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Bancada electa del Pacto Histórico
- Foto: Prensa Roy Barreras

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La dura batalla al interior del Pacto Histórico por quedarse con el poder, ¿quién ganará?

La presidencia del Congreso, la elección de contralor y la conformación de gabinete han sido algunos de los rounds en medio de esta batalla.

Las aguas al interior del Pacto Histórico están agitadas. A pesar de que han logrado convertirse en la fuerza política más influyente del país, con presidente de la República a bordo, al interior de la colectividad se libra una dura batalla por el poder entre el petrismo duro, que siempre ha acompañado a Gustavo Petro, y lo que algunos han llamado el ‘neopetrismo’, representado en aquellos líderes políticos de partidos tradicionales que se matricularon ahora con el nuevo jefe de Estado.

En el petrismo duro hay malestar por las fotos que se ha tomado Petro con el establecimiento político y las concesiones que ha empezado a hacer, y que tendría que seguir haciéndoles, a los partidos tradicionales.

En voz baja, le critican que haya atendido más a sus opositores ―se ha reunido con el expresidente Álvaro Uribe, el exvicepresidente Germán Vargas Lleras, el expresidente César Gaviria― que a quienes estuvieron con él durante toda la campaña y lo llevaron al poder. Incluso, influencers petristas aseguran que ya no les contestan el teléfono.

“Cambio sí, pero no a cualquier precio. Cambio sí, pero no con cualquiera. Reconciliación sí, pero sincera, no por intereses. Esta causa no se puede entregar a quienes asesinaron a miles de colombianos, a quienes despojaron a millones de campesinos, ni a quienes saquean el Estado”, escribió hace poco el senador Gustavo Bolívar, quien representa en buena medida el malestar del ala radical del Pacto Histórico.

En el fondo, la molestia no es solo por la apertura del nuevo gobierno hacia políticos tradicionales, sino porque sienten que una a una han ido perdiendo las batallas por el poder, con el llamado ‘neopetrismo’, representado en Roy Barreras, Alfonso Prada y los líderes provenientes del gobierno de Juan Manuel Santos, quienes se han llevado la mejor parte de la torta.

La primera batalla que perdió el petrismo pura sangre fue la presidencia del Congreso. El guiño que le dio Gustavo Petro a Roy Barreras para que ocupara esta dignidad cayó como un baldado de agua fría en el Pacto Histórico.

“Roy es importante en ese rol y tiene la ‘experiencia’, pero no, no representa el cambio por el que estamos luchando muchos en este proyecto”, fue el comentario del senador Gustavo Bolívar.

En el mismo sentido se pronunció el senador Alexander López, quien dijo que esta elección “no fue democrática”.

La otra batalla que el petrismo pura sangre tiene prácticamente perdida es la elección de contralor. Bolívar acusó al senador Barreras de estar “en campaña por una candidata del actual contralor para garantizar el ‘tapen, tapen’ cuatro años más”.

Esta revista confirmó que la candidata a la cual hace referencia Bolívar es la abogada María Fernanda Rangel, directora de la Dirección de Información, Análisis y Reacción Inmediata (Diari), en la Contraloría.

Rangel es la candidata del ala oficialista del Partido Liberal, es cercana a Roy Barreras y la ven con buenos ojos en un sector de la Alianza Verde, además de ser una de las fichas del actual contralor Felipe Córdoba. Trabajó con Juan Fernando Cristo, miembro de la Coalición Centro Esperanza, cuando este fue presidente del Senado y luego ministro del Interior. Es una de las más opcionadas.

Esta candidata, no obstante, no cae bien en el petrismo radical, que tenía como su principal candidato al exvicecontralor Julio César Cárdenas Uribe, quien no quedó dentro de los 10 finalistas seleccionados por el anterior Congreso.

Además, no quieren que el entre de control quede en manos de alguien cercano al actual contralor ni al ala del Pacto Histórico liderada por Roy Barreras.

Gabinete

Otro pulso en el que siente que no han salido muy favorecidos es en la conformación de gabinete. Si bien todos los designados hasta el momento han caído bien en el Pacto Histórico, apenas reconocen a dos como representantes del petrismo puro: la ministra de Ambiente, Susana Muhamad, concejal de Colombia Humana y quien estuvo con Petro en la Alcaldía de Bogotá, y la ministra de Cultura, Patricia Ariza, sobreviviente del genocidio de la Unión Patriótica y quien salió a las calles durante el paro nacional.

Álvaro Leyva, quien será nombrado canciller, fue recibido con buenos ojos, pero no representa a todo este sector político. A Carolina Corcho la ven como un nombramiento más de Petro que del petrismo, al igual que Iván Velásquez, mientras que Cecilia López, José Antonio Ocampo y Alejandro Gaviria les son ajenos.

El próximo embajador de Colombia en Estados Unidos, Luis Gilberto Murillo, viene de la campaña de Sergio Fajardo y del gobierno de Juan Manuel Santos, en el que fue ministro de Ambiente.

Y, para completar, entre los nombres que han estado en el sonajero para ocupar cargos clave en el gobierno, la mayoría son líderes que vienen del gobierno Santos o de los partidos tradicionales: Alfonso Prada, Luis Fernando Velasco, Juan Fernando Cristo y José Luis Correa, este último, quien este 20 de julio terminó su periodo como representante a la Cámara del Partido Liberal.

Los nombramientos que sí cayeron muy bien fueron los de la lideresa social arhuaca Leonor Zalabata Torres, quien será embajadora ante la ONU en Nueva York; Patricia Tobón, abogada emberá y comisionada de la Verdad, quien dirigirá la Unidad de Víctimas, y Giovani Yule, sociólogo Nasa, quien dirigirá la Unidad de Restitución de Tierras.

Por ahora, la única batalla desde el punto de vista político que ha ganado el petrismo pura sangre ha sido la elección de David Racero como presidente de la Cámara.

Petro no se ha pronunciado sobre el malestar que hay en un sector del petrismo y tampoco le ha reclamado o ha desautorizado a Gustavo Bolívar. El nuevo jefe de Estado tiene que jugar al equilibrismo, pues no gobierna para un solo partido.