POLÍTICA

“Colombia pierde a uno de sus mejores hombres. Yo pierdo también un amigo”: Iván Duque rinde homenaje a Germán Vargas Lleras

El exmandatario publicó un emotivo mensaje en su pódcast ‘Tres respuestas’. Cuenta detalles inéditos de su relación con el exvicepresidente y habla de su legado. Estas fueron sus palabras:

GoogleSiga las noticias del mundo de la política en Discover y acceda a contenido exclusivo

13 de mayo de 2026 a las 7:17 a. m.
Germán Vargas e Iván Duque en un debate presidencial en 2018.
Germán Vargas e Iván Duque en un debate presidencial en 2018. Foto: Guillermo Torres

Hoy quiero hacer una pausa en este espacio para hablar de un hombre que Colombia acaba de perder y que yo perdí como amigo.

Adiós a Germán Vargas Lleras, el guerrero: su vida y su legado dejan una profunda huella en la política en Colombia

Germán Vargas Lleras falleció el 8 de mayo de 2026 a los 64 años, tras una batalla larga y silenciosa contra una enfermedad que enfrentó con la misma entereza con la que afrontó todo en la vida. Sin quejarse, sin doblarse, mirando siempre hacia delante.

Conocí a Germán en el terreno más áspero que puede existir entre dos políticos: la contienda presidencial en 2018. Los dos queríamos lo mismo: llegar a la Casa de Nariño para servir a Colombia. Y los dos competimos con toda nuestra fuerza y capacidad.

Pero hay algo que quiero dejar claro hoy, porque es una verdad que me honra a mí y lo honra a él. Nunca nos agredimos en lo personal en medio de la vorágine de una campaña presidencial.

“Ya me gasté las 10 vidas del gato”: así contaba Germán Vargas Lleras cómo sobrevivió a atentados y amenazas

Germán y yo nos diferenciamos en ideas, en propuestas, en estilos, pero jamás cruzamos la línea del irrespeto. Eso, en la política colombiana de hoy, vale más de lo que parece. Y fue precisamente en esa competencia limpia donde nació la amistad.

Aprendí de él en el debate de las ideas, en la franqueza de sus argumentos, en su capacidad de ir al grano sin adornos. Germán no era un hombre de medias palabras ni de discursos vacíos. Era recio, era directo. Y esa rectitud, que a algunos les podía parecer dureza, en realidad era una forma de respeto.

El respeto de alguien que dice la verdad en la cara. Durante mi gobierno, esa relación se profundizó. Lo consulté en múltiples ocasiones porque su criterio sobre los asuntos del Estado era de valor extraordinario.

Cambio Radical, su partido, acompañó la votación de la gran mayoría de nuestras reformas. Y eso no fue gratuito. Fue la consecuencia del liderazgo de un hombre que, aunque tenía diferencias con nosotros en muchos frentes, siempre antepuso los intereses de la nación a los suyos propios, facilitando el diálogo entre el Gobierno y su partido.

Nunca, y quiero subrayarlo, nunca antepuso sus opiniones personales por encima de lo que le convenía a Colombia.

Recuerdo que en algún momento le ofrecí ser embajador en el Reino Unido. Me dijo que no se sentía cómodo en las posiciones diplomáticas. Era tan auténtico que no estaba dispuesto a aceptar un cargo que no lo representara a él de verdad. Ese era Germán. Sin poses, sin cálculos en la mano.

Después de que dejé la Presidencia, nos vimos con mucha frecuencia. Hablamos del país, de la vida, de la familia. Siempre disfruté de nuestras conversaciones. La última vez que lo vi fue a finales del año 2025 y hablamos por teléfono en febrero de este año. No imaginé que sería la última vez, pero así es la vida.

A veces uno no sabe que está diciendo adiós.

Cuando pienso en su legado, me resisto a reducirlo a una sola dimensión. Germán fue concejal, fue representante, fue senador, fue presidente del Senado, fue ministro del Interior y de Justicia, fue ministro de Vivienda, fue vicepresidente. Y en cada uno de esos cargos dejó obra. Obra física, tangible. Kilómetros de carreteras que transformaron la movilidad del país. Cientos de miles de viviendas para familias que nunca habían tenido techo propio. Soluciones de agua potable para comunidades que vivían en el olvido.

Era, como bien lo dijeron quienes lo conocieron a profundidad, un ejecutor sin igual. Un hombre que acompañaba el discurso con las realizaciones. Pero también fue un intelectual de la política.

Sus columnas dominicales en El Tiempo eran lectura obligada para quien quisiera entender el país. Fue uno de los primeros en advertir con claridad los riesgos que enfrentaba la democracia en caso de que se profundizara la mala idea de una constituyente para romper con el orden institucional. Tenía la valentía de decir lo que otros callaban.

Y detrás del político había un ser humano. Un padre excepcional, un abuelo entrañable, un amigo que ponía a Colombia por encima de cualquier diferencia coyuntural. Su hija Clemencia lo dijo mejor que nadie. La verdadera dimensión de una persona no la representa el poder que tuvo, sino la huella que deja.

Germán Vargas Lleras deja una huella enorme en el concreto de las carreteras, en el ladrillo de miles de hogares, en las ideas que sembró en columnas y debates, y en quienes tuvimos el privilegio de llamarlo amigo. Colombia pierde a uno de sus mejores hombres.

Yo pierdo también un amigo al que siempre recordaré con orgullo y con gratitud. Que Dios lo tenga en su gloria y que su ejemplo nos ilumine en estos tiempos que tanto lo necesitan.