Durante años, para buena parte de la cultura occidental, el sake se ha reducido a una simple imagen: la de una bebida alcohólica servida caliente en restaurantes japoneses. Pero detrás de esa copa existe una historia que atraviesa siglos de tradición, espiritualidad, gastronomía y memoria colectiva en Japón.
Esa es precisamente la idea que la organización Miss Sake busca transmitir alrededor del mundo y que llegó a Colombia este 2026, en medio de una coyuntura diplomática y cultural significativa entre ambos países.La visita de la delegación japonesa coincidió con el comité bilateral agrícola entre Japón y Colombia y con la entrega de la distinción de embajador gastronómico de buena voluntad al chef Koji Ogawa.

En ese contexto, llegaron al país Chisato Tateno, Miss Sake 2025, y Mika Onishi, directora representante de Miss Sake Association, una organización creada en 2014 con apoyo del Gobierno de Japón, la Asociación Japonesa de Productores de Sake, la Organización de Comercio Exterior de Japón y la Organización Nacional de Turismo de Japón.
Desde entonces, el certamen ha llevado la cultura del sake a 51 ciudades en 25 países, incluyendo India, Francia, Corea del Sur, Filipinas, Estados Unidos, Turquía e Italia. Pero más que un concurso, la iniciativa se ha convertido en una plataforma diplomática y cultural para mostrar el Japón contemporáneo mediante una de sus tradiciones más antiguas.
Chisato Tateno representa esa nueva generación de embajadoras culturales japonesas. Nacida en Sapporo, Hokkaido, graduada de la Universidad de Waseda, profesora de idioma japonés y coordinadora cultural, fue elegida Miss Sake 2025 entre más de 1.000 candidatas en una ceremonia realizada en Kioto.
Su visita a Bogotá dejó claro que el sake, lejos de ser un producto de nicho, puede convertirse en un puente entre culturas aparentemente distantes.

Un patrimonio líquido
“El sake representa la cultura de todo Japón. El sake tiene la identidad de la naturaleza, la tradición y el vínculo entre las personas en Japón”, explicó Tateno en conversación con SEMANA.
La dimensión cultural del sake no es menor. Japón cuenta actualmente con más de 1.400 bodegas y más de 10.000 variedades distintas de sake. Muchas de esas casas productoras tienen más de un siglo de historia y forman parte de una tradición artesanal transmitida durante generaciones.
En diciembre de 2024, el sake fue inscrito en la lista de patrimonio cultural de la Unesco, un reconocimiento que reforzó el interés internacional por esta bebida. Para Tateno, sin embargo, el sake no puede entenderse únicamente desde lo gastronómico. “Creo que la palabra que mejor describe el sake es ‘historia’, contiene muchísimas historias. Se dice que comenzó hace más de 2.000 años y al principio era una ofrenda para los dioses. Después, esa tradición fue transmitida durante siglos por maestros artesanos y personas que aman el sake”, afirmó.

La relación entre territorio y sabor también ocupa un lugar central en esa narrativa. Japón posee cuatro estaciones y 47 prefecturas con características climáticas distintas. El agua, el arroz y los métodos de producción cambian según cada región, lo que convierte al sake en una expresión territorial profundamente diversa. “Cada estación tiene un sake especial. El sabor cambia según la temporada y también cambian los empaques. Muchos sakes de primavera, por ejemplo, están inspirados en la flor de sakura”, explicó.
Colombia, un nuevo escenario
La llegada de la delegación a Colombia también reveló el creciente interés que existe en el país por la cultura japonesa. Durante su visita, Tateno participó en encuentros académicos y conversó con estudiantes de la Universidad de los Andes. “Sentí mucha pasión por la cultura japonesa de parte de ellos. Algunos incluso hablaban japonés con fluidez y me hicieron preguntas sobre sake en japonés”, relató.
La sorpresa fue mutua. Aunque Tateno ya había recorrido América Latina y había visitado países como Brasil, Argentina, Paraguay y Bolivia, nunca había estado en Colombia. Su impresión inicial estuvo marcada por la calidez de las personas. “Creo que lo primero fue la gente. Son muy amables. Cuando los vi por primera vez, siempre estaban sonriendo. Me hizo muy feliz encontrar personas tan amables conmigo”, dijo.
Incluso su vestuario fue un guiño simbólico con el país. Para la conversación con SEMANA, lució un furisode o kimono tradicional inspirado en los colores de nuestra bandera: amarillo, azul y rojo.Pero más allá de lo visual, la conversación terminó inevitablemente alrededor de la mesa.
Para Tateno, el primer paso para acercar el sake a Colombia pasa por fortalecer el conocimiento de la gastronomía japonesa, especialmente del washoku, la filosofía culinaria también reconocida por la Unesco como patrimonio cultural.
Sin embargo, cree que el siguiente paso será descubrir cómo el sake puede dialogar con la cocina colombiana. “Creo que la comida colombiana también combina muy bien con el sake”, explicó, recordando el sancocho, el cual armoniza perfectamente con un sake Junmai servido caliente.

El sueño de una Miss Sake Colombia
Para Mika Onishi, directora de la organización, el proyecto Miss Sake evolucionó mucho más allá de la promoción gastronómica. Lo que comenzó hace 14 años como una estrategia para impulsar el sake japonés hoy funciona como una plataforma de intercambio cultural global.
“Ya no se trata solamente de comida o sake. Ahora se ha convertido en una forma de promover Japón y compartir su encanto alrededor del mundo”, explicó.Actualmente, existen versiones internacionales del programa en India, Filipinas, Hong Kong, Azerbaiyán y Mónaco.
Colombia podría ser el siguiente paso. “Mi sueño ahora es llevar Miss Sake International a más de 30 países alrededor del mundo y crear un verdadero intercambio cultural. Realmente quiero hacer Miss Sake Colombia”, aseguró Onishi.La idea no consiste únicamente en elegir una representante.
Según explica, la futura Miss Sake Colombia viajaría a Japón para estudiar su cultura y, al mismo tiempo, compartir la cultura colombiana con el público japonés.Ese intercambio cultural también atraviesa una dimensión femenina particular. A diferencia de otros certámenes de belleza, Miss Sake no incluye competencias en traje de baño y amplía el rango de edad de sus participantes hasta los 39 años.
La intención, según Onishi, es encontrar mujeres capaces de actuar como embajadoras culturales.Su propia historia personal refleja esa búsqueda de equilibrio entre vida profesional y personal. Onishi habló abiertamente con SEMANA sobre las dificultades que enfrentó para formar una familia después de años dedicados completamente al trabajo. “A las mujeres jóvenes realmente quiero decirles que busquen un equilibrio. Que piensen en su futuro y que encuentren un balance entre el trabajo y su vida personal”, afirmó.
Mientras tanto, el sake continúa abriéndose espacio lejos de Japón. Y aunque su expansión internacional pasa por restaurantes, diplomacia y gastronomía, tanto Tateno como Onishi coinciden en algo esencial: el sake funciona, ante todo, como una herramienta para conectar personas. “Después de brindar con una copa de sake, las personas pueden conectarse entre sí y hablar sobre sus culturas”, dijo Tateno. “Siento que ese puede ser el primer paso hacia la paz mundial”.