Durante siglos, la humanidad ha intentado calcular cuándo llegará el fin del mundo. Civilizaciones antiguas lo atribuyeron a profecías, mientras que la cultura popular moderna suele imaginarlo como el resultado de un impacto de asteroide, una guerra nuclear o una invasión extraterrestre. Sin embargo, la ciencia plantea un escenario mucho menos espectacular: el responsable del fin de la Tierra no vendrá del espacio exterior, sino que ha estado sobre nuestras cabezas desde el primer día.

Aunque diferentes películas suelen mostrarnos el fin de la Tierra como un evento provocado por un asteroide o una catástrofe repentina, las proyecciones científicas apuntan a un escenario mucho más lento. Y es que la Nasa señala que el gran culpable de que el planeta deje de ser habitable será la estrella central del sistema solar.
Aunque actualmente la existencia del planeta es gracias al Sol, debido a que es la principal fuente de luz y calor, además de que permite diferentes procesos naturales como la fotosíntesis que ayuda a la creación de oxígeno, se estima que en algún punto de la historia este será el responsable de la inhabitabilidad.
Según los estudios, el Sol se encuentra aproximadamente en la mitad de su vida y le queda energía para sobrevivir durante 5.000 millones de años más, por lo que este problema será un conflicto para las futuras generaciones.
Se señala que este escenario ocurrirá mucho antes de que el Sol alcance su última etapa. En esa fase final, la Tierra ya habría perdido su capacidad para albergar vida desde mucho tiempo atrás.
Esto sucedería debido a que el planeta tendría cambios significativos en la atmósfera y en la temperatura. Eso causaría variaciones drásticas en el oxígeno, lo que no permitiría la existencia de vida animal, vegetal ni humana.

Aunque estos escenarios puedan ser difíciles de imaginar para la humanidad, los investigadores consideran que son fundamentales para comprender la evolución de los planetas habitables y para orientar la búsqueda de vida en otros lugares del universo. Estos estudios permiten entender mejor el papel que desempeñan las estrellas en el desarrollo y desaparición de las condiciones necesarias para la vida.
Las investigaciones desarrolladas por científicos de la NASA y la University of Warwick indican que el destino final de nuestro Sol, tras entrar en una fase denominada gigante roja en la que comenzará a crecer cientos de veces más de su tamaño actual, será convertirse finalmente en una enana blanca, el remanente que queda tras la muerte de una estrella.
Los planetas más cercanos a este acontecimiento serán devorados por dicho proceso. Mientras que todavía no se tiene certeza de cuál será el destino de la Tierra en esta situación, algunos científicos sugieren que también podría ser devorada y otros dicen que podría sobrevivir, pero con graves daños.
Todavía faltan miles de millones de años para que esto suceda, pero ya es uno de los grandes descubrimientos científicos que marcan y marcarán cómo esl la relación de los humanos con el planeta y el universo que les rodea.
