Entre los avances más relevantes en el ámbito de los electrodomésticos, las freidoras de aire se han consolidado como una de las opciones más destacadas por los beneficios que ofrecen. Para quienes buscan cocinar de manera más saludable, con menor consumo de grasa y un ahorro significativo de tiempo, este dispositivo representa una alternativa eficiente.
La air fryer se ha popularizado por su capacidad de preparar una amplia variedad de alimentos sin necesidad de añadir grandes cantidades de aceite. Permite cocinar pollo, alitas, papas y otros platos con un mínimo de grasa, lo que contribuye a reducir el aporte calórico y a mantener una alimentación más equilibrada, sin sacrificar sabor ni textura.
Aunque su uso es sencillo, existen algunas recomendaciones clave para obtener resultados crujientes y uniformes. Es fundamental ajustar la temperatura según el tipo de alimento, rociar o mezclar los ingredientes con una pequeña cantidad de aceite y asegurarse de escurrirlos bien antes de colocarlos en la canastilla. Asimismo, no se debe sobrepasar la capacidad del recipiente, ya que dejar espacio favorece la correcta circulación del aire y una cocción homogénea.

Su creciente popularidad ha motivado la realización de diversos estudios para analizar su funcionamiento y posibles efectos. Uno de ellos, publicado en la revista American Chemical Society ES&T Air, reveló que las freidoras de aire emiten menos compuestos volátiles de lo esperado durante su uso, especialmente en comparación con los métodos tradicionales de fritura con aceite.

No obstante, algunos alimentos generan una mayor liberación de partículas, especialmente aquellos con alto contenido graso o que han sido sometidos a una fritura previa. A esto se suma el mantenimiento del equipo: una freidora mal limpiada puede incrementar estas emisiones, de ahí la importancia de realizar una limpieza regular después de cada uso.
El estudio analizó las emisiones de contaminantes durante la preparación de 12 alimentos distintos y concluyó que estas varían según el tipo de comida, debido principalmente a reacciones químicas durante la cocción y a la descomposición de las grasas. En general, los niveles de compuestos orgánicos volátiles, óxidos de nitrógeno y partículas ultrafinas fueron inferiores a los generados por la fritura tradicional, salvo en alimentos con alto contenido graso, que alcanzaron valores similares.
Además, no se detectaron emisiones relevantes cuando la freidora estaba vacía. Sin embargo, el uso prolongado y la acumulación de residuos en el aparato incrementaron de forma notable la emisión de contaminantes, incluso sin la presencia de alimentos.

Los experimentos se realizaron en una cámara de plexiglás sellada y ventilada, diseñada para controlar la temperatura, la humedad y el muestreo de aire, ubicada en un laboratorio de la Universidad de Birmingham. Antes de cada prueba, la cámara se limpiaba cuidadosamente para evitar contaminantes residuales.
Adentro se instaló una freidora de aire doméstica COSORI de 4,7 litros, alineada con el sistema de ventilación para garantizar una correcta mezcla del aire caliente. En este entorno se midieron con precisión las tasas de emisión y los perfiles químicos de partículas, compuestos orgánicos volátiles y óxidos de nitrógeno, así como su potencial de formación de ozono, aportando información clave sobre el impacto real de la fritura con aire en la calidad del aire interior.
