Todo indica que al presidente Gustavo Petro no le afectan los escándalos que involucran a su Gobierno. Pese a todo, goza de una alta popularidad a cuatro meses de concluir su gestión. Según la más reciente encuesta de AtlasIntel para SEMANA, el 40,5 por ciento de los colombianos aprueba la gestión del mandatario. Esto a pesar de los múltiples cuestionamientos en diferentes frentes, entre ellos la corrupción y el escándalo de la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres (UNGRD).
Esos números también se ven reflejados en Iván Cepeda, el candidato presidencial que representa la continuidad del Gobierno, quien puntea en la intención de voto con el 38,7 por ciento.

El petrismo ha sido eficaz en diseñar una narrativa de defensa que le hace contrapeso a cada escándalo que sacude a la Casa de Nariño. Hasta los más duros contradictores le reconocen a Petro su capacidad de comunicar e incluso de distraer a la opinión pública en momentos álgidos.
En esencia, el relato apunta a atacar a los medios de comunicación cuando hay denuncias comprometedoras y con evidencias, al “establecimiento” y a quienes han ostentado el poder, mensajes que han calado en un sector de la población. Eso hace, al final, que Petro luzca blindado por un efecto teflón que impide que las controversias permanentes lo afecten.

“Es un Gobierno que tiene errores, hay funcionarios que tendrán que responder ante la justicia por muchas cosas, pero la gente entiende que no es el presidente Petro, que el propósito del mandatario es bueno, que el país tiene buenos resultados”, señaló el representante Alejandro Ocampo, del Pacto Histórico.
La estrategia pasa por decir, igualmente, que al presidente “no lo dejan gobernar”, cuando en realidad lo que existe en Colombia es una clara separación de poderes. Tanto el Poder Legislativo como el Judicial han frenado decisiones del Ejecutivo con independencia.
“La gente ve que Petro es un hombre coherente, que está haciendo los cambios que se necesitan y que hay otro sector que no quiere dejar que se hagan los cambios y son los opositores. Por eso toman partido por Petro”, agregó el representante Heráclito Landínez, también del Pacto Histórico.

Por ejemplo, con el alza del salario mínimo del 23 por ciento, se instauró la idea de que un sector del país no quería que los colombianos menos favorecidos recibieran un mejor ingreso. En el caso de la reforma pensional, se dijo que un grupo tampoco quería que se les diera un subsidio a los más viejos. En últimas, se apela a un discurso concreto y emocional que no tiene presentes las razones ni la argumentación.
El representante Víctor Salcedo, de La U, reconoce que Petro siempre sale bien librado de los escándalos. “Como todo lo de él, no tiene la culpa de que se hayan robado la UNGRD, de que se suspendan las capturas de los delincuentes más grandes, del fracaso de la paz total o de los muertos por la terquedad del sistema de salud”, señaló el congresista. Salcedo considera que Petro mantiene ese teflón porque el presidente nunca ha dejado de estar en campaña y se ha mantenido como un “presidente de anuncios”.

Uno de los departamentos donde el petrismo tiene acogida es el Valle del Cauca. Salcedo afirma que en su departamento eso se ha visto reflejado porque se estarían entregando tierras, lo que cree que podría generar conflictos en el futuro; asimismo, dijo que vio en campaña cómo les ofrecían a los jóvenes y estudiantes condonar las deudas del Icetex.
Para el exvicepresidente Angelino Garzón, una clave es que Petro les ha sabido hablar a los colombianos de los problemas sociales, un tema que ha capitalizado. “Hay que abonar que se preocupe porque en Colombia haya una política de bienestar social”, dijo.
