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El extraño hábito que le hace daño, pero su cerebro lo usa para mantenerlo vivo

La psicología explica por qué ciertos comportamientos que generan daño no son fallas de carácter, sino respuestas del cerebro ante amenazas percibidas.

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6 de enero de 2026, 5:20 p. m.
El cerebro humano puede generar hábitos dañinos como estrategia de supervivencia, según expertos en psicología evolutiva.
El cerebro humano puede generar hábitos dañinos como estrategia de supervivencia, según expertos en psicología evolutiva. Foto: Getty Images

Hábitos que parecen autodestructivos pueden cumplir una función inesperada: protegernos. Expertos en neurociencia y psicología sostienen que el cerebro prioriza la supervivencia antes que el bienestar, incluso cuando eso implica conductas que hoy resultan perjudiciales.

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Cuando dañarte parece una estrategia de supervivencia: ¿qué dice la ciencia?

Aunque pueda sonar paradójico, ciertos comportamientos que comúnmente consideramos “dañinos” o irracionales, como postergar tareas importantes, evitar relaciones sociales o incluso provocarse pequeños daños físicos, podrían estar íntimamente ligados a mecanismos de supervivencia profundamente arraigados en el cerebro.

Según el psicólogo clínico Charlie Heriot-Maitland, de la Universidad de Stanford, estas conductas no son simples hábitos negativos, sino respuestas adaptativas que emergen para reducir la exposición a amenazas impredecibles.

De a cuerdo a lo que se registra en el artículo de Infosalus, Heriot-Maitland explica en su libro Controlled Explosions in Mental Health, que el cerebro humano no está diseñado principalmente para buscar bienestar o felicidad, sino para garantizar la supervivencia ante posibles peligros.

En ese marco, el cerebro prefiere enfrentar una amenaza interna conocida, incluso si provoca malestar, que exponerse a una situación externa incierta.

Por eso, conductas como la procrastinación o el aislamiento pueden surgir como formas de “daño controlado”, una manera de ensayar, anticipar o reducir el impacto de posibles fracasos, rechazos o pérdidas que el individuo percibe como amenazas.

Este enfoque sugiere que detrás de lo que llamamos autosabotaje hay un sistema de alarma evolutivo que, aunque útil en contextos de supervivencia real, hoy puede manifestarse en hábitos que perjudican el bienestar psicológico y social de las personas.

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Comportamientos autodestructivos a veces reflejan mecanismos cerebrales diseñados para enfrentar amenazas y mantenernos “a salvo”. Foto: Getty Images

Mecanismos cerebrales y cómo romper el ciclo dañino

Desde una perspectiva evolutiva, el cerebro humano ha desarrollado sensores de amenaza altamente sensibles, que históricamente ayudaron a nuestros antepasados a detectar peligros y responder rápidamente para mantenerse con vida. Este sistema de alerta sigue activo, incluso cuando las amenazas ya no son físicas o inminentes, sino sociales o emocionales. El resultado es que el cerebro interpreta situaciones complejas o impredecibles como riesgos, y responde con estrategias conocidas —aunque nocivas— para mantener un sentido de control.

Según Heriot-Maitland, estos patrones de comportamiento se pueden vincular a experiencias vitales difíciles, como traumas o exposiciones tempranas, a situaciones de estrés, donde el cerebro aprende que ciertas conductas que ayudan a minimizar el dolor esperado.

A pesar de que estas respuestas pueden aliviar temporalmente la ansiedad, también pueden convertirse en profecías autocumplidas, reforzando creencias de incapacidad o rechazo.

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De acuerdo a lo que indica el especialista, romper este ciclo requiere más que fuerza de voluntad.

El autor propone que la autocompasión y la conciencia del propio comportamiento son pasos fundamentales para reconfigurar hábitos dañinos.

En lugar de castigarse por actuar de forma autodestructiva, aprender a reconocer la función protectora que esas acciones cumplieron en el pasado puede ser el primer paso para sustituirlas por respuestas más saludables y adaptativas.


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