La erupción del volcán Hunga Tonga en 2022 activó una reacción química que eliminó parte del metano que había liberado a la atmósfera. La clave para detectar este proceso estuvo en el formaldehído, un compuesto que permanece activo durante pocas horas y funciona como una huella de la destrucción del metano.

Los investigadores analizaron imágenes satelitales de la enorme nube generada por la erupción y encontraron concentraciones inusualmente altas de este compuesto. El Dr. Maarten van Herpen, de Acacia Impact Innovation, explicó que “nos sorprendió ver una nube con una concentración récord de formaldehído”.

El equipo pudo seguir la nube durante 10 días, hasta Sudamérica. Como el formaldehído desaparece rápidamente, su presencia durante ese periodo indicó que la destrucción del metano se mantuvo activa durante más de una semana.
El hallazgo también reveló un proceso que no había sido considerado de esta manera. Según van Herpen, “se sabe que los volcanes emiten metano durante las erupciones”, pero la ceniza volcánica también habría contribuido a eliminar parte de este gas.
Química entre ceniza, sal y luz solar
La explicación estaría en la combinación de ceniza volcánica, agua salada y luz solar. Como el Hunga Tonga entró en erupción bajo el océano, lanzó grandes cantidades de agua de mar junto con material volcánico hacia la atmósfera.
Los investigadores plantean que esta mezcla favoreció la formación de partículas capaces de liberar cloro al recibir luz solar. Este elemento es altamente reactivo y puede atacar las moléculas de metano, contribuyendo a su descomposición.

El profesor Matthew Johnson, de la Universidad de Copenhague, calificó el hallazgo como “completamente sorprendente”, porque el mecanismo parece producirse en la estratosfera, donde las condiciones físicas son diferentes.
El descubrimiento también podría llevar a revisar los cálculos sobre el balance mundial de metano. Johnson señaló que “el polvo atmosférico —por ejemplo, de una erupción volcánica— impacta el balance de metano”, pese a que este factor no se había incorporado completamente en las estimaciones.
Satélites siguieron la reacción
Para confirmar la señal de formaldehído, los investigadores tuvieron que ajustar las mediciones del instrumento TROPOMI, instalado en el satélite Sentinel-5P. La Dra. Isabelle De Smedt, del Instituto de Aeronomía Espacial de Bélgica, explicó que detectar el compuesto en una columna volcánica estratosférica estaba “muy fuera de las condiciones operativas estándares del instrumento”.
Después de las correcciones, el equipo confirmó que la señal era real y pudo utilizarla para seguir la destrucción del metano desde el espacio.
El Dr. Jos de Laat, del Instituto Meteorológico de Países Bajos, destacó la dificultad de comprobar cuánto metano desaparece de la atmósfera. “Es muy difícil”, afirmó.
El hallazgo podría inspirar nuevas investigaciones para acelerar la eliminación del metano atmosférico. Sin embargo, Johnson advirtió que cualquier intento de replicar el fenómeno debería demostrar primero que es “seguro y eficaz”.
