Las aseadoras de la Universidad del Valle Gloria Mendoza y María Elena Mendoza fueron asesinadas con arma de fuego por un sicario a bordo de una motocicleta el pasado miércoles -22 de febrero- a pocas cuadras de dicha institución, en el sur de Cali. Sus brutales muertes han provocado una ola de repudio y clamados de justicia desde diferentes sectores.
Los autores de los crímenes continúan libres. No obstante, en las últimas horas se conocieron algunos detalles del avance de las investigaciones para esclarecer los crímenes.

Tras una reunión en la que participaron la Policía, la Fiscalía General de la Nación, las directivas y el sindicato de trabajadores de la universidad, el secretario de Seguridad y Justicia de Cali, Jimmy Dranguet, se refirió al respecto.
En su intervención, afirmó que las recompensas ofrecidas por la Alcaldía y la Gobernación del Valle del Cauca han surtido efecto.
“Por reserva de sumario, no podemos revelar los elementos de la investigación, pero tenemos material probatorio recaudado, horas de videograbación, fuentes formales e informales, testigos y entrevistas que por cuenta de la recompensa han llegado a nosotros”, reveló el funcionario.

La Alcaldía de Cali ofreció hasta 100 millones de pesos y la Gobernación del Valle del Cauca hasta 50 millones de pesos por información que conduzca a los autores de los crímenes. Las líneas 3116253670 y 3103656326 fueron dispuestas por las autoridades para este fin.
“Esperamos poder tener noticias positivas en los próximos días”, agregó Dranguet, quien también confirmó que las autoridades continuarán realizando reuniones con las directivas y el sindicato de la universidad para mantenerlas al tanto del avance de las pesquisas hasta que se materialicen las capturas.
Temor en Univalle
Los asesinatos de las aseadoras dejó impresionados a sus compañeros de trabajo. Y es que el temor se ha hecho más fuerte para ellos al recordar que hace menos de un año -mayo de 2022- asesinaron a otros dos trabajadores de la institución: Mauricio Fory Balanta, aseador de 56 años de edad, y Misael Fernando Ávila Solarte, cocinero de 37 años de edad.
“Meses atrás mataron a otros compañeros y solo hubo palmaditas en la espalda, y ahora asesinan a otras dos compañeras. Esto no puede ocurrir, somos ser humanos, mujeres”, lamentó Marlene Alegría, empleada de la Universidad del Valle desde hace 28 años y directiva del Sindicato de Trabajadores y Empleados Universitarios de Colombia (Sintraunicol), al cual pertenecían las cuatro víctimas.

Alegría afirmó estar conmocionada ante la brutalidad de los crímenes, cometidos cuando las mujeres iban en motocicleta por la calle 13B con carrera 86, barrio Ingenio.
Con la motocicleta en movimiento, un sicario, quien también se movilizaba en uno de estos vehículos, abrió fuego indiscriminadamente contra las mujeres y luego huyó con rumbo desconocido.

“Me he quedado sin palabras, con un sin sabor, como si me faltara algo en el estómago, porque siempre me he preguntado, y ahora lo hago con más vehemencia, como un ser puede llamarse a sí mismo hombre, alguien que le dispara a dos mujeres indefensas”, cuestionó.
Y luego expresó su miedo más grande, ser una víctima más de la misma violencia que acabó con la vida de sus compañeras: “A raíz de esto, me pregunto si podremos llegar a la universidad antes de las seis de la mañana, porque a ellas las siguieron, casi se nos meten a la universidad a matarlas (...) Estoy consternada, triste y con miedo porque nosotros andamos solos y solas”.
“Nos demoraremos bastante en asimilar esta situación”, añadió Alegría, al tiempo que recordó a las dos mujeres asesinadas como empleadas comprometidas y prestas a realizar sus labores con entusiasmo.

La directiva de Sintraunicol pidió a las directivas de la Universidad del Valle “hacer un alto” para tomar las medidas respectivas frente a esta escalada de violencia contra sus trabajadores.
Respecto a las motivaciones del sicario para cometer los asesinatos, la Policía apuntó que están evaluando una denuncia hecha por una de las mujeres en julio del año pasado, cuando aseguró que “una persona habría llegado hasta su vivienda, en el barrio Siloé, para intentar ultimarla”.
Las mujeres, además de ser compañeras de trabajo, tenían un estrecho vínculo familiar, pues compartían el lazo de ser tía y sobrina.
