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Un matón en el paraíso: Salud Hernández-Mora denuncia al terror de Bahía Solano

Margarito Mosquera, natural de Bahía Solano, tiene amedrentado a su propio pueblo con su banda los Chacales. Ni tres disparos en la cabeza han impedido que siga su accionar criminal. Crónica de Salud Hernández-Mora.

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29 de enero de 2022 a las 2:44 a. m.
  Margarito Mosquera ha impuesto la cultura de la violencia en Bahía Solano. Así mismo, el dinero fácil tienta a los jóvenes del pueblo para que salgan en barcos a buscar pacas de coca que han caído al mar.
Margarito Mosquera ha impuesto la cultura de la violencia en Bahía Solano. Así mismo, el dinero fácil tienta a los jóvenes del pueblo para que salgan en barcos a buscar pacas de coca que han caído al mar.

Si alguien menciona Bahía Solano, enseguida viene a la mente la imagen idílica de un paraíso de playas solitarias, cascadas, ríos cristalinos, pesca deportiva y ballenas yubarta que surcan sus aguas unos meses del año. Poco adivinarían que esas maravillas naturales esconden una guerra silenciosa que libran dos grupos criminales. Y el pequeño casco urbano, de solo 10.000 almas, lo volvieron un campo de batalla.

Muchos vecinos no entienden que sea Margarito Mosquera el responsable de azuzar la última confrontación con las Autodefensas Gaitanistas de Colombia en su pueblo natal, sobre todo desde que regresó, hace más de un año. Sobrevivió a tres disparos en la cabeza, gracias al rápido traslado a un hospital de Medellín, y en cuanto se recuperó, volvió a tomar el control de los Chacales, su banda criminal.

No utiliza ningún alias, delinque desde muy joven a cara descubierta, ha integrado a hermanos, primos y tíos a su grupo, que bautizó con el nombre del equipo de fútbol juvenil que existía en Bahía.

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Menos comprenden aún que las autoridades no detengan a un matón con procesos por homicidio y rebelión, entre otros, que se refugia en dos barrios diminutos de casas bajas –El Poblado y Barrio Nuevo–, con solo un puñado de hombres armados.

El que haya convertido su organización en una célula del ELN, debilitado en la región, no parece razón suficiente para que maten, secuestren, violen y desplacen con absoluta impunidad a cualquiera que tilden de colaborador de las Gaitanistas, también mermados por las acciones de la Armada, y las autoridades no hagan nada.“

Es evidente que la Policía y la Fiscalía miran para otro lado, solo la Infantería de Marina es confiable”, indica un lugareño y corroboran fuentes solventes que SEMANA entrevistó durante varios días en Bahía Solano. Basta pasear por las calles destapadas, atestadas de huecos, o recorrer la localidad en una “rapimoto”, para concluir que se trata de un poblado fácil de abarcar en su totalidad, máxime el área donde se refugia, y que, si no le capturan, es porque existen complicidades o temor a las represalias.“

Un matón en el paraíso_2

Ni siquiera le quitan los bienes a su gente”, señala un comerciante que, al igual que el resto de entrevistados, pide anonimato. Una discoteca de dos plantas, situada en el parque principal, pertenece a alias Zarco, que fuera un cabecilla de los Chacales, preso en Bogotá y en espera de ser extraditado a Estados Unidos. “El año pasado organizaron ocho conciertos con algunos artistas internacionales venidos de Panamá y cada fin de semana se llena”, agrega.

Quizá por la intentona de asesinato, Margarito, como le dice todo el mundo, emprendió una cacería de brujas. Uno de sus últimos objetivos fue el prostíbulo del pueblo, propiedad de Liliana, una joven paisa. Sol Pacífico tenía 15 mujeres trabajando y una tarde, miembros de los Chacales secuestraron, violaron y robaron a cinco de sus chicas, y después Margarito difundió un audio amenazante que obligó a todas a desplazarse. “Esas mujeres están capacitadas para matar a cualquiera”, mentía en su comunicado.

La pavimentación de las vías, además de generar comunicación, favorece la comercialización de productos de la región.
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Así mismo, aseguraba que los venidos de afuera para manejar las “rapimotos” son sicarios de los Gaitanistas y los deben sacar. Pero también obligó a 14 familias nativas a salir y refugiarse en el corregimiento de Huaca, una de las playas. “Dice que somos de los Gaitanistas y nosotros no somos de nadie, solo atendemos a todo el mundo por miedo”, señala un líder social.

Además de ser un punto estratégico en la ruta del narcotráfico hacia Centroamérica por el Pacífico, en Bahía Solano florece la llamada “pesca blanca”, por encima del turismo. Como buenos navegantes, conocedores de las corrientes marinas, salen a buscar pacas de coca que hayan caído al mar. Por cada kilo que recuperan, les pagan 5 millones. El peligro, señala un padre de familia, es que “mueve la economía, pero inculca una cultura narco en los jóvenes muy peligrosa”.

Son conscientes de que, mientras persistan los negocios de los narcos, siempre habrá grupos armados en la zona, por eso ya se conforman con que, al menos, solo mande uno y no queden en medio del fuego cruzado.