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Santandereana cumplió ocho años viviendo con un corazón artificial

Se han realizado 25 implantes de corazón artificial a pacientes adultos y pediátricos.


Hace ocho años la vida de Cielo González Díaz, una santandereana que hoy tiene 64 años, tuvo un drástico cambio. Una enfermedad la sacó de las aulas de clase, donde pasó tres décadas enseñando, y la envió a un quirófano para poder seguir viviendo.

Cielo era un docente dedicada que dictaba clases en una escuela rural del municipio de Barbosa, en Santander, pero en enero del 2013, sufrió un infarto y una trombosis. Su corazón dejó de bombear la sangre con la fuerza que su cuerpo necesitaba. Desde entonces, actividades como comer, cepillarse los dientes o caminar, que son consideradas como sencillas o de rutina, para ella se convirtieron en un trabajo difícil.

Aunque Cielo buscó soluciones en la medicina, ningún tratamiento resultaba efectivo. Su salud estaba deteriorándose, hasta que llegó a la Fundación Cardiovascular de Colombia (FCV), en Bucaramanga, donde los médicos la valoraron y tomaron medidas urgentes para salvarla.

“Con los exámenes determinamos que ella estaba en falla terminal, una fase muy avanzada de la enfermedad cardíaca, que implica múltiples hospitalizaciones. Normalmente, más del 70 % de este tipo de pacientes fallece en menos de un año”, afirmó Luis Eduardo Echeverría, jefe del programa de Falla y Trasplante Cardíaco de la FCV.

El tiempo jugaba en contra y las opciones eran pocas. Pues, aunque Cielo necesitaba un trasplante de corazón con suma urgencia, los análisis mostraban que el cuerpo lo iba a rechazar. En ese momento la única solución viable era practicar una cirugía nunca antes hecha en Suramérica, es decir, implantar un Heartmate II, mejor conocido como corazón artificial, un dispositivo que se vale de energía eléctrica para bombear sangre a todo el cuerpo.

Cielo González fue sometida al procedimiento el 7 de abril de 2014, fue todo un éxito y aquel día pasó a la historia al convertirse en la primera persona en Sudamérica con un corazón artificial. “Es que ese día volví a nacer. La medicación ya no me hacía efecto y si continuaba así no llegaba ni a diciembre de ese año”, recuerda la profesora.

“El Heartmate II tiene una fuente de poder que sale por la piel del vientre y está conectada a un pequeño computador, que es el cerebro del dispositivo. Este computador, que ella carga en un bolso, tiene dos baterías portátiles, con cargas de entre 14 y 16 horas, que le permiten salir sin problemas”, explica Leonardo Salazar Rojas, director del Programa de ECMO y Asistencia Ventricular de la FCV.

La única diferencia del corazón que ahora tiene Cielo es que el ventrículo izquierdo y su aorta están conectadas a esta ‘fuente’, que cuenta con una turbina capaz de rotar a 9.000 revoluciones por minuto para transportar la sangre.

Los primeros meses, según cuenta, adaptarse a vivir con este dispositivo no fue fácil. Sin embargo, tanto ella como su familia poco a poco fueron aprendiendo cómo cuidarlo, a realizar las curaciones que Cielo necesita alrededor del cable que emana de su piel y conocen cómo conectar y cambiar las baterías.

“Estoy más que agradecida porque en estos ocho años de mi segunda vida, como yo la llamo, he podido sumar muchas vivencias. He viajado por el país con mi familia, pude celebrar los 15 años de mi única nieta, estuve en la confirmación de todos mis nietos. En resumen, si no fuera por este dispositivo no estaría echando el cuento”, agrega Cielo.

Ahora así es la rutina de Cielo, en el día, recargada literalmente de energía, pero también con su vitalidad, sale a caminar, pasea a su mascota, comparte con sus cinco nietos y familia, hace ejercicio, juega parqués con amigos, entre otras actividades. Cuando cae la noche, pone a cargar las baterías, mientras que el computador se conecta directamente a la fuente de energía de la casa para que su corazón continúe funcionando.

Del 2014, año en el que Cielo fue operada, a hoy, la FCV ha realizado 25 implantes de corazón artificial a pacientes adultos y pediátricos, convirtiéndose en un referente latinoamericano en la materia. Del total de personas atendidas con esta tecnología, nueve recibieron el dispositivo Heartmate II y los restantes el Heartmate III, equipado con una bomba más pequeña y sofisticada.