En una sociedad que muy poco confía en el policía, es más que oportuno un relato como el que publica Andrés Acosta Romero, de la mano de Editorial Planeta. En El peor policía del mundo, el autor relata el día a día de un patrullero colombiano con detalle y sin complejos, narrando detalles sobre la formación apurada, los retenes, la camaradería, así como los abusos que nacen en las escuelas y se replican en las calles...

Acosta Romero integró la Policía Nacional de Colombia por más de una década, y durante su permanencia en dicha institución, en el fondo, supo que se apartaría de las filas sin obtener la pensión... Y cuando sucedió, le dio vuelo a un libro que venía trabajando hacía años, sin saberlo.
Su relato es muy suyo pero también es representativo pues, en varios aspectos, toca la experiencia de más de doscientos mil policías colombianos. Este se sirve de una narración ágil y numerosas anécdotas que van de lo divertido a lo aterrador. Al respecto de esta publicación que comenzó a conjurar en 2015 como un ejercicio personal de memoria, hablamos con él. Esto nos dijo.

ARCADIA: ¿Qué lo impulsó a escribir y publicar este libro?
ANDRÉS ACOSTA: Empecé a escribir, más o menos, en el año 2015. Para esa época yo estaba en Australia estudiando inglés, aún dentro de la policía, con una licencia remunerada, pero sabía que me iba a retirar. Hacía rato quería retirarme la policía por muchos factores que cuento en el libro. Tenía el interés de retirarme y regresar a Colombia a llevar otro tipo de vida.
Pero antes quería plasmar y descargar todo lo que llevaba por dentro, lo que había vivido. A veces la memoria le juega malas pasadas a uno, y se olvida mucho. Entonces, ya que estaba en el tema de la escritura, pensé “¿qué mejor que escribir sobre lo que yo viví en la institución?“. Y empecé a redactar el libro por capítulos, de acuerdo a los lugares donde trabajé. Esa fue la manera más fácil para mí, porque no soy escritor y me sirvió llevar una cronología lineal hasta Cartagena, que fue donde me retiré.
Escribir vino de una motivación personal para descargar y desahogarme todo lo que tenía, pero nunca lo hice con el ánimo publicarlo. Lo hice para escribir, para acordármelo, para mí... hasta que alguien me dijo que que era publicable. Entonces ya se hizo todo el procedimiento de publicación y mostrarlo en las editoriales.

ARCADIA: ¿Cuáles fueron los mayores retos de completarlo?
A.A.: El primer reto fue el literario, por decirlo así... todo lo que encierra escribir, tratar de escribir bien, con buena reacción, gramática, ortografía y todo ello. Para que si alguien lo leía algún día, no lo sintiera riguroso, más bien cercano. Mi literatura en el libro es como si un policía amigo te echara el chisme, te contara el cuento. Los retos fueron tratar de escribirlo bien, que fuera entendible, poder organizar las ideas y poder rematarlo, que siempre es algo complicado.
ARCADIA: ¿Le genera algún temor hablar de la institución con tanta franqueza?
A.A.: El miedo lo sentí más cuando estaba dentro del cuerpo policial, como policía activo. Este libro lo publiqué ya retirado, obviamente, porque si lo hacía cuando estaba activo me sacaban de la institución.
La literatura permite también armar espacios seguros: poder cambiar lugares, nombres, fechas... Así que, de pronto las personas y los hechos existieron, pero cambié los nombres, los lugares y las fechas, para tratar de no sindicar a nadie con nombre propio. Me cuidé mucho en eso. Y en el libro toco temas que se escuchaban en la vida civil, pero sobre todo dentro de las filas de la policía, temas más concretos que la gente a veces no conoce. Quise contar ese día a día que se vive no solo con los altos mandos, con los patrulleros, los sargentos, con todos.

ARCADIA: ¿Le ha sorprendido algo en las reacciones que ya tiene su libro en sus lectores y excolegas?
A.A.: La verdad, todas han sido buenas. No he tenido ningún tipo de amenaza o queja. A los civiles les ha gustado porque ahora saben un poco más sobre lo que hay detrás de cada uniforme. Y del lado de los policías, me han apoyado, me han agradecido por ser esa voz que ellos no pueden ser como uniformados (inclusive algunos ya pensionados). Se identifican mucho con lo que yo digo porque yo no soy la verdad, ni más faltaba, pero sí digo algo que es cierto, que se sabe y que la gente no puede denunciar. Los comentarios han sido positivos.
ARCADIA: ¿Qué es lo más relevante dentro de lo que revela en ‘El peor policía del mundo’?
A.A.: Lo principal es poder demostrar qué es lo que pasa dentro de la institución y qué de esto se refleja por fuera de la institución, en el servicio hacia la ciudadanía.
Yo me reflejo desde el punto de vista de un policía de bajo rango, de un patrullero, y explico a la gente mi proceso, que fue un proceso de incorporación muy rápido. Me formé como patrullero en 6 meses (otros duraron un año), y viví una transición brusca, de ser un muchacho bachiller de de 20 años a ser autoridad, a usar un uniforme, a usar un arma, a tener un vehículo, una motocicleta, a tener la potestad de parar un carro, de parar a alguien y requisarlo. Y eso es muy riesgoso porque hay mucha inmadurez.
A través del libro yo critico y hago reflexiones acerca del proceso. Por ejemplo, yo hace poco estuve en España, y allá la gente tiene más respeto porque hay un proceso académico largo, duradero, donde el policía sale a hacer prácticas en la calle y le enseñan cómo proceder (algo de casuística).

Y bueno, en el libro cuento otras cosas como la estratificación social dentro de la institución, entre oficiales y suboficiales; hablo de las pocas oportunidades que tienen los de abajo y cómo los de arriba, muchas veces, a pesar de que están bien en cuanto su régimen prestacional, cometen actos de corrupción que implican sumas muy altas. Todo mientras nosotros, los de abajo, lo vemos. Y se piensa, si ellos también hacen, ¿por qué nosotros no?
Así, cuando el policía de la calle para un vehículo y le pide plata, es algo que viene de arriba hacia abajo: una cadena que se mueve. Entonces eso trato de mostrar en el libro, aparte de la vida personal de uno. En mi caso, el tema del desarraigo, de cómo tiene que salir de su ciudad, desplazarse a otro lado, dejar su familia, trabajar en turnos, no poder descansar los fines de semana, o una Navidad...
Son muchas cosas que están envueltas en el libro, pero sí pretende demostrar por qué el policía es visto así por los ciudadanos. Y no es natural: algo nos va llevando a ser como como somos, desde lo arbitrario y lo indolente.

ARCADIA: Es importante elevar estos puntos para, ojalá, generar cambios y más confianza en una institución que no la inspira actualmente...
A.A.: Yo quisiera que el libro fuera como un pequeño eslabón o puente entre la gente y el policía. Y no va a solucionar nada, por supuesto, pero quizá se alcance a entender un poquito más lo que se vive del otro lado.
En el lanzamiento del libro, una chica me comentaba que ella le tenía miedo a la policía. Y yo le preguntaba por qué, pero ella no tenía una explicación. Me decía, “Realmente no sé, pero el solo uniforme ya me da miedo”. Entonces, digamos que quizás ella fue no maltratada, pero ese temor sí nacer de lo que ve, lo que le cuentan, lo que sale en la televisión y las redes sociales... La figura del policía se ha convertido en algo que muchos temen, o que genera recelo, o sentimiento..
Obviamente no todo el mundo lo ve así. Hay gente que ama la institución, hay gente que ama sus fuerzas militares y todo, pero la generalidad, más que todo en sector urbano, es de rechazo. En el sector rural, la gente se acerca más al policía.
En el lanzamiento también había un coronel retirado y me interesaba conocer su opinión. Me felicitó, me dio la razón en muchas cosas y dijo que el libro lo puso a reflexionar mucho porque cuando él estaba en las filas no se daba cuenta de lo que estaba pasando, no tenía en cuenta cómo era la vida de un patrullero, cómo se incorporó y todo... Todo esto me lleva a decir que el libro de pronto puede tener una buena finalidad...










