En época de fin de año, es común salir de viaje para disfrutar los periodos de vacaciones de los miembros de la familia, sin embargo, el conducir, ya sea por ciudad o carretera, implica estar atento a múltiples situaciones al mismo tiempo. Señales de tránsito, peatones, otros vehículos, condiciones de la carretera y posibles imprevistos.
Cuando a estas exigencias se suman los trancones, la presión por llegar a tiempo o el cansancio, la experiencia puede convertirse en una fuente de tensión.
Este fenómeno normalmente se le conoce como estrés de carretera o estrés al volante. Si bien, por si mismo no es un diagnóstico médico, describe una respuesta emocional que puede alterar el comportamiento de una persona mientras conduce.
La DGT (Dirección General de Tránsito) de España advierte que el estrés puede provocar impaciencia, impulsividad, agresividad con otros actores viales y una menor capacidad para anticiparse a los acontecimientos del tráfico. Cuestiones que pueden terminar en maniobras imprudentes y aumentar el riesgo de accidentes.
¿Cuales son las señales?
Una de las primeras manifestaciones y también la más clara es la irritabilidad. Si una persona pierde la paciencia constantemente por una frenada, un cambio de carril o una demora, podría estar experimentando una acumulación de tensión.
Otras de las señales incluyen el experimentar agotamiento físico o mental después de permanecer durante mucho tiempo en situaciones de tráfico exigentes, acelerar para intentar recuperar tiempo, realizar adelantamientos innecesarios o reaccionar de manera exagerada ante las demoras o mantener los hombros elevados, apretar el volante con demasiada fuerza o sentir molestias en el cuello y la espalda durante los recorridos.
El Ministerio de Transporte de Colombia también advierte que el estrés puede disminuir la capacidad de reacción del conductor, afectar la percepción de las distancias y generar nerviosismo, fatiga e irritabilidad.
¿Como prevenir que el estrés afecte la conducción?
La primera recomendación es planear los desplazamientos con anticipación. Consultar el estado de las vías, calcular tiempos adicionales y evitar salir con el tiempo justo puede reducir la presión durante el camino.
Si el conductor siente que está perdiendo el control de sus reacciones, lo más seguro es parar en un lugar permitido y seguro, tomarse un momento para recuperar la calma y continuar únicamente cuando esté en condiciones de hacerlo.
Cuando estas respuestas emocionales son frecuentes, intensas o afectan la vida cotidiana, también puede ser conveniente buscar orientación profesional.
