A lo largo de la historia, la humanidad ha intentado anticipar cómo podría ser el fin del mundo y qué acontecimientos podrían desencadenarlo. Desde antiguas profecías religiosas hasta hipótesis científicas sobre el destino del universo, este tema ha despertado curiosidad, temor y debate durante siglos.

El interés por el posible final de la vida en la Tierra también ha inspirado películas, libros y numerosas conversaciones en redes sociales, en las que se plantean distintas amenazas capaces de poner en riesgo a la humanidad.
Sin embargo, pese a las múltiples teorías que han surgido con el paso del tiempo, no existe una fecha exacta que permita predecir cuándo ocurriría un acontecimiento de esta magnitud.
Una de las predicciones que más llama la atención es la de un estudio publicado en 1960 en la revista Science, elaborado por Heinz von Foerster y sus colaboradores.
Los investigadores calcularon que el crecimiento de la población mundial alcanzaría un punto matemático singular el viernes 13 de noviembre de 2026, una fecha que terminó asociándose con una supuesta advertencia sobre el fin del mundo.

Para llegar a esa conclusión, los expertos analizaron el aumento de la población y observaron que parecía acelerarse con el paso de los años. Este comportamiento, según su planteamiento, estaba relacionado con la capacidad de los seres humanos para cooperar, desarrollar nuevas tecnologías y mejorar la producción de alimentos, entre otros factores.
A partir de esas observaciones, construyeron un modelo matemático que proyectaba un crecimiento poblacional sin límites hasta llegar a noviembre de 2026. No obstante, la investigación no anunciaba que el planeta fuera a desaparecer ese día. Su planteamiento señalaba que, si la tendencia continuaba sin cambios, la población alcanzaría un crecimiento insostenible desde el punto de vista matemático.
Sin embargo, los especialistas advierten que los modelos matemáticos no son profecías ni certezas sobre el futuro. Sus resultados dependen de las condiciones y tendencias utilizadas para realizar los cálculos, que pueden cambiar con el tiempo.

Aunque la fecha pueda generar inquietud por su asociación con el viernes 13 y las historias apocalípticas, no representa una amenaza real para la humanidad.
Más que anunciar el fin del mundo, aquella predicción buscaba llamar la atención sobre las consecuencias de un crecimiento demográfico acelerado y la presión que este podría ejercer sobre los recursos disponibles.
