El equipo liderado por la química ambiental Taylor Evinger, vinculada al laboratorio de Brett Poulin en la Universidad de California en Davis, analizó muestras recolectadas entre 2022 y 2024 en seis cuencas hidrográficas de la cordillera Brooks, en Alaska. El estudio investiga cómo el deshielo del permafrost puede alterar la composición química de los ríos.

Según los investigadores, el calentamiento de estos suelos, congelados durante miles de años, permite que el agua penetre en capas más profundas y entre en contacto con minerales antiguos. Este proceso favorece su oxidación y la liberación de elementos como hierro, aluminio, manganeso, zinc, níquel, cadmio y tierras raras, que terminan incorporándose al agua.
Uno de los principales episodios de liberación de minerales se relacionó con el verano de 2019, considerado el más cálido desde que existen registros, seguido de un invierno con una acumulación de nieve excepcional. Según Evinger, el deshielo habría permitido que el agua penetrara más profundamente en el suelo e interactuara con los minerales.

Después de este episodio, los científicos detectaron un aumento significativo de sulfato y zinc en el agua. Aunque las concentraciones de ambos compuestos disminuyeron gradualmente durante los años siguientes, el hallazgo evidencia cómo las variaciones de temperatura pueden modificar la composición química de los ecosistemas acuáticos del Ártico.
Una extraña mancha naranja que se extiende sobre la superficie
Numerosos ríos y arroyos de Alaska, conocidos por sus aguas cristalinas, han adquirido una llamativa tonalidad naranja que incluso puede observarse desde el espacio. Las imágenes del satélite Landsat 9, operado por la Nasa y el Servicio Geológico de Estados Unidos (USGS), captaron en julio de 2023 el arroyo Tukpahlearik teñido de óxido.
Desde entonces, el fenómeno se ha extendido por la cordillera Brooks y afecta a más de 200 cuencas hidrográficas del norte de Alaska.
Las primeras observaciones llevaron a los científicos a explorar zonas remotas, algunas accesibles únicamente en helicóptero. Durante las expediciones, los investigadores encontraron nuevos cursos de agua afectados por esta coloración. Jon O’Donnell, ecólogo del Servicio de Parques Nacionales de Estados Unidos, describió algunos de estos lugares como espacios donde el agua parece “casi zumo de naranja lechoso”.
El aspecto de los ríos recuerda al drenaje ácido de las minas, un fenómeno asociado con la exposición de determinados minerales al agua y al oxígeno. Sin embargo, en los valles estudiados no existen explotaciones mineras que expliquen esta alteración. Por ello, los científicos investigan la relación entre el cambio de color y el deshielo del permafrost, una capa de suelo que permanece congelada durante largos periodos.

De acuerdo con el informe Arctic Report Card 2025 de la Administración Nacional Oceánica y Atmosférica (Noaa), el calentamiento del permafrost facilita la filtración de agua hacia depósitos minerales que antes permanecían aislados. Cuando los sulfuros, como la pirita, entran en contacto con el agua y el aire, pueden producir ácidos, sulfatos y metales que llegan a los ríos mediante las corrientes subterráneas.
La tonalidad naranja se debe principalmente a partículas de hierro oxidado presentes en el agua. No obstante, la Nasa también señala que los microorganismos del suelo pueden descomponer materia orgánica y liberar compuestos solubles que se oxidan al entrar en contacto con el oxígeno. Estos procesos pueden actuar simultáneamente y generar alteraciones químicas similares a las del drenaje minero, incluso en lugares alejados de la actividad industrial.

La situación preocupa a la comunidad científica por sus posibles efectos sobre las poblaciones rurales que dependen de los ríos para obtener agua y practicar la pesca de subsistencia. Sin embargo, la Universidad de California en Davis indica que, hasta el momento, no se han registrado mortandades masivas de peces ni problemas de calidad del agua potable en las comunidades estudiadas.
