Desde la nevera y la lavadora hasta el televisor y el microondas, los electrodomésticos facilitan las tareas del hogar y contribuyen a mejorar la calidad de vida. Sin embargo, su uso constante también ha generado una creciente preocupación por el consumo de energía y el impacto que este tiene en el presupuesto de las familias.
Uno de los principales motivos de inquietud es que muchos aparatos permanecen conectados durante largos periodos, lo que supone un consumo continuo de electricidad. A esto se suman otros dispositivos que, aunque no estén en funcionamiento, siguen gastando energía en modo de espera, un fenómeno conocido como “consumo fantasma”.
En el día a día se utilizan numerosos electrodomésticos y, si bien esto suele asociarse con un mayor gasto energético, la clave para mantener la factura bajo control no está en dejar de usarlos, sino en aprender a utilizarlos de forma eficiente.

Uno de los aspectos más importantes es optar por aparatos con etiqueta de eficiencia energética. Si bien los electrodomésticos de bajo consumo pueden representar una inversión inicial más alta, a largo plazo permiten reducir de manera significativa el gasto en electricidad.

De acuerdo con Celsia, en Colombia la etiqueta de eficiencia energética incluye información clave como la clase de eficiencia (de la A a la G), el consumo anual de energía en kilovatios hora (kWh) y la capacidad o características técnicas del equipo. Estos datos ayudan a identificar cuánto consume un electrodoméstico y si se ajusta a las necesidades del hogar.
También se recomienda pensar a largo plazo, dado que los equipos más eficientes, pese a que pueden ser más costosos al inicio, generan ahorros sostenidos en la factura de energía. Aprovechar promociones para reemplazar electrodomésticos antiguos por otros de menor consumo puede ser una buena estrategia.

Asimismo, es fundamental desconectar los dispositivos que no se estén utilizando. Muchos aparatos continúan consumiendo energía aun cuando están apagados, como televisores, equipos de sonido o cargadores conectados innecesariamente, lo que puede incrementar el valor del recibo sin que el usuario lo perciba.
Por último, no hay que olvidar el mantenimiento de los equipos. Filtros sucios, neveras con sellos en mal estado o aires acondicionados sin limpieza periódica deben trabajar con mayor esfuerzo y, en consecuencia, consumen más electricidad. Mantenerlos en buen estado mejora su rendimiento y contribuye a reducir el gasto energético.
