Las llamadas spam resultan incómodas sin importar el momento en que se reciban. Rara vez aportan algún beneficio al usuario y, en muchos casos, generan desconfianza ante la posibilidad de una estafa o fraude.
Sin embargo, con la llegada de la IA, la percepción cambió. Pese a los intentos de fabricantes como Samsung y Google, de las medidas gubernamentales y de las acciones de las operadoras, este tipo de llamadas sigue en aumento. Frente a ellas, la reacción habitual es colgar o rechazarlas, aunque ese gesto podría convertirse, paradójicamente, en el mayor error.

De acuerdo con el sitio web Xatakamovil.com, las llamadas no se realizan al azar ni responden a un intento de suerte para ver quién atiende. Detrás de ellas hay bases de datos organizadas y perfiles definidos según los objetivos de quien las realiza, y cada intento aporta información relevante, incluso cuando el usuario no responde, aunque no lo perciba así.
Por ejemplo, colgar o rechazar una llamada sin responder puede interpretarse, para los sistemas de inteligencia artificial que procesan estos datos, como una señal de que la línea está activa, lo que incrementa su valor.

Esta acción solo podría indicar que deben insistir más adelante, ya que, aunque no se atienda, el número está operativo. Incluso, ignorar repetidamente las llamadas puede hacer que el sistema automatizado entre en un ciclo constante de intentos.
Además, aunque muchos expertos suelen advertir que no conviene responder con un simple “sí” por el riesgo de grabaciones indebidas, lo más efectivo es contestar de forma breve y clara. Frases cortas como “dígame”, seguidas de un “no me interesa” o un “¿de dónde obtuvo este número?”, transmiten una negativa firme y reducen la probabilidad de recibir nuevas llamadas, al menos dentro de esa misma campaña.

Por su parte, entre las medidas básicas frente a las llamadas spam, destacan aquellas que ya se recomiendan con frecuencia. Es fundamental activar los filtros de bloqueo que incluyen los teléfonos móviles, especialmente eficaces en algunos modelos, y mantener el sistema siempre actualizado para mejorar su rendimiento.
También es clave no facilitar información personal ni datos financieros bajo ninguna circunstancia y revisar con atención los permisos que se aceptan al registrarse en servicios digitales o presenciales, ya que en muchos casos los propios usuarios autorizan la cesión de su información a terceros.










