El bozal es un elemento de seguridad que puede proteger tanto a un perro como a las personas y a otros animales. El Instituto Distrital de Protección y Bienestar Animal (Idpyba) señala que antes de comprar este elemento es necesario verificar tallaje, diseño y ajustes para adaptarlo a las características físicas del animal.
“Si se utiliza uno inadecuado, puede generar incomodidad, presión, rozaduras o limitar los movimientos naturales del animal. Por esta razón, lo recomendado es evitar modelos demasiado ajustados o que mantengan la boca cerrada, especialmente si se utilizarán durante actividad física, en condiciones de altas temperaturas o por periodos prolongados”, explica la entidad.
El Idpyba resalta que, si su perro requiere usar un bozal, debe elegir uno que le permita respirar, jadear, beber agua y abrir la boca con comodidad.

¿Por qué elegir un bozal de canastilla?
A diferencia de los que mantienen la boca cerrada, los de canastilla permiten mayor libertad de movimiento del hocico y facilitan que el perro pueda:
- Jadear y respirar libremente.
- Beber agua.
- Abrir la boca y mover la lengua.
- Ayudar a regular su temperatura corporal mediante el jadeo.
- Explorar su entorno con mayor comodidad.

¿Cómo debe quedar?
Un bozal de canastilla adecuado debe:
- Quedar por debajo de la línea de los ojos, sin interferir con su visión.
- Tener el tamaño apropiado para el hocico.
- Permitir beber agua.
- Permitir abrir la boca y jadear.
- No generar presión sobre la nariz ni rozaduras.
- Adaptarse a las características individuales del perro.
- Quedar firme, pero sin apretar.
“El bozal no debe utilizarse como castigo ni reemplaza la educación, el manejo responsable o la atención de las necesidades del animal”, subraya la entidad.
¿Su perro atacó a otra mascota? Ojo con las sanciones que podría enfrentar en Colombia
De acuerdo con el artículo 134 de la Ley 1801 de 2016, permitir que un perro de manejo especial ataque a otra mascota puede derivar en una multa general tipo 3.
El comparendo no es la única consecuencia. La misma disposición señala que el propietario deberá responder por todos los daños causados al animal afectado.
Esto cobra especial importancia ante una agresión que obligue a llevar a la mascota a una clínica veterinaria o que genere otras afectaciones derivadas del ataque.
La situación es todavía más delicada cuando la agresión involucra a una persona. La norma contempla una multa general tipo 4 cuando el animal causa lesiones permanentes, además de la obligación de responder por los perjuicios ocasionados.
Según el Idpyba, dependiendo de la gravedad del caso, la multa podría ser de hasta 10 salarios mínimos legales vigentes.
