Marie Chouinard empezó su carrera como coreógrafa justo cuando pensaba que su futuro artístico como bailarina estaba terminado. Estudiaba en el New York City Ballet y su maestro, Tom Scott, le había ofrecido un papel en el espectáculo de fin de año, pero ella le había dicho que no: “no creía en él como coreógrafo”, recuerda. Él, ofendido, la había echado de la escuela y ella estaba en un limbo.

Empezó a entrenar sola en un sitio abandonado y, poco a poco, sus movimientos de ballet clásico comenzaron a seguir un camino distinto, propio, más libre e improvisado. Hasta que una profesora la vio, se sorprendió y la invitó a participar en una muestra de jóvenes coreógrafos de su escuela. “Pero yo no soy coreógrafa”, le respondió ella. “Sí, claro, estás dibujando tus movimientos. Te esperamos en dos meses para que nos presentes tu coreografía”, le dijo la profesora.

Han pasado 48 años y Marie Chouinard (nacida en Quebec, Canadá) es una de las coreógrafas más destacadas del mundo. Fundó la Compagnie Marie Chouinard, su propia compañía, que recorre el mundo llevando sus coreografías, ha ganado varios premios y algunas de sus obras, como Consagración de la primavera y Preludio a la siesta de un fauno, han perdurado en el tiempo y hoy forman parte del repertorio de importantes compañías de ballet internacionales.

Oficial de la Orden de las Artes y las Letras en Francia, exdirectora de Danza en la Bienal de Venecia (de 2017 a 2020) y aclamada como una de las voces más respetadas de la danza contemporánea, Chouinard sigue creando y recorriendo el mundo con sus coreografías radicales, profundas y arriesgadas.
Su compañía, de hecho, estará en el FIAV Bogotá presentando, del 27 al 29 de marzo en el Teatro Colón, dos de sus creaciones: 24 preludios de Chopin y Henri Michaux: Movimientos. Hablamos con ella al respecto. Esto nos dijo.

ARCADIA: ‘Henri Michaux: Movimientos’, que presenta en Bogotá, nació gracias a un libro del poeta y pintor belga Henri Michaux, ¿Por qué le llamó la atención? ¿Qué encontró en el libro que le hizo sentir qué había algo que podía convertir en danza?
Marie Chouinard: Era un libro que yo tenía en mi biblioteca y muy a menudo, diría que por lo menos una vez al año, lo cogía para pasar las páginas y ver todos esos dibujos tan interesantes y hermosos, y leer el poema de Michaux, y todo eso.
Y luego, unos 10 o 15 años después de tener el libro, tuve de repente una especie de revelación. Fue como un “Dios mío, estos dibujos son como una notación coreográfica”. Sentí que era obvio que se trataba de una coreografía esperando a ser danzada. Y desde ese momento supe que tenía que hacerlo.
ARCADIA: Desde 2012, la han presentado todos los años en algún país, ¿le sigue gustando?
M.C.: Para mí y para nuestros bailarines siempre ha sido un placer interpretar esta pieza una y otra vez porque es muy dinámica, muy poderosa. Y la música de Louis Dufort también, porque aporta toda la potencia del movimiento, que estalla en el espacio y el tiempo.



ARCADIA: Esta pieza está hecha de tal modo que es como si el espectador estuviera viendo el libro sobre el escenario: los dibujos aparecen en pantalla, los bailarines están vestidos de negro en un fondo blanco y hasta aparecen el poema y el epilogo. ¿Por qué se decantaron por esa estética?
M.C.: Inicialmente, cuando empecé a coreografiar cada dibujo, uno tras otro, no tenía la idea de presentar el libro casi que de forma física a la audiencia.
Eso surgió después, supongo que por todo el amor que le tomé a los dibujos, a cada una de las páginas y al proceso de pasarlas, cuando pensé que tenía que ofrecerle también esa experiencia a la audiencia.
Además, empecé a descubrir que para mí era un momento muy lúdico ver como el dibujo se convertía en movimiento. Y pensé que sería divertido que el público pudiera ver la diferencia y la similitud entre ambas dinámicas.

ARCADIA: La otra pieza que van a presentar en Bogotá es ‘24 Preludios de Chopin’. ¿Cómo fue la inspiración en ese caso?
M.C.: Fue algo muy personal. Llevaba mucho tiempo escuchando esa música de Chopin mientras estaba embarazada, era ya parte de mi vida diaria, la ponía en casa, la tarareaba. Y al igual que con el libro de Michaux, un día sentí que era música para hacer una coreografía.
Recuerdo que estaba en Quebec, me puse un discman (lector de CDs, lo que se usaba en esos días) y me fui a dar un paseo largo, como de una hora, en un hermoso parque junto a un río lleno de dunas blancas de nieve. Era la prueba definitiva: escuché la música con atención de coreógrafa y luego de una hora de paseo, decidí que valía la pena adaptarla con una coreografía.
ARCADIA: ¿La inspiración generalmente le viene así, de cosas que ya conoce y de un momento a otro se le revelan como coreografías?
M.C.: Esos casos son minoría en mi obra. La mayoría de mis piezas empiezan en silencio, ni siquiera con la música, porque generalmente la música surge después de la creación de la coreografía, al igual que la iluminación, el vestuario y todo lo demás.

Las coreografías nacen como de una intuición, de algo que no puedo nombrar y de lo que no tengo ni siquiera una visión. Es un sentimiento muy fuerte que tampoco entiendo, y la única forma de hacerlo es entrar con los bailarines en el estudio. Es tan fuerte, que esa intuición guía mi trabajo en esos primeros dos o tres meses de creación, hasta que empiezo a entender de qué se trata. Es muy interesante, porque es como una conversación con la pieza misma.
ARCADIA: ¿Y cómo le transmite esa intuición, ese sentimiento a los bailarines?
Los bailarines y yo no nos entendemos tanto con palabras, es realmente a un nivel físico y espiritual, algo que tiene que ver con la psique.
Y creo que esa comprensión viene del cuerpo, porque llevamos los cuerpos hacia un cierto estado, buscamos ciertos movimientos y a partir de ahí ellos tienen una sensación cinética. Así que me imagino que ellos entienden primero las piezas desde sus cuerpos, sus almas, la energía y tal vez sean como yo, y solo hasta un par de años después realmente entienden la pieza en sí.
ARCADIA: Usted no solo es coreógrafa y bailarina, también es artista visual, ha dirigido cine, ha creado espectáculos de realidad virtual, ha escrito. ¿Qué es lo que más disfruta de trabajar a partir de tantas disciplinas?
En realidad, lo que yo amo es crear, sin importar el medio. Siento mucha emoción y placer en el acto de la creación. Es mi forma de entrar en acción, de estar viva.
Ya sea con una escultura, un dibujo, una instalación de video o de realidad virtual, una coreografía.
Cada día siento más y más placer en hacerlo. Amo ver como algo que no existe, se va manifestando ante el mundo de a pocos. Y la base para lograrlo es puro placer y mucho, mucho trabajo. Pero también amo trabajar.


ARCADIA: ¿Cómo mantiene ese proceso de creación vivo en medio de tantas giras, presentaciones y compromisos?
No tengo que luchar por mantenerlo vivo, porque está bastante vivo. De hecho, es lo que me mantiene viva a mí.
ARCADIA: ¿Cree que los creadores y artistas, están en riesgo con la Inteligencia Artificial?
Es cierto que la Inteligencia Artificial puede crear casi cualquier cosa, pero no son cosas interesantes. Pueden verse similares al trabajo de los creadores y artistas, pero les queda faltando ese pequeño detalle mágico.
A veces me pregunto si en unos 10 o 20 años la IA va a ser capaz de crear cosas que tengan esa magia que aún siguen teniendo las obras de arte reales, pero, por ahora, siento que no hay porqué preocuparnos.
