Las imágenes generadas con IA se han convertido en una de las tendencias más populares en redes sociales. Una de las que ha llamado la atención recientemente consiste en transformar fotografías actuales para recrear la apariencia de los años 80, incorporando peinados, vestuario, escenarios y estilos característicos de esa época.

Para participar en esta tendencia, solo necesita una foto del rostro y una indicación a la herramienta de IA. A partir de ella, el sistema puede conservar los principales rasgos de la persona y recrear su imagen con detalles característicos de los años 80.
El peligro detrás de esta tendencia
Aunque participar en esta tendencia puede parecer una forma divertida de sumarse a la nostalgia, expertos de Kaspersky advierten que este tipo de prácticas también pueden plantear riesgos para la privacidad digital. Los usuarios suelen proporcionar fotografías nítidas y de alta calidad de su rostro, imágenes que pueden contener información suficiente para que se procesen características biométricas.

El rostro es un dato sensible, ya que, a diferencia de una contraseña, “no puede simplemente reemplazarse si la información asociada a él termina comprometida”. Además, mediante sistemas de reconocimiento facial, “una imagen puede ser analizada para identificar características particulares de una persona y generar patrones que permitan reconocerla o diferenciarla de otras”, según los expertos.
Una fotografía del rostro también puede adquirir mayor valor para los ciberdelincuentes cuando se combina con información disponible en internet, como nombres, perfiles en redes sociales, números de teléfono u otros datos personales. Con estos elementos, podrían construirse perfiles falsos, generar contenido manipulado mediante IA o diseñar intentos de suplantación y estafas de ingeniería social más personalizados.

El riesgo podría ser mayor cuando se siguen tendencias virales sin comprobar qué empresa está detrás de la herramienta, qué tratamiento reciben las imágenes, cuánto tiempo permanecen almacenadas o si pueden utilizarse para otros propósitos. Según las políticas de cada servicio, la fotografía enviada para crear el retrato podría conservarse durante un periodo determinado e incluso emplearse posteriormente para fines como el desarrollo o entrenamiento de modelos de IA.
Además, una selfie también puede contener información que va más allá del rostro de la persona. Elementos que aparezcan en segundo plano, como documentos, identificaciones, uniformes, lugares fácilmente reconocibles o menores de edad, pueden aportar datos adicionales que permitan conocer detalles sobre su identidad.

De acuerdo con un estudio de Kaspersky, el 30% de los usuarios en América Latina admite que no revisa los permisos solicitados por una aplicación antes de instalarla, ya sea porque la información es demasiado extensa o porque no le presta atención.
¿Cómo reducir los riesgos?
Para participar en estas tendencias de forma más segura, los expertos recomiendan utilizar aplicaciones conocidas y revisar qué ocurrirá con las fotografías antes de cargarlas, especialmente si serán almacenadas o utilizadas para otros fines.
También es importante limitar los permisos al mínimo necesario y comprobar que la imagen no muestre documentos, credenciales, direcciones, placas, uniformes u otros elementos que puedan revelar información personal adicional.
