y que el volumen de actividad de esos dos días está por encima del promedio de las semanas anteriores. La actividad ha continuado: la madrugada del 22 de septiembre se registró un nuevo evento de magnitud 4.2 a las 2:35 hora local.

2. El enjambre de Chaparral en detalle 2.1. Localización, profundidad y geometría

Toda la sismicidad relacionada con el ejambre de Chaparral es cortical. Las profundidades se reparten entre 15 y 21 km, en el 80 % de los casos, con una mediana de 19 kilómetros. Mientras que el tope de la placa en subducción se encuentra a 161 kilómetros bajo ese punto.

Es además la serie mejor localizada de las tres, por la sencilla razón de que está rodeada de estaciones. Su gap azimutal de 44° y su error formal en profundidad de 3.0 kilómetros, frente a 129° grados y 5.9 kilómetros en el enjambre de Istmina. Esto importa: las conclusiones sobre la geometría de Chaparral descansan sobre localizaciones considerablemente más firmes que las del Chocó.

Los epicentros dibujan un cúmulo muy compacto. El 90 % de los eventos cabe en una elipse de aproximadamente 8x5 km, alargada en dirección nornoreste- sursuroeste, que es la orientación dominante del sistema de fallas reportados en la región. El Tolima, está afectado por varias estructuras activas conocidas como las fallas de Ibagué, Cucuana, Saldaña y Chusma, pero conviene ser explícito en un punto: ninguna falla cartografiada en la base de datos global de fallas activas del GEM (Styron y Pagani, 2020) cruza directamente el enjambre. Atribuir este enjambre a una falla nombrada requiere cartografía local y un análisis de mecanismos focales que hoy no está disponible públicamente, y el propio Servicio Geológico Colombiano ha sido prudente en ese mismo sentido, señalando que la región está atravesada por varias fallas activas sin asignar la actividad a ninguna en particular (SGC, 2026).

2.2. Distribución de magnitudes: por qué esto es un enjambre

La prueba más directa de que estamos ante un enjambre está en las magnitudes. En una secuencia de réplicas hay un evento principal que domina claramente a los demás. Aquí no lo hay: el mayor evento es de magnitud 4.5 y el segundo de 4.3, una diferencia de dos décimas. En el enjambre de Istmina la situación es aún más extrema, con dos eventos empatados en 4.9. Por contraste, en la secuencia de San José del Palmar la diferencia entre el principal y su mayor réplica es de 2.6 unidades. Esa ausencia de un evento dominante es precisamente lo que define a un enjambre (Roland y McGuire, 2009; Holtkamp y Brudzinski, 2011).

La relación entre el número de sismos y su tamaño, la ley de Gutenberg-Richter (1944), también se puede estimar. Tomando magnitud 2.5 como umbral de completitud del catálogo, los 91 eventos de Chaparral que superan ese umbral dan un valor b de 0.94 con una incertidumbre de ±0.10. Es un valor esencialmente normal, cercano a la unidad. Esto merece un matiz, porque muchos enjambres asociados a movimiento de fluidos muestran valores de b claramente superiores a 1 (Vidale y Shearer, 2006), y aquí no se observa ese rasgo. Con 91 eventos, dos días de registro y magnitudes locales de distintos tipos mezcladas en el catálogo, el resultado debe tomarse como provisional y no como un argumento sobre el mecanismo.

Sin embargo, hay un detalle que sí llama la atención: ese valor de b se puede extrapolar por medio de la distribución Gutenberg-Richter a unos 3.5 eventos de magnitud 4.0 o mayor, y se han observado 8. El exceso en el extremo superior de la distribución es un comportamiento característico de los enjambres, en los que los eventos tienden a concentrarse en un rango estrecho de magnitudes en lugar de repartirse según una única recta.

2.3 ¿Lo disparó el terremoto del 10 de agosto?

Esta es la pregunta que más se ha repetido y la respuesta honesta es que no se sabe. Conviene separar lo que sí está establecido de lo que no.

Lo que está establecido son los hechos geométricos y temporales. El cúmulo de Chaparral está a unos 147 kilómetros del epicentro del sismo del 10 de agosto y a unos 85 kilómetros por encima de su hipocentro. El primer evento de la serie aparece el 20 de agosto, diez días después del terremoto; el grueso de la actividad, 41 días después. Y ocurre en un dominio tectónico distinto: el terremoto fue un evento intraplaca dentro del slab de Nazca a 103 kilómetros de profundidad, mientras que el enjambre de Chaparral es sismicidad cortical a 19 kilómetros en la placa continental.

Lo que no está establecido es si existe una relación causal. No se ha calculado la transferencia de esfuerzos de Coulomb desde un modelo de falla finita del terremoto hasta el volumen de Chaparral, que es el cálculo estándar para evaluar disparo estático, y tampoco se ha analizado el paso de las ondas sísmicas por esa región, que es lo que permitiría evaluar disparo dinámico, aunque menos plausible debido al tiempo transcurrido entre el evnto de 7.4 Mw y el inicio de este enjambre. Sin al menos uno de esos dos análisis, cualquier afirmación sobre el disparo sería una opinión, no un resultado.

Lo que sí se puede hacer es señalar el contraste con el enjambre de Istmina, donde la atribución es mucho más sólida. Allí la serie comenzó 38 minutos después del terremoto, a 74 kilómetros de su epicentro, en un volumen donde no había ocurrido ningún evento en los diez días previos. Ese conjunto de coincidencias: proximidad, inmediatez y ausencia de actividad previa, es difícil de explicar por azar. En Chaparral no se cumple ninguna de las tres: está al doble de distancia, empezó cuarenta días después y el municipio tiene actividad sísmica de fondo reconocida.

Dicho esto, el disparo remoto y retardado de sismicidad a cientos de kilómetros del evento que lo origina es un fenómeno documentado y no puede descartarse sin contar con más evidencia. La postura de este reporte es que la hipótesis queda abierta y que resolverla requiere un cálculo que todavía no se ha hecho.

3. Enjambres sísmicos: interpretación y pronóstico estadístico

3.1 Qué es un enjambre y en qué se diferencia de una secuencia de réplicas

Un enjambre sísmico es una sucesión de temblores concentrados en un volumen pequeño de corteza y en un intervalo variable de tiempo, en la que no hay un sismo principal que domine a los demás y en la que la actividad no decae siguiendo el patrón habitual de las réplicas (Roland y McGuire, 2009).

La distinción con una secuencia de réplicas no es una sutileza de vocabulario, porque las dos cosas se comportan de manera distinta. Una secuencia de réplicas tiene un origen claro, un terremoto principal que redistribuyó los esfuerzos a su alrededor y una evolución espacial, temporal y de número de eventos pronosticable. La tasa de sismicidad decae en el tiempo, y la réplica más grande suele ser alrededor de una unidad de magnitud menor que el principal.

Un enjambre carece de las dos cosas. No hay un evento principal que explique los demás y no hay una ley de decaimiento que permita estimar cuándo terminará. Como formularon Roland y McGuire (2009), los enjambres liberan poco momento sísmico para el área que ocupan y no siguen las leyes de escalamiento de las réplicas.

Esa es también la razón por la que los enjambres son difíciles para los sistemas operativos de pronóstico. Llenos y Michael (2019) lo plantean sin rodeos: el decaimiento de una secuencia de réplicas se modela bien con la ley de Omori-Utsu, pero pronosticar cuánto durará un enjambre o cómo variará su tasa exige anticipar el comportamiento del proceso externo que lo alimenta, y eso todavía no se sabe hacer.

3.2 Qué produce un enjambre

Hay dos explicaciones principales, no excluyentes entre sí. La primera explicación son los fluidos, qu puede tratarse de agua, salmueras o magma que migran por la corteza, este movimiento aumentan la presión de poro dentro de la roca fracturada y, al hacerlo, reducen la fricción efectiva que mantiene cerrada la falla. El resultado es que muchos parches pequeños de la falla ceden uno tras otro, en lugar de acumular esfuerzo hasta producir una única ruptura grande. La firma característica de este mecanismo es la migración de los hipocentros a la velocidad de un frente de difusión de presión, del orden de decenas a centenares de metros por hora (Danré et al., 2024).

La segunda explicación es el deslizamiento asísmico. Un segmento de falla puede deslizarse lentamente, sin generar ondas sísmicas perceptibles, durante días o semanas; ese deslizamiento carga progresivamente los parches vecinos que sí son capaces de romperse de forma sísmica, y los va encendiendo a medida que avanza. Roland y McGuire (2009) encontraron que los enjambres en fallas transcurrentes migran a velocidades del orden de un kilómetro por hora, demasiado rápido para un frente de difusión de fluidos, y concluyeron que en esos casos el motor es un transitorio de deslizamiento asísmico.

En la práctica, distinguir entre ambos mecanismos exige relocalizar los hipocentros con precisión de decenas de metros y seguir cómo se desplaza el frente de actividad en el tiempo. Con las localizaciones rutinarias del boletín nacional, error medio es de 3 kilómetros en profundidad, por lo tanto no es posible hacerlo, hasta que los datos sean relocalizados y se tenga una ventana temporal más amplia.

Vale la pena añadir un tercer factor que no es un mecanismo sino una condición: los enjambres sísmicos tienden a aparecer en zonas de corteza caliente, hidrotermalmente activa o estructuralmente compleja, donde la falla está segmentada en muchos parches pequeños en lugar de formar una superficie continua capaz de romperse entera (Vidale y Shearer, 2006; Zaliapin y Ben- Zion, 2013). En geometrías así, el propio medio impone un límite al tamaño que puede alcanzar una ruptura.

3.3 Lo que la estadística permite decir sobre la actividad futura

Esta es la sección que importa para la toma de decisiones, y conviene empezar por lo que es un hecho establecido: no existe ningún método validado para predecir terremotos. Lo que sí existe es un marco probabilístico, y ese marco dice cosas concretas.

El punto de partida es una observación global. La probabilidad de que un sismo cualquiera sea seguido en la semana siguiente y en sus proximidades por otro de mayor magnitud es de aproximadamente 5 % (USGS, 2026), con un rango habitual entre el 2 % y el 10 % según el nivel de actividad de la región (Reasenberg y Jones, 1989). Ese número no es un pronóstico: es la tasa base que se aplica por igual a cualquier temblor, y es la referencia contra la que hay que comparar cualquier afirmación sobre el aumento de probabilidad de ocurrencia de la región estudiada.

Para el caso concreto de Chaparral se puede hacer una estimación aplicando la ley de Gutenberg-Richter a la propia serie. Con un valor b de 0.94 y 91 eventos de magnitud 2.5 o superior en dos días, la extrapolación estima que en el orden de 0.2 eventos de magnitud 5 o superior por día, es decir aproximadamente una probabilidad de uno entre cinco cada día, siempre y cuando la tasa de actividad se mantuviera en el nivel de esos dos días. Esta última condición es la que manda, y muy probablemente no se cumplirá: lo normal es que la tasa decaiga en días o semanas, y con ella la probabilidad. Para magnitudes mayores la cifra cae rápidamente, en torno a un factor de nueve por cada unidad de magnitud. La estimación se ofrece como una cota para dimensionar el problema, no como un pronóstico operativo, y no sustituye los productos oficiales del SGC.

La segunda cosa que dice la estadística es un hecho empírico incómodo: no se conoce ninguna característica estadística o física que permita distinguir a tiempo un enjambre, que se apagará solo, de una secuencia de sismos premonitores que terminará en un terremoto mayor. La diferencia entre ambos solo se establece a posteriori, cuando el terremoto grande ocurre o cuando la serie se extingue.

La tercera es tranquilizadora en términos generales: la inmensa mayoría de los enjambres documentados se mantiene en el rango de magnitudes 1 a 5 y no culmina en un sismo destructivo. Holtkamp y Brudzinski (2011) identificaron 68 enjambres en zonas de subducción de todo el Pacífico entre 1995 y 2009, y la generalidad de ellos terminó sin un evento mayor. Eso no significa que la probabilidad sea cero; significa que es baja.

3.4 Dos casos que conviene tener presentes

Dos episodios reales ilustran mejor que cualquier promedio los dos desenlaces posibles.

El primero es el enjambre de Bombay Beach, en California, en septiembre de 2016. Un centenar de sismos de magnitud 2 a 4.3 se concentraron en el extremo sur de la falla de San Andrés, y el organismo científico asesor del estado elevó formalmente la probabilidad estimada de un terremoto de magnitud 7 o mayor en esa falla durante la semana siguiente, situándola entre el 0.03 % y el 1 % (CEPEC, 2016). Ese rango merece una lectura cuidadosa. En una semana normal, la probabilidad de un sismo de magnitud 7 en ese segmento es de aproximadamente uno entre diez mil. Durante el enjambre pasó a estar entre uno entre tres mil y uno entre cien. Es decir, aumentó por un factor de entre diez y cien, y aun así siguió siendo, en términos absolutos, una probabilidad baja. El enjambre se apagó y no ocurrió nada. Ese episodio es hoy el ejemplo canónico de cómo comunicar un riesgo elevado que sigue siendo pequeño.

Una vista natural del letrero de bienvenida a Bombay Beach, en el condado de Imperial, California, Estados Unidos
Una vista natural del letrero de bienvenida a Bombay Beach, en el condado de Imperial, California, Estados Unidos Foto: Getty Images/iStockphoto

El segundo es el terremoto de Iquique, en Chile, del 1 de abril de 2014, de magnitud 8.2 Mw. Estuvo precedido durante al menos dos semanas por una actividad sísmica intensa que en su momento pudo interpretarse como un enjambre, con varios eventos superiores a magnitud 6 Mw, y que en retrospectiva resultó ser una secuencia de sismos premonitores acompañada de deslizamiento lento en la interfaz de subducción (Ruiz et al., 2014; Kato y Nakagawa, 2014). Nadie anunció el terremoto de Iquique antes de que ocurriera, y ese es exactamente el punto: la información disponible antes del 1 de abril no permitía distinguir ese caso del de Bombay Beach.

Parapente sobre Iquique, en Chile
Parapente sobre Iquique, en Chile Foto: Getty Images

La lección conjunta de ambos casos no es que haya que alarmarse ni que haya que despreocuparse, sino que el lenguaje adecuado para hablar de un enjambre en curso es el de las probabilidades y no el de las certezas.

4. Respuesta institucional y fuentes oficiales

El seguimiento de esta actividad corresponde al Servicio Geológico Colombiano, a través de la Red Sismológica Nacional de Colombia, que mantiene vigilancia permanente sobre la zona y ha anunciado que informará cualquier cambio en el comportamiento de la secuencia. El SGC publica boletines preliminares y actualizados por evento, y dispone de la plataforma Sismos sentidos, a través de la cual la ciudadanía puede reportar si percibió un movimiento; esos reportes son un insumo directo para los mapas de intensidad (SGC, 2026).

La Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres mantiene la guía nacional de preparación ante sismos, con recomendaciones para antes, durante y después de un movimiento: identificar zonas seguras y puntos de encuentro, protegerse en el sitio mientras dura la sacudida en lugar de intentar evacuar, evacuar por la ruta establecida una vez terminada, y permanecer atento a las réplicas (UNGRD, 2026).

En el ámbito local, la Alcaldía de Chaparral activó su plan de emergencias y ordenó la evacuación preventiva de la sede de la Alcaldía y de los colegios públicos y privados del municipio. Hasta los reportes consultados al cierre de este documento no se habían registrado daños estructurales ni personas lesionadas atribuibles a la secuencia. Conviene señalar que el municipio atiende de forma simultánea una emergencia por incendios forestales y sequía, lo que exige a las autoridades locales repartir capacidad de respuesta entre dos frentes.

Tanto el SGC como la UNGRD han pedido expresamente a la comunidad consultar únicamente los canales oficiales de ambas entidades y de las autoridades locales, y abstenerse de difundir contenidos sin fuente verificable. Este reporte se suma a esa recomendación: las cifras oficiales de la emergencia son las que publiquen esas entidades, y el análisis científico que aquí se presenta es un complemento académico, no una fuente oficial.

5. Qué se puede afirmar y qué no

Se puede afirmar que la actividad sísmica ocurrida de Chaparral es un enjambre sísmico en sentido estricto: no tiene un evento dominante, se concentra en un volumen pequeño de corteza y su tasa no sigue el decaimiento de una secuencia de réplicas. Se puede afirmar que es completamente cortical, con hipocentros en torno a los 19 kilómetros, y que no guarda ninguna relación geométrica con la zona de subducción. Se puede afirmar que las localizaciones son de buena calidad y que el cúmulo se alinea con la dirección estructural regional. Y se puede afirmar que, mientras la actividad continúe, la probabilidad de un evento de mayor magnitud en esa zona está elevada respecto a su nivel de fondo.

No se puede afirmar que el terremoto del 10 de agosto haya disparado este enjambre, porque no se ha hecho el cálculo de transferencia de esfuerzos que permitiría sostenerlo. No se puede atribuir la actividad a una falla concreta con nombre propio sin cartografía local y soluciones de mecanismo focal. No se puede establecer si el motor del enjambre son fluidos o deslizamiento asísmico sin relocalizar los hipocentros con precisión. Y no se puede anticipar cuánto durará ni qué magnitud máxima alcanzará; no existe método que lo permita.

Para quien deba comunicar esto públicamente, la formulación que resiste el escrutinio es la siguiente: la probabilidad de un sismo mayor en Chaparral es más alta hoy que hace una semana, sigue siendo baja en términos absolutos, y la medida sensata no es esperar un pronóstico, sino verificar que las edificaciones, las rutas de evacuación y los protocolos escolares y hospitalarios estén en condiciones, siguiendo las recomendaciones de la UNGRD y de la Alcaldía. Un municipio que vive sobre fallas activas necesita esas cosas independientemente de que haya un enjambre en curso.

Trabajo pendiente

Tres análisis cerrarían las preguntas que este reporte deja abiertas. El primero es el cálculo de transferencia de esfuerzos de Coulomb desde el modelo de falla finita del sismo del 10 de agosto hasta el volumen de Chaparral, que resolvería la cuestión del disparo. El segundo es la relocalización relativa de los hipocentros del enjambre mediante formas de onda, que permitiría medir si el frente de actividad migra y a qué velocidad, y con ello discriminar entre fluidos y deslizamiento asísmico. El tercero es la comparación de la tasa actual contra el catálogo histórico del SGC en el mismo volumen y el mismo rango de magnitudes, que cuantificaría cuánto se aparta la actividad del fondo; este análisis ya se completó para el enjambre de Istmina, donde arrojó un incremento de dos a tres órdenes de magnitud sobre la tasa histórica, y está pendiente para Chaparral.

Referencias

Båth, M. (1965). Lateral inhomogeneities of the upper mantle. Tectonophysics, 2(6), 483–514.

California Earthquake Prediction Evaluation Council (CEPEC) (2016). Advisory statement on the Bombay Beach earthquake swarm, southern San Andreas Fault, September 2016. California Governor’s Office of Emergency Services, Sacramento, California.

Danré, P., De Barros, L., Cappa, F., & Ampuero, J.-P. (2024). Control of seismicity migration in earthquake swarms by injected fluid volume and aseismic crack propagation. Journal of Geophysical Research: Solid Earth, 129(3), e2023JB027276.

Gutenberg, B., & Richter, C. F. (1944). Frequency of earthquakes in California. Bulletin of the Seismological Society of America, 34(4), 185–188.

Hayes, G. P., Moore, G. L., Portner, D. E., Hearne, M., Flamme, H., Furtney, M., & Smoczyk, G. M. (2018). Slab2, a comprehensive subduction zone geometry model. Science, 362(6410), 58–61.

Holtkamp, S. G., & Brudzinski, M. R. (2011). Earthquake swarms in circum-Pacific subduction zones. Earth and Planetary Science Letters, 305(1–2), 215–225.

Kato, A., & Nakagawa, S. (2014). Multiple slow-slip events during a foreshock sequence of the 2014 Iquique, Chile Mw 8.1 earthquake. Geophysical Research Letters, 41(15), 5420–5427.

Llenos, A. L., & Michael, A. J. (2019). Ensembles of ETAS models provide optimal operational earthquake forecasting during swarms: Insights from the 2015 San Ramon, California swarm. Bulletin of the Seismological Society of America, 109(6), 2145–2158.

Reasenberg, P. A., & Jones, L. M. (1989). Earthquake hazard after a mainshock in California. Science, 243(4895), 1173–1176.

Roland, E., & McGuire, J. J. (2009). Earthquake swarms on transform faults. Geophysical Journal International, 178(3), 1677–1690.

Ruiz, S., Metois, M., Fuenzalida, A., Ruiz, J., Leyton, F., Grandin, R., Vigny, C., Madariaga, R., & Campos, J. (2014). Intense foreshocks and a slow slip event preceded the 2014 Iquique Mw 8.1 earthquake. Science, 345(6201), 1165–1169.

Servicio Geológico Colombiano (SGC) (2026). Boletines de sismicidad de la Red Sismológica Nacional de Colombia, 20 a 22 de septiembre de 2026, y declaraciones de F. Tovar, coordinador de la RSNC. Bogotá, Colombia.

Styron, R., & Pagani, M. (2020). The GEM Global Active Faults Database. Earthquake Spectra, 36(1_suppl), 160–180.

Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD) (2026). Guía de preparación ante sismos: recomendaciones antes, durante y después. Bogotá, Colombia.

USGS (2026). What is the probability that an earthquake is a foreshock to a larger earthquake? U.S. Geological Survey, Frequently Asked Questions.

Utsu, T. (1961). A statistical study on the occurrence of aftershocks. Geophysical Magazine, 30, 521–605.

Vidale, J. E., & Shearer, P. M. (2006). A survey of 71 earthquake bursts across southern California: Exploring the role of pore fluid pressure fluctuations and aseismic slip as drivers. Journal of Geophysical Research: Solid Earth, 111(B5), B05312.

Zaliapin, I., & Ben-Zion, Y. (2013). Earthquake clusters in southern California II: Classification and relation to physical properties of the crust. Journal of Geophysical Research: Solid Earth, 118(6), 2865–2877.