SEMANA: ¿Qué pasó con el Regiotram del norte? Da la impresión de que el Ministerio y la Gobernación de Cundinamarca le dieron una especie de “patada en la cara” a Bogotá.
Miguel Silva (M. S.): Este es un proyecto muy complejo. El corredor férreo le pertenece a la Nación y, además, la Nación cofinancia una parte importante del proyecto. Al ser un proyecto de integración regional, involucra a Cundinamarca y, como usted dice, la mayor parte del trazado está dentro de Bogotá. Eso implicaba que teníamos que ponernos de acuerdo.
Ponerse de acuerdo no significa que uno de los tres actores tenga la razón, sino que todos hagan un esfuerzo por reducir las diferencias. Y eso no es fácil. Nosotros veníamos trabajando en ese proceso y haciendo todo el esfuerzo para lograr consensos. Sin embargo, los tiempos fueron muy ajustados. En mayo de este año recibimos con sorpresa la decisión del Gobierno nacional de modificar el convenio de cofinanciación y excluir a Bogotá. ¿La principal implicación? Que prácticamente se cerró la puerta para seguir discutiendo las diferencias que aún existían.
Aun así, por instrucción del alcalde Carlos Fernando Galán, instalamos mesas de trabajo con la Gobernación de Cundinamarca y con la Empresa Férrea. Es decir, aunque nos cerraron la puerta con esa modificación, seguimos sentándonos a conversar. Claro, ya era una conversación mucho más difícil.

SEMANA: ¿Por qué difícil? ¿Qué les plantearon en esas mesas?
M. S.: Por ejemplo, se nos planteó que cualquier cambio propuesto por Bogotá no podía afectar ni el costo ni el cronograma del proyecto. Y justamente el cronograma es uno de los temas que hoy más nos preocupa. Siempre se trabajó contra el reloj porque había que dejar adjudicado el proyecto antes de que terminara el Gobierno del presidente Petro. Nuestro compromiso ahora es revisar cómo podemos mitigar los aspectos que todavía generan preocupación.
Otro ejemplo: durante la estructuración del proyecto no se tuvo en cuenta el Plan de Ordenamiento Zonal del Norte, un instrumento urbanístico que Bogotá tiene desde hace aproximadamente diez años. También nos preocupa la barrera urbana que podría generarse, especialmente a la altura de la carrera Novena. Debido a la velocidad de los trenes, habría que instalar cerramientos a lo largo del corredor férreo, lo que implicaría que el paso de oriente a occidente solo pudiera hacerse mediante puentes peatonales o vehiculares. Esas son decisiones que tendrán un impacto importante sobre la ciudad.

SEMANA: El impacto en la ciudad es innegable. ¿Qué más les preocupa?
M. S.: También nos preocupa la integración tarifaria. Este proyecto fue concebido como un sistema intermunicipal y no como un transporte urbano. Eso significa que, por ahora, la tarifa sería una tarifa intermunicipal y no la misma que pagan los usuarios del transporte público dentro de Bogotá. En la práctica, serviría principalmente para quienes entran o salen de la ciudad y no necesariamente para los desplazamientos internos. También hay inquietudes sobre la coordinación operacional. En todo caso, creemos que es un proyecto importante para Bogotá. Hay que hacerlo, pero hacerlo bien.

SEMANA: ¿Y cómo está la relación con la Gobernación de Cundinamarca? Han surgido diferencias por el Regiotram, por el tema del impuesto de vehículos y por otros asuntos. ¿Cómo la describiría?
M. S.: Ha sido una relación franca y directa. Ellos han podido expresar con claridad aquello en lo que no están de acuerdo y nosotros también hemos manifestado nuestras diferencias. En algunos temas hemos logrado coordinarnos y en otros todavía seguimos conversando porque aún no existe un acuerdo. La Región Metropolitana Bogotá-Cundinamarca, que todavía está en una etapa temprana de funcionamiento, ha servido para discutir algunos asuntos, coordinar proyectos y desarrollar inversiones conjuntas. Además, la Agencia Regional de Movilidad ya tiene una directora en propiedad y cuenta con herramientas para impulsar proyectos compartidos.
Ha sido una relación franca, directa, con diferencias, pero también una relación difícil. Y no solo por quienes hoy ocupan los cargos. Naturalmente, la relación entre Bogotá y Cundinamarca siempre ha sido compleja porque los temas que se discuten no son sencillos: el ordenamiento territorial, hacia dónde crece la ciudad, hacia dónde crece la región. Sin embargo, creo que tanto el gobernador como el alcalde han tenido la madurez y la inteligencia para conducir esas diferencias.
