Dos días antes de su muerte, el 10 de enero de 2016, hace exactamente un año (y un día) David Robert Jones, conocido por décadas y hasta la eternidad como David Bowie, lanzó Blackstar, su último álbum, probando a niveles casi ridículos lo mucho que interiorizaba y visualizaba el tempo de los hechos.

No por nada Annie Leibovitz se aventuró a decir que el cantante británico “escenificó su muerte, en sus 18 últimos meses, con el musical Lazarus y su disco”. Es quizá una de las pocas personalidades resonantes del siglo XX y XXI que la estadounidense no fotografió en sesión creativa. “Cuando alguien grande se muere, lamento no haber tenido esa oportunidad”, añadió la celebre fotógrafa en 2016. Lo cierto es que su pérdida aún se siente en el mundo entero y su vacío es notable por el tamaño de su osada contribución.

Del lado opuesto de esa ausencia, no es exagerado afirmar que su legado se siente en el espíritu de las obras más osadas de la actualidad, en lo que aún hacen quienes trabajaron con él y en lo que comparten con el mundo quienes se inspiran aún en su camino y su manera de expresar y de expresarse.

Bowie fue músico, claro, uno excepcional que por su cuenta pero en colaboración constante con músicos y productores excepcionales dejó clásicos en todas sus fases. Como Picasso, fue un hombre de épocas creativas, en las que encarnó personajes memorables como el Duque Blanco Delgado o Ziggy Stardust. Pero su impacto trascendió la más primitiva e inmortal de las artes. Bowie también fue actor (recordamos mucho su rol como Nikola Tesla en The Prestige, de Christopher Nolan, pero dejó roles memorables en The Last Temptation of Christ, Basquiat, y en la serie Twin Peaks: Fire Walk With Me). Y, claro, incursionó en la moda desde habitarla, crearla y diseñarla.

Fue el influencer original, cuando eso aún podía considerarse positivo. Porque en su arte y en sus intervenciones ante la prensa ofreció siempre algo distinto: una poética y lúcida sensatez, inteligencia y percepción, la proyección sensible de lo que era y lo que sería el mundo. Encarnó una vanguardia libre que brota desde la sangre curiosa. Por eso, tuvo el don de mover varias fibras sociales.
La raza es la humana
El periodista Shaun Tandon ilustra cómo Bowie podía liderar en temas raciales, aún a pesar de que su base de fans era mayoritariamente blanca. “Después de la muerte de Bowie, se hizo viral un video de 1983 donde el músico británico acusaba al entonces naciente canal MTV de ignorar la música negra, tendencia que según él se extendía “a todos los medios estadounidenses”. El cantante enfatizó que los Isley Brothers o Marvin Gaye significaban mucho para un joven negro de 17 años. “Ciertamente él también es parte de Estados Unidos”, enfatizó.

Bowie figuraba entre los favoritos de MTV en los años 80, y difícilmente arriesgaba su carrera con esta entrevista, pero dijo lo que dijo, y poco después, Michael Jackson rompió la barrera del color en el canal.
A principios de su carrera, cuando actuaba en el sur de Estados Unidos (donde los códigos sobre la discriminación racial apenas habían acabado oficialmente), Bowie insistía en tocar con músicos negros y luego sacaba al grupo del pueblo a toda prisa para evitar problemas”.

Esa fase soul no fue una moda pasajera para Bowie, criado en una modesta casa en Londres. Fue fundamental. “Lo único que verdaderamente me hizo desear ser un músico, escribir, fue la música negra estadounidense, como Little Richard y John Coltrane en los años ’50”, dijo Bowie a Record Collector en una entrevista de 1993.
Bowie añadió que tenía ocho años cuando escuchó por primera vez a Little Richard, el pionero del R&B y un artista del funk. “El sentimiento de agresividad a través de los arreglos me pareció muy emocionante. Era como si su voz quebrara los cielos. Tenía una voz extraordinaria”, recordó Bowie.
¿Niño o niña?
Bowie, un pionero en la música, en el cine y en la moda, también adoptó la androginia en su lirismo.

En una de sus canciones más famosas, “Rebel, rebel” (1974), que cerró su fase roquera, Bowie canta: “You’ve got your mother in a whirl / ‘cause she’s not sure if you’re a boy or a girl” [“Tienes a tu madre en un torbellino / porque no está segura si eres un niño o una niña”].

Bowie mantuvo la ambigüedad de género durante su carrera. En el intenso tema “Hallo Spaceboy”, del disco Outside (1995), canta: “Don’t you want to be free? / Do you like girls or boys? / It’s confusing these days” [¿No quieren ser libres? / ¿Les gustan las niñas o los niños? / Estos días son confusos"].
En su último álbum Blackstars, lanzado en su 69 cumpleaños el 8 de enero a horas de su muerte, Bowie interpreta un tema en “Polari”, una lengua informal usada por la ubcultura gay en la Inglaterra victoriana.
Bowie y el ecologismo
Su huella es tan vasta que tocó incluso problemáticas medioambientales y las puso en el frente cuando aún ni siquiera se pensaba en el greenwashing (porque no era necesario). Como anota el profesor David Larsson Heidenblad, de Lun University, en The Conversation:
“David Bowie publicó su álbum fundamental The Rise and Fall of Ziggy Stardust and the Spiders from Mars hace 50 años, el 16 de junio de 1972. Era un disco de rock artístico y ambicioso que captaba la sensación de estar en la cima de nuevas fronteras tecnológicas y culturales.
A principios de los años 70, el programa estadounidense Apolo logró que la visita de los hombres a la Luna pareciera un acontecimiento rutinario. Las posibilidades del poder de los ordenadores estaban empezando a desarrollarse y la revuelta contracultural de la juventud desafiaba los valores y las normas imperantes.

El alter ego ficticio de Bowie encapsulaba todos estos avances innovadores: una estrella de rock andrógina del espacio exterior con, en palabras de la canción que da título al álbum, “un culo dado por Dios”. Bowie-Ziggy se maquillaba mucho, se teñía el pelo de rojo y se vestía con ropa inspirada en el teatro Kabuki japonés.
Pero junto a su fascinación lúdica por la tecnología espacial, el álbum Ziggy Stardust también describía el temor a la caja de Pandora que podría abrirse como resultado. Su tema inicial, Five Years, advertía a los oyentes de que “la Tierra se estaba muriendo de verdad”.

Durante la Guerra Fría, la perspectiva del fin del mundo provocado por el hombre a través de la guerra nuclear nunca estuvo lejos. Y a principios de los años 70, el temor a una crisis ecológica y a la superpoblación empezaba a adquirir proporciones apocalípticas similares.
De hecho, el día del lanzamiento de Ziggy Stardust coincidió con el último día de una reunión histórica para discutir el futuro del planeta. La Conferencia de Estocolmo, que comenzó el 5 de junio de 1972, fue la primera cumbre de las Naciones Unidas sobre el medio ambiente y el punto de partida de la gobernanza medioambiental mundial".
*Con información de AFP










