Teatro

Reseña de ‘Cartas a mamá’: emerge un nuevo teatro con preocupaciones estéticas y temáticas distintas

La obra del director Juan Pelz, protagonizada por Tatiana Rentería y Sebastián Moya, revela cómo el teatro colombiano muta de la mano de sus creadores. Se presenta en la sala La Sinagoga del Teatro Nacional, hasta el 21 de febrero.

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Carlos Moisés Ballesteros P.
6 de febrero de 2026, 10:47 a. m.
En una conversación íntima, Marcela y Santiago (Tatiana Rentería y Sebastián Moya) conjuran el momento en que el amor materno se enfrenta al dolor de soltar.
En una conversación íntima, Marcela y Santiago (Tatiana Rentería y Sebastián Moya) conjuran el momento en que el amor materno se enfrenta al dolor de soltar. Foto: Andrés Uribe Naranjo

A pocas semanas de cerrarse una exitosa temporada, Cartas a mamá, con sala llena cada noche, del joven director Juan Pelz, me hace detenerme ante lo que, creo, será el umbral que nos lleve a un nuevo teatro en Colombia. La obra, que se presenta en la sala La Sinagoga del Teatro Nacional, cuenta con funciones de jueves a sábado hasta el 21 de febrero. Y hace parte de una serie de obras que marcan la aparición de una generación de autores con preocupaciones estéticas y temáticas distintas, en donde otro país emerge para ser contado.

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Azotada por un conflicto armado que pareciera no perecer, Colombia ha sido una nación donde el arte ha sido testimonio de los más crueles e inverosímiles acontecimientos. Y su teatro, lejos de ser indiferente a un fenómeno bélico que se transforma cada día, ha producido obras de enorme valor mundial. Durante mucho tiempo nos pusieron estas en el mapa y despertaron interés en otros países. Nuestro teatro ha sido un ejemplo de rabia difícil de domar y ha producido creadores capaces de mirarse de frente con la medusa. Este conflicto no dejó respirar a nadie durante mucho tiempo.

En una conversación íntima, Marcela y Santiago (Tatiana Rentería y Sebastián Moya) conjuran el momento en que el amor materno se enfrenta al dolor de soltar. Foto: Andrés Uribe Naranjo
Marcela (Tatiana Rentería) enfrenta dilemas que muchas madres viven día a día... Foto: Andrés Uribe Naranjo

Hoy, tras un largo camino de procesos de paz y una dignificación de la vida en vías de desarrollo, los jóvenes creadores de la ciudad tienen la posibilidad de encontrarse con otros temas que antaño no fueran materia de exploración en el contexto artístico. Cartas a mamá es un gran ejemplo de este nuevo teatro que también se renueva junto con su territorio. “Tatiana Rentería y Sebastián Moya, encarnan a Marcela y Santiago, quienes revelan en una conversación íntima el momento en que el amor materno se enfrenta al dolor de soltar”.

La obra inicia con una madre sentada en la sala de su casa, esperando la llegada de su hijo, quien no viene a casa desde hace un par de noches. Parece que la situación se ha vuelto frecuente entre ellos dos, la espera no sucede atravesada por un desespero aterrador; hay algo en su actitud que denota otro tipo de espera. Al llegar el hijo, ambos tendrán que sostener una conversación incómoda de la que saldrá la única conclusión posible entre ellos; “ya no podemos seguir viviendo juntos”.

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La historia anuncia una serie de malestares entre ambos que no terminan por resolverse, pero la aparición de temas como el síndrome de nido vacío nos ponen frente a una Colombia que se explora con otra lente. Creadores como Juan Pelz, como Alejandra Chamorro o Tomás Villalba, empiezan a componer una Colombia que atraviesa nuevos fenómenos y nuevos desafíos de reconstrucción social; el suicidio, el privilegio, los mismos duelos del abandono, son temas que empezaremos a ver con más insistencia en nuestras salas. Nos hablan de un país que empieza a respirar otras heridas.

En una conversación íntima, Marcela y Santiago (Tatiana Rentería y Sebastián Moya) conjuran el momento en que el amor materno se enfrenta al dolor de soltar. Foto: Andrés Uribe Naranjo
En una conversación íntima, Marcela y Santiago (Tatiana Rentería y Sebastián Moya) conjuran el momento en que el amor materno se enfrenta al dolor de soltar. Foto: Andrés Uribe Naranjo
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Impecable en su puesta en escena, con una escenografía muy prolija y un par de actores conectados con sutileza, acción tras acción, Cartas a Mamá es una obra que merece la pena ser vista y reflexionada. En ella, el adiós aparece como una parte importante de la vida de dos personas que no podrán dejar de estar juntas. Así se revela una paradoja alucinante pero real, llena de vida y de tensión.

La intimidad con la que el desprendimiento aparece sobre el escenario, en una sala que invita a recogerse para escuchar (que se aleja del artilugio de los grandes escenarios), nos invita a regresar a la simpleza. El tacto de cada palabra entre ellos nos permite sentir que también nos desprendemos, algunos del nido, otros permitiendo que crezcan cerca de nosotros pero sin cerrar la jaula...

El teatro está mutando y la gente del teatro está cambiando. Y el diálogo que entablan con nuevas realidades del país y fuera del mismo permiten vaticinar un crecimiento de las fronteras de nuestro lenguaje sobre la escena.

*Información sobre fechas, horarios y entradas en este enlace.