A tres horas de Medellín, en el Magdalena Medio antioqueño, se encuentra un pequeño pueblo que resulta una buena opción para darse una escapada de fin de semana.

Con menos de 5.000 habitantes, este lugar es considerado tierra de paz y gente amable, un territorio con una gran riqueza en biodiversidad, lo que lo hace un destino mágico para visitar.
Se trata de Caracolí, en cuyas tierras es posible apreciar una variedad de ríos y bosques húmedos y tropicales que albergan gran cantidad de especies de fauna y flora. Además, es posible disfrutar de la imponente vista desde el Mirador del Cañón, según el portal Turismo Antioquia Travel.
A este municipio se le reconoce por ser uno de los de mayor influencia del Ferrocarril de Antioquia, al conservar aún la cultura antioqueña e incidir en el desarrollo de sectores productivos como la minería y el comercio.

Allí los viajeros también se encuentran con fincas productoras de cacao, caña y leche, lo que les permite disfrutar de la autenticidad y las actividades del campo.
Según información del portal Corregimientos de Antioquia, este municipio fue fundado por Rodolfo Ceballos y era un lugar que se había establecido como sitio de descanso para arrieros y mulas, un punto donde existía una pequeña fonda que inicialmente se denominó San Felipe de las Barajas y, posteriormente, Sardinas de la Plata.
Para el año 1905, Caracolí pasó a ser un corregimiento de San Roque y en 1963 obtuvo la categoría de municipio, y se dice que su nombre actual se derivó de la abundante cantidad de árboles de esa especie que había en la época de su fundación.

¿Cuáles son sus atractivos?
Uno de los sitios imperdibles son las Cavernas del Nus, un lugar de una gran diversidad de materiales como el cuarzo, la calcita o el mármol. Se caracteriza por ser un sitio de gran belleza natural, con formaciones rocosas únicas y pasajes que constituyen laberintos que invitan a explorar sus misterios. Estas cavernas son un tesoro escondido que cautiva a aquellos que buscan vivir aventuras y hacer planes diferentes.
En el camino hacia estas cavernas se encuentra el Mirador del Cañón, que destaca por sus imponentes paredes rocosas y la gran cantidad de vegetación que crean un escenario majestuoso y admirable.

En ese mismo recorrido, los viajeros se encuentran con el Balneario del río Nus, donde pueden refrescarse y descansar. Sus aguas son cristalinas y están rodeadas de gran vegetación, por lo que es una buena opción para aquellos que buscan relajarse y disfrutar de la belleza de la naturaleza.
Una de sus particularidades es que allí se usan los viejos rieles del ferrocarril, que fue suspendido en 1999 y cuya infraestructura quedó abandonada. Sus habitantes crearon los “motorodillos”, vehículos artesanales impulsados por motos que recorren las antiguas vías férreas, facilitando el transporte en la zona.
