El Servicio de Distribución de Información Visual de Defensa de Estados Unidos divulgó recientemente imágenes que dejan en evidencia una práctica cada vez más común en las fuerzas militares: el uso de robots armados en operaciones junto a los soldados. Estas tecnologías buscan reforzar las capacidades en el campo de batalla y reducir riesgos para el personal humano.

En esta ocasión, el protagonista fue el vehículo terrestre no tripulado Hunter Wolf (UGV), fabricado por HDT Robotics, la división de robótica de Blade HDT, que operó junto a integrantes de la 3.ª Brigada Móvil de la 101.ª División Aerotransportada durante un ejercicio de combate simulado.
Se trata de un vehículo terrestre no tripulado con configuración 6x6 y sistema de propulsión híbrido diésel-eléctrico, concebido para respaldar a unidades de infantería ligera en terrenos complejos donde un vehículo convencional tendría limitaciones.
Cuenta con capacidad de carga de hasta 1.270 kilogramos y dimensiones aproximadas de 2,5 metros de largo, 1,4 de ancho y 1 de alto, lo que le permite desplazarse con relativa facilidad en distintos entornos.
En cuanto a su rendimiento, puede recorrer hasta 300 kilómetros fuera de carretera sin necesidad de repostar y dispone de un modo silencioso alimentado únicamente por batería que alcanza cerca de 12 kilómetros.
Su velocidad máxima es de 16 km/h, con la capacidad de atravesar cursos de agua de hasta 60 centímetros y superar pendientes pronunciadas de hasta 30 grados, así como inclinaciones laterales de 22 grados.
La participación de este vehículo terrestre no tripulado refleja el cambio de enfoque de Estados Unidos, que está pasando de la fase de pruebas a la incorporación real de estos sistemas en sus Fuerzas Armadas. En lugar de utilizarlos únicamente en entornos controlados, las unidades ya los integran en simulaciones de combate más exigentes y cercanas a situaciones reales.
Durante el ejercicio, este vehículo no tripulado cumplió tareas de apoyo logístico y también de seguridad, gracias a su equipamiento con una ametralladora calibre .50 controlada de forma remota. Según el medio especializado, su despliegue en un entrenamiento de alta intensidad resalta la importancia de evaluarlo en condiciones más complejas y no en escenarios diseñados exclusivamente para pruebas.

Además de su capacidad de transporte, el vehículo incorpora un radar EchoShield, lo que le permite desempeñar labores de vigilancia y protección. Esta tecnología amplía su alcance en el terreno, facilitando la detección de posibles amenazas sin necesidad de exponer directamente a las tropas.
Gracias a esta combinación, las unidades pueden mejorar tanto su capacidad de observación como de respuesta. El robot tiene la posibilidad de adelantarse, inspeccionar zonas y reaccionar ante riesgos, mientras los militares permanecen resguardados, lo que incrementa la seguridad en operaciones de alta exigencia.

En el ámbito logístico, el sistema puede trasladar suministros clave como munición, agua, baterías, drones y equipos de comunicación. También está diseñado para despejar rutas y supervisar áreas estratégicas.
Este enfoque responde a las dinámicas actuales del combate, donde se prioriza la movilidad, la dispersión y el bajo perfil, permitiendo apoyar a grupos pequeños en extensiones amplias y reforzar tanto el reconocimiento como la defensa local.
