El terremoto de magnitud 7,4 que sacudió a Colombia el 10 de agosto dejó más de 450.000 personas afectadas, cerca de 36.000 viviendas destruidas y más de 198.000 con daños, según el balance de las autoridades al 30 de agosto. También se registraron afectaciones en centros educativos y de salud.

La estimación inicial de reconstrucción superaba los $30 billones. Ante esta dimensión, el desafío no se limita a recuperar la infraestructura afectada, sino que incluye definir prioridades, coordinar esfuerzos y hacer seguimiento a los recursos y acciones destinadas a la recuperación.
Para Diana Arenas, referente en innovación y tecnología, con más de 15 años de experiencia en procesos de transformación y desarrollo de capacidades digitales, la situación plantea la necesidad de aprovechar los datos y las herramientas tecnológicas para apoyar la toma de decisiones, sin dejar de lado el conocimiento de las comunidades y las condiciones particulares de cada territorio.
Arenas destaca que durante una emergencia, se genera información a una velocidad difícil de replicar en circunstancias normales: reportes de daños, registros de damnificados, evaluaciones de necesidades, información geográfica, imágenes satelitales, datos de infraestructura y reportes de las comunidades. Según la experta, el reto está en conectar esas fuentes, verificar su calidad y convertir la información en evidencia que permita determinar dónde intervenir primero, qué recursos se requieren y cómo cambia la situación en cada territorio.

La reciente solicitud de la Procuraduría para completar y verificar los registros de damnificados y las evaluaciones de daños pone de relieve la importancia de contar con información confiable. La calidad de los datos puede incidir en la forma en que se priorizan recursos y se atienden necesidades.
Por ello, resalta Arenas, sistemas de información geográfica, imágenes satelitales y herramientas de analítica pueden complementar el trabajo de campo y el conocimiento de quienes viven en las zonas afectadas. Para Arenas, estas herramientas deben estar al servicio de las decisiones.
“La tecnología no reemplaza el conocimiento de los territorios. Lo potencia. La prioridad es lograr que la información disponible se convierta en evidencia útil para tomar decisiones oportunas y responder a las necesidades reales de las comunidades”, señaló Arenas.

La reconstrucción también requiere la participación coordinada de universidades, entidades públicas, empresas, organizaciones sociales, comunidades y equipos técnicos de los territorios. Cada uno cuenta con conocimientos y capacidades diferentes que pueden contribuir a evitar esfuerzos fragmentados.
En este escenario, de acuerdo con la experta, la tecnología puede facilitar el intercambio de información, hacer visibles las prioridades, coordinar tareas y permitir el seguimiento de compromisos y avances. Esto resulta relevante debido a las diferencias entre municipios y comunidades afectadas.
Arenas también plantea que la recuperación puede servir para dejar capacidades que permanezcan después de la emergencia, como información territorial actualizada, procesos para compartir datos entre instituciones y mecanismos de colaboración.
“La reconstrucción puede ser una oportunidad para conectar conocimiento, tecnología, talento, comunidades, empresas y Estado alrededor de las necesidades reales de los territorios. Cuando esas capacidades se articulan, la tecnología deja de ser un fin y se convierte en un habilitador. El desafío es que, al terminar la reconstrucción, Colombia no solo haya recuperado lo que perdió, sino que tenga un Estado y unos territorios con mayor capacidad para responder a lo que viene”, afirmó.
La transparencia constituye otro componente del proceso. Además de los resultados finales, el seguimiento requiere información sobre las necesidades identificadas, los recursos asignados, las intervenciones en marcha, los beneficiarios y los requerimientos que permanecen pendientes.

Contar con información trazable puede facilitar la gestión institucional y permitir que las comunidades conozcan las prioridades y hagan seguimiento a la recuperación. En una emergencia que puede prolongarse durante meses o años, esta información también puede contribuir a reducir incertidumbres.
En ese sentido, para Arenas, los datos pueden servir tanto para orientar decisiones como para conocer qué acciones se están ejecutando, dónde se desarrollan y cómo avanza la respuesta.
La reconstrucción también implica incorporar lo aprendido, fortalecer capacidades y aprovechar la información disponible para que los territorios estén mejor preparados ante futuras emergencias. La tecnología puede acompañar ese proceso siempre que se mantenga como una herramienta al servicio de las personas, las comunidades y las decisiones que deben tomarse.
