El Instituto Geográfico Agustín Codazzi (IGAC) emitió el pasado 20 de enero la primera alerta en Colombia por una tormenta geomagnética severa. La entidad explicó que, tras realizar labores de monitoreo, se identificó que este fenómeno de origen solar podría generar alteraciones importantes en el campo magnético de la Tierra, con posibles efectos sobre distintos sistemas tecnológicos en el país.
“El seguimiento continuo, iniciado a la 1:00 p. m. del 19 de enero, ha evidenciado alteraciones significativas en el campo magnético terrestre, producto de la interacción entre una intensa actividad solar y la magnetosfera, la capa que protege a la Tierra de la radiación proveniente del Sol”, según la entidad.

Por su parte, el Centro de Predicción del Clima Espacial del Servicio Meteorológico Nacional de Estados Unidos (SWPC, por sus siglas en inglés), clasificó el evento como una tormenta de radiación solar de nivel cuatro sobre cinco y la describió como “la mayor tormenta de radiación solar en más de 20 años”.
¿Cuáles son los efectos que tendría en la Tierra?
Aunque este tipo de fenómenos solares no representa un riesgo directo para la salud de las personas, sí puede generar impactos en la infraestructura tecnológica, como interferencias en satélites que orbitan la Tierra y, en escenarios extremos, fallas en transformadores de redes eléctricas de alta tensión que podrían desencadenar apagones de gran magnitud.

Según información del IGAC, “puede ocasionar intermitencias o fallas temporales en las comunicaciones móviles, el servicio de Internet, los sistemas de navegación satelital (GNSS) y la captura de coordenadas en tiempo real”.
Pero, ¿qué es una tormenta solar?
Una tormenta solar —también denominada tormenta geomagnética— se produce cuando el Sol libera grandes cantidades de partículas cargadas y radiación electromagnética que interactúan con el campo magnético y la atmósfera superior de la Tierra, según explica National Geographic.

Este tipo de fenómenos se origina a partir de procesos solares como las eyecciones de masa coronal, las erupciones solares y las corrientes de viento solar de alta velocidad.
La energía liberada en estos eventos recorre millones de kilómetros a través del sistema solar hasta alcanzar el planeta, donde puede alterar el equilibrio del campo electromagnético terrestre.

Al llegar a la Tierra, estas partículas pueden generar corrientes geomagnéticas inducidas en la superficie, afectar redes eléctricas y sistemas de comunicación, y dar lugar a la aparición de auroras tanto en latitudes altas como, en casos intensos, en zonas poco habituales.
Para medir la intensidad de estos fenómenos, la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica de Estados Unidos (NOAA) utiliza una escala de cinco niveles basada en el índice geomagnético Kp, el cual evalúa las variaciones del campo magnético terrestre. Esta clasificación permite estimar el alcance de los efectos que una tormenta solar puede provocar sobre la infraestructura tecnológica y energética.

En los niveles más bajos, como G1 y G2, los impactos suelen ser leves o moderados, con pequeñas fluctuaciones en las redes eléctricas y auroras visibles en regiones cercanas a los polos.
A partir de G3, los efectos pueden intensificarse, afectando la navegación satelital y el control de los sistemas eléctricos. En los niveles más altos, G4 y G5, se presentan riesgos severos, como interrupciones generalizadas en comunicaciones, posibles daños a transformadores y auroras visibles en latitudes mucho más bajas de lo normal.










