El cineasta documental estadounidense Frederick Wiseman falleció el lunes a los 96 años, confirmó un representante a la AFP. Wiseman murió pacíficamente en su casa en Cambridge, Massachusetts, según un comunicado de su productora, Zipporah Films.

Durante más de medio siglo, Wiseman, ganador de un Óscar (en 2017 le fue concedido el Honorary Award de la Academia por cuenta de su “Cuyos documentales magistrales y distintivos examinan lo familiar y revelan lo inesperado”), capturó pacientemente la rutina diaria de algunas de las instituciones más conocidas de Estados Unidos en sus docenas de documentales.
“Lo que intento hacer es editar las películas para que tengan una estructura dramática. Por eso me opongo hasta cierto punto al término “cine observacional” o cinéma vérité, porque el cine observacional, al menos para mí, implica simplemente pasar el rato con algo tan valioso como cualquier otro, y eso no es cierto. Al menos, para mí no es así, y cinéma vérité es solo un término francés pomposo que no tiene ningún significado para mí”, explicó sobre sus métodos.
A través de su discreta lente, el trabajo cotidiano de una oficina de asistencia social o las tareas de limpieza de un zoológico municipal se convertían en algo tan apasionante como una película de acción, todo ello sin un locutor de fondo ni entrevistas, algo tabú en el mundo de Wiseman.
Al respecto de la objetividad del documental, explicó: “Todos los aspectos del cine documental implican decisiones y, por lo tanto, son manipuladores. Pero el aspecto ético es que hay que intentar hacer una película que sea fiel a la esencia de lo que uno percibe. En mi opinión, estas películas son parciales, prejuiciosas, condensadas, comprimidas, pero justas. Creo que lo que hago es hacer películas que no son precisas en ningún sentido objetivo, sino precisas en el sentido de que considero que son un relato fiel de la experiencia que he tenido al hacerlas”.

Pionero del cine independiente estadounidense, Wiseman rodaba con un equipo de tres personas, mientras que él mismo se encargaba de la edición y la producción, creando películas con una duración de entre una y seis horas, todo ello para presentar una epopeya estadounidense única y fascinante para la pantalla.
“¿Y si el gran novelista estadounidense no escribiera novelas?”, titulaba The New York Times su perfil de 2020, al describir la obra de Wiseman como “el equivalente contemporáneo más cercano” a la novela clásica.

Wiseman causó una controversia instantánea con su primera película, Titicut Follies, que retrató la cruda realidad de un asilo para personas con enfermedades mentales, Bridgewater.
Rodado en 1967, el documental mostró imágenes de maltratos a los pacientes, incluida una polémica escena en la que un hombre era alimentado a la fuerza por un médico mientras fumaba, y las cenizas caían en el embudo de la comida.

En uno de sus proyectos de 2020, llamado City Hall, regresó a su ciudad natal, Boston. Dos años después realizó una incursión poco frecuente en la ficción con A Couple, inspirada en la relación y la correspondencia entre León Tolstói y su esposa, Sofía.
En una entrevista con la AFP en 2021, aseguró que la lista de las instituciones sobre las que quería hacer películas era “interminable”.
*Con información de AFP.
