Hay una escena que se repite cada semestre en Colombia. Universitarios que terminan clases, actualizan la hoja de vida, abren plataformas de empleo y empiezan a buscar trabajo durante vacaciones.
Algunos quieren ayudar en la casa; otros, pagar sus gastos personales, y muchos simplemente no quieren quedarse quietos. Sin embargo, terminan enfrentándose al mismo muro: nadie los contrata porque no tienen experiencia.
Lo que para muchos jóvenes parecía una oportunidad para empezar a construir independencia económica, termina convirtiéndose en un recorrido frustrante entre rechazos, requisitos imposibles y trabajos informales.
Y ahí empieza uno de los problemas más silenciosos del mercado laboral colombiano. Porque mientras miles de jóvenes buscan su primera oportunidad formal, gran parte de las vacantes les exigen justamente lo único que todavía no pueden tener: experiencia laboral.
El resultado suele ser el mismo: muchos jóvenes aceptan trabajos informales, mal pagados, sin contrato ni seguridad social y, a veces, en condiciones agotadoras. No porque lo prefieran, sino porque es lo único que encuentran para generar ingresos mientras estudian.
Las cifras muestran la dimensión del problema. Según el Dane, la tasa de desempleo juvenil en Colombia llegó al 16,5 % durante el trimestre móvil diciembre 2025 – febrero 2026, una cifra muy superior al promedio nacional.
Además, el propio mercado laboral colombiano sigue atrapado en otro problema estructural: la informalidad; más del 55 % de los trabajadores del país continúan fuera del sistema formal de contratación y seguridad social.
Y los jóvenes están entre los más afectados. Según cifras recientes del Dane, cerca de 2,56 millones de jóvenes entre 15 y 28 años no estudian ni trabajan actualmente en Colombia.
En medio de ese panorama, miles de universitarios salen cada temporada de vacaciones a buscar una oportunidad temporal que les permita generar ingresos.
“Los jóvenes buscan trabajar principalmente por una combinación entre necesidad económica y experiencia laboral”, explicó a SEMANA Natalia Urrego Reyes, directora de comunicaciones y asuntos públicos de Acoset, la Asociación Colombiana de Empresas de Servicios Temporales.
La razón, según explica, no tiene que ver únicamente con querer “tener plata extra”. “Nos hemos dado cuenta de que la educación está muy costosa y el acceso se ha complicado demasiado. Muchos jóvenes buscan un trabajo para poder sostener gastos relacionados con sus estudios, pero también porque quieren salir de la universidad con experiencia laboral”, señaló.
El círculo imposible: “Sin experiencia no hay trabajo”
El problema es que el mercado laboral colombiano sigue funcionando bajo una lógica contradictoria para los jóvenes: les exige experiencia incluso para cargos básicos o temporales.
Eso fue exactamente lo que vivió Valentina Martínez, estudiante de Mercadeo y Publicidad de 18 años, quien durante vacaciones empezó a buscar empleo relacionado con su carrera. Aplicó a distintas vacantes, revisó plataformas y envió hojas de vida, pero el resultado siempre era parecido: experiencia mínima de uno, dos o hasta cinco años.
“Ninguna empresa me llamaba porque pedían experiencia o contratos largos”, contó. La única alternativa que encontró fue en una tienda de ropa en el centro de Bucaramanga.
Allí trabajaba entre nueve y diez horas diarias, todo el tiempo de pie, sin contrato, sin seguridad social y sin ningún tipo de prestación. Le pagaban alrededor de 1,4 millones de pesos mensuales. “Todo era de palabra”, explicó.
El caso de Paula Tovar, estudiante de 19 años, fue parecido. Aunque incluso sabe hablar inglés e intentó buscar oportunidades en call centers y trabajos relacionados con servicio al cliente, tampoco logró ingresar al mercado formal.
Entró a trabajar en una tienda de maquillaje, donde recibía 40.000 pesos diarios y 50.000 los fines de semana. Tampoco tenía contrato ni prestaciones.
Historias como estas ayudan a explicar por qué la informalidad se convierte en la principal puerta de entrada laboral para muchos jóvenes en Colombia.
Un informe de la Organización Internacional del Trabajo advirtió que los jóvenes latinoamericanos continúan enfrentando mayores tasas de precarización laboral, salarios bajos y empleos temporales sin protección social frente al resto de la población económicamente activa.
El mercado sí tiene empleo, pero no para todos
La paradoja es que, mientras miles de jóvenes aseguran no encontrar trabajo, muchos sectores económicos necesitan personal. No se encuentran, sin embargo, por el perfil que buscan los empleadores.
“Hay muchas vacantes, pero no necesariamente personas preparadas para los perfiles que hoy está requiriendo el mercado laboral”, explicó Urrego.
Según Acoset, actualmente existe una alta demanda en sectores como hotelería, turismo, logística, restaurantes, manufactura, comercio, call centers y atención al cliente, especialmente durante temporadas de vacaciones y fechas comerciales.
La asociación asegura que las empresas de servicios temporales funcionan precisamente como una puerta de entrada para jóvenes que todavía no tienen experiencia laboral formal.
Y las cifras muestran el tamaño de ese sector. Durante 2025, las empresas de servicios temporales vincularon en promedio a 489.015 trabajadores en misión en Colombia, principalmente en industrias manufactureras, comercio, transporte, construcción y alojamiento.
Además, el sector realizó aportes superiores a 20,4 billones de pesos a la economía nacional entre salarios, seguridad social y parafiscales.
Uno de los datos más relevantes tiene que ver precisamente con los jóvenes: según Acoset, el 20 % de los trabajadores vinculados por empresas de servicios temporales corresponde a empleo joven y primer empleo. Además, cerca del 30 % termina siendo contratado indefinidamente por las empresas usuarias después de iniciar con trabajos temporales.
“Nosotros somos esa puerta de entrada al primer empleo. Si el joven no tiene experiencia, lo formamos y lo capacitamos antes de enviarlo a trabajar”, explicó Urrego.
La feria que busca conectar jóvenes con empleo formal
En medio de ese panorama, Acoset adelanta actualmente una maratón nacional de empleo temporal que busca conectar a jóvenes y personas sin experiencia con oportunidades laborales formales en distintas ciudades del país.
La iniciativa proyecta más de 15.000 vacantes temporales en cargos relacionados con logística, auxiliares operativos, servicio al cliente, hotelería, cocina, restaurantes, recreación y comercio, sectores que históricamente aumentan contratación durante temporadas vacacionales.
La feria no está enfocada únicamente en perfiles profesionales. De hecho, gran parte de las oportunidades están dirigidas justamente a personas que buscan su primera experiencia laboral o necesitan trabajos por temporadas específicas como vacaciones universitarias, mitad de año o fin de semestre.
Según explicó Natalia Urrego, uno de los principales objetivos de este tipo de iniciativas es evitar que los jóvenes terminen recurriendo a trabajos completamente informales por desconocimiento o falta de oportunidades visibles dentro del mercado formal.
La asociación asegura que muchas veces los estudiantes simplemente no saben que existen empresas que sí están dispuestas a contratar perfiles sin experiencia para trabajos temporales con todas las garantías legales.
Además, las empresas vinculadas deben ofrecer seguridad social, afiliación a riesgos laborales y pagos legales establecidos por contrato, algo que marca una diferencia importante frente a muchos trabajos informales que terminan aceptando los jóvenes.
Trabajar mientras se estudia
La necesidad de ingresos también está cambiando la forma en que muchos jóvenes viven la etapa universitaria. Hoy, para miles de estudiantes, estudiar y trabajar al mismo tiempo ya no es algo excepcional, sino una necesidad económica.
Marcela, estudiante de periodismo de la Universidad del Rosario, logró conseguir trabajo formal mientras estudiaba después de aplicar a una convocatoria de Dunkin’ Donuts, enfocada justamente en jóvenes universitarios.
“Yo necesitaba algo flexible porque quería estudiar y trabajar al mismo tiempo”, contó. Inicialmente, empezó trabajando solo fines de semana, pero luego pasó a jornadas completas mientras organizaba sus horarios universitarios.
Sin embargo, incluso ella reconoce que encontrar una oportunidad así no es fácil. “Hay muy pocos trabajos que realmente acepten a alguien que esté estudiando”, explicó.
Marcela asegura que gran parte de las ofertas para estudiantes terminan concentrándose en sectores con una alta carga operativa, largas jornadas y atención constante al público.
Aun así, considera que haber conseguido experiencia laboral temprana terminó siendo una ventaja importante frente a otros estudiantes.
Y ahí aparece otro fenómeno que preocupa al mercado laboral colombiano: la presión creciente por salir de la universidad ya con experiencia. Porque muchos jóvenes sienten que, si esperan a graduarse para empezar a trabajar, después será todavía más difícil entrar al sistema formal.
El reto de fondo
Pero más allá de las vacantes temporales, el problema de fondo sigue siendo estructural. Colombia continúa enfrentando enormes dificultades para conectar a los jóvenes con su primer empleo formal.
Y aunque existen oportunidades, la barrera de la experiencia sigue funcionando como un filtro que deja a miles de universitarios atrapados entre dos opciones: quedarse sin ingresos o aceptar trabajos informales.