SEMANA: ¿Por qué escribir un libro sobre el fracaso de la paz total?
Eduardo Pizarro: Creo que es un debate que el país merece dar. Este es un libro que mezcla mi testimonio personal con mi carácter de profesor y analista. Planteo una tesis polémica y es que en Colombia llevamos intentando la paz desde 1990 y el fracaso en esa meta es de toda la nación colombiana. Tenemos que repensar lo que hemos hecho porque Gobierno tras Gobierno ha ido fracasando. Y el último fracaso es el de Gustavo Petro con la paz total, que deja al país en una situación muy difícil.

SEMANA: ¿Por qué ocurre este fracaso?
E.P.: Primero, ningún grupo finalmente abandonó las armas. Y faltando pocas semanas, ya es imposible que algún grupo firme un acuerdo, porque estará a la expectativa de quién va a ser el nuevo presidente. Ya no se logró ningún resultado eficaz. Ni siquiera con el grupo Comuneros del Sur, que era con quienes estaban más cerca. Lo segundo es que los datos son muy impactantes: el crecimiento del número de municipios en los cuales tienen presencia los grupos armados ilegales, el crecimiento de las rentas ilegales, Colombia es el mayor productor mundial de cocaína, el secuestro se disparó y la extorsión es como un cáncer. Por otro lado, las Fuerzas Militares se han debilitado y el número de miembros ha caído. Entonces, el próximo presidente va a encontrar un país mucho peor que el que recibió Gustavo Petro en 2022.
SEMANA: Usted dice en su libro que decidió no adjetivar nada, pero que hizo una excepción con Petro porque su discurso de odio de clases le hizo un gran daño a la paz.
E.P.: Gustavo Petro, con discursos polarizantes y descalificadores, fue debilitando su propia capacidad de lograr la paz, porque nunca logró construir un consenso con fuerzas que no hacían parte de su Gobierno. El error de Petro fue fracturar el país. Debilitó su capacidad de impulsar un marco legal a favor de la paz y eso se expresó en el fracaso final.

SEMANA: Desde hace décadas, la discusión sobre la paz ha puesto presidentes en Colombia. ¿Cree que en esta suceda lo mismo?
E.P.: Desde 1994, un candidato solo ha ganado en primera vuelta en dos ocasiones: con Álvaro Uribe en 2002 y luego en 2006. Los temas de seguridad fueron claves para este triunfo. Yo sí creo que en estas elecciones el tema del orden público es un tema clave, estratégico, y el candidato que muestre un mejor modelo para rescatar la seguridad en el país va a ser el que puede ganar las elecciones en la segunda vuelta presidencial, que creo que habrá.

SEMANA: ¿Qué se juega hoy?
E.P.: En estas elecciones vamos a tener, por un lado, el discurso de la campaña del Pacto Histórico, que va a plantear que los procesos de paz ya están maduros y que falta un empujoncito del nuevo Gobierno para lograr la paz. Y, por otra parte, otros sectores que están reflexionando sobre el orden público y que están pensando que la negociación es un componente para lograr la paz, pero el otro componente necesario es el fortalecimiento de las Fuerzas Militares y de la Policía Nacional, el fortalecimiento del control del Estado sobre el territorio y el debilitamiento de las rentas ilegales. Es decir, la negociación es un componente, pero la negociación por sí misma no basta si no existe una clara superioridad estratégica por parte del Estado. Lo que en el pasado Virgilio Barco y otros presidentes llamaron el garrote y la zanahoria. Si solamente hay zanahoria, se incentiva a los grupos armados para continuar en armas. Cuando hay zanahoria y también garrote, como pasó con las Farc, que fueron debilitadas en la era Uribe, pero negociaron con Santos, hay un camino posible.

SEMANA: A Iván Cepeda le sacan en cara ser el “arquitecto de la paz total”. ¿Qué papel jugó él en esa apuesta?
E.P.: Sí, Iván Cepeda propuso el nombre en una entrevista al inicio del Gobierno Petro: la paz total. Planteó que el modelo de negociación grupo por grupo había fracasado. Entonces, en vez de negociar de manera escalonada en el tiempo –M-19, EPL, Quintín Lame, PRT, CRS, Farc–, el modelo de paz total sería no solamente con los grupos de origen político, sino también de origen criminal. Iván Cepeda propuso ese título, la paz total, y él se puso al frente de las negociaciones, por ejemplo, con el Ejército de Liberación Nacional (ELN). Entonces, sí, él ha sido un activista importante de este modelo. Creo que Iván Cepeda debería explicarle al país en la campaña cuáles van a ser los cambios profundos que él propone a este modelo fracasado. Iván Cepeda debería tener el valor de reconocer que la paz total no dio resultados y presentarle al país una profunda rectificación de un modelo fracasado.

SEMANA: Se entiende que Iván Cepeda es la zanahoria, pero ¿qué piensa de los candidatos que proponen garrote duro? ¿Arreglan el problema?
E.P.: Yo creo que sería muy negativo pasar de la paz total a la guerra total. Pienso que lo ideal sería pasar hacia un modelo que busque lo que los expertos denominan el debilitamiento estratégico de los grupos armados y la convicción de que no pueden lograr sus resultados por la vía de las armas. Hay dos ejemplos extraordinarios: el caso del País Vasco español, donde la gran movilización de los vascos le mostró a ETA que no tenía ninguna viabilidad y transitaron de las armas a la política. La otra experiencia fue Irlanda del Norte, donde la gran movilización ciudadana contra el Ejército Republicano Irlandés llevó a este grupo armado a entender que su objetivo de separar por la vía de las armas a Irlanda del Norte de Gran Bretaña no era viable. ¿Qué requiere el próximo Gobierno? Que combinemos un fortalecimiento del Estado con una gran movilización nacional, como en 2008, cuando millones se movilizaron contra las Farc, contra el uso de las armas.

SEMANA: En materia de paz, ¿qué diferencias ve entre el modelo que propone Paloma Valencia y el de Abelardo de la Espriella?
E.P.: Considero que en un país como Colombia, eventualmente, un modelo que solamente ponga el acento en medidas de carácter militar y de orden público no sería el ideal, porque tenemos un conflicto muy delicado y muy prolongado. En el caso de Paloma Valencia, habría más sutileza en el manejo de paz y guerra. Abriría caminos que podrían ser más eficaces para lograr la paz. Con Paloma Valencia habría la voluntad, pienso yo, de fortalecer a las Fuerzas Militares.
SEMANA: ¿Y con Abelardo de la Espriella, sobre todo, garrote?
E.P.: Es lo que él ha planteado. Es muy probable que sea un tema de campaña electoral y que, si llega a la presidencia, entienda que el ideal para Colombia no sería un modelo de orden público exclusivamente, sino que habría que tener siempre una puerta abierta para grupos que decidan abandonar las armas. Espero que Abelardo de la Espriella se aproxime a ese modelo, porque uno piensa mucho en el modelo Bukele, que tiene el 93 por ciento de popularidad y rescató al país de los grupos criminales, pero yo no tengo certeza de que se pueda replicar en Colombia. Se trata de grupos armados muy poderosos, con rentas y con control territorial, y de pronto ese modelo aplicado estrictamente en Colombia podría agravar el orden público. Creo que el modelo aquí es tener siempre una puerta abierta.
SEMANA: Usted se encuentra en la campaña de Sergio Fajardo, quien, a la fecha, no se ve con ninguna posibilidad. Algunos han dicho que cada voto por Fajardo es un voto para Iván Cepeda. ¿Qué piensa al respecto?
E.P.: Creo que, independientemente de los resultados de la primera vuelta, el voto por Sergio Fajardo es un profundo mensaje que sentimos miles y miles de colombianos a favor de una nueva forma de acción política fundada en la construcción de consensos y acuerdos sobre lo fundamental, como los denominaba el sacrificado líder conservador Álvaro Gómez Hurtado.
