La sinopsis de Lo primero que se rompió fue el corazón, la segunda novela de Julián Delgado Lopera, primera que publica con Alfaguara, nos dice: “Tras la muerte de Alma en las aguas del Magdalena, Valentina, su hija de doce años, intenta comprender un mundo que se desmorona. El padre, Ignacio, se hunde poco a poco en una tristeza que parece venir de tiempo atrás: de una infancia marcada por la violencia, de un amor imposible, de los secretos que ha cargado toda la vida y de una identidad que nunca pudo llegar a habitar.
Mientras Valentina busca respuestas sobre la muerte de su madre y trata de aferrarse a los afectos que aún persisten, Ignacio se ve obligado a enfrentar las imágenes de su pasado que lo persiguen. Pero este no es únicamente el relato de un padre y una hija. Es también la historia de la Familia Eléctrica, un inolvidable grupo de travestis encabezado por Mamadora Eléctrica, figura luminosa y locuaz que actúa como madre, guía espiritual, archivo de memoria y refugio para las almas expulsadas de cualquier paraíso".


Julián Delgado Lopera es autor de Fiebre tropical (Planeta, 2021), obra ganadora del Premio Lambda Literary de Ficción Lésbica y finalista del Premio Kirkus y del Premio Literario Aspen, entre otros reconocimientos. El autor y profesor ha recibido múltiples becas, y su trabajo ha aparecido en prestigiosas publicaciones como American Short Fiction, Granta, Teen Vogue, The Kenyon Review, McSweeney’s (porque el humor no le falta), The Rumpus, The White Review, LALT y Four Way Review. Nació y creció en Bogotá, es cofundador de Drag Queen Story Hour y actualmente enseña Escritura Creativa en CUNY. Reside en Brooklyn, Nueva York, y así respondió a nuestro cuestionario...
Arcadia: ¿Cómo recibe estas épocas, en la que se vuelve a prohibir libros en países que solían defender la libertad de expresión? ¿Qué dice eso sobre el poder de un libro?
Julián Delgado Lopera: Los libros son lugares de posibilidades. La ficción es donde podemos entender y muchas veces humanizar experiencias de vida muy distintas a las nuestras. Leer ficción es un ejercicio de empatía: acercase al dolor íntimo de un personaje y ser testigo de alguien. Reconocer la humanidad en todos. La literatura revela la posibilidad de maneras de existir que de pronto ignoramos. Por eso, para los gobiernos que reprimen no solo los libros sino la cultura, ven estas expresiones de vida como una amenaza al proyecto de uniformidad que les facilita el control social y la explotación.
La literatura revela la posibilidad de maneras de existir que de pronto ignoramos. Por eso, para los gobiernos que reprimen no solo los libros sino la cultura, ven estas expresiones de vida como una amenaza al proyecto de uniformidad que les facilita el control social y la explotación.
La literatura abre caminos hacia la libertad: nos invita a cuestionar, imaginar y reconocer que otros mundos son posibles. Y es precisamente esa capacidad de ampliar nuestra mirada y ensanchar los límites de lo imaginable lo que la convierte en una fuerza que los poderes autoritarios buscan reprimir.


Arcadia: ¿Qué no se imaginó nunca del proceso de escribir, publicar y promocionar sus libros?
J.D.: Que fuera a veces tan tedioso. Cuando era niño simplemente me gustaban las historias, me encantaba inventar, leer y me encantaban las librerías. Nunca imaginé que detrás de cada libro que adoré había un proceso tan largo (y muchas veces tedioso).
Arcadia: ¿Cómo nace su novela? (de qué inquietudes, episodios, momentos hechos o circunstancias…). ¿Qué temas entrelaza?
J.D.: La novela nace de un cuento que escribí hace un tiempo sobre un padre que se retira y se va a vivir solo con su hija. Los dos están obsesionados con una supermodelo y el padre sufre de depresión. También hay una dimensión muy personal. Soy la primera persona de mi familia que es abiertamente gay y trans, pero sé que no soy la primera persona LGBT que ha existido en ella. Antes de mí tuvo que haber otras personas con deseos y experiencias similares que nunca pudieron vivirlos abiertamente, que tuvieron que guardárselos o renunciar a ellos.
Soy la primera persona de mi familia que es abiertamente gay y trans, pero sé que no soy la primera persona LGBT que ha existido en ella. Antes de mí tuvo que haber otras personas con deseos y experiencias similares que nunca pudieron vivirlos abiertamente, que tuvieron que guardárselos o renunciar a ellos.
Durante mucho tiempo me hice una pregunta: me encantan las historias queer, pero ¿qué pasa con las personas que nunca salen del clóset? ¿Qué pasa con quienes se quedan adentro y terminan asfixiándose allí? Quería, además, entretejer elementos de la historia y la cultura trans. En San Francisco, fui acogido por una mujer trans cubana que se convirtió en parte fundamental de mi familia elegida, especialmente durante una época en la que no hablaba con mi familia biológica. Esa experiencia también forma parte del trasfondo emocional de la novela.
Como hombre trans, y desde mi propia experiencia de vivir la transición, me interesa cuestionar esas ideas sobre lo que significa ser hombre, lo que se nos permite sentir y todo aquello que aprendemos a callar.
Por último, quería explorar la masculinidad y preguntarme por qué a tantos hombres les cuesta permitirse sentir ciertas cosas qué se entienden como “femeninas”, por qué aprenden a reprimir determinadas emociones y vulnerabilidades. Como hombre trans, y desde mi propia experiencia de vivir la transición, me interesa cuestionar esas ideas sobre lo que significa ser hombre, lo que se nos permite sentir y todo aquello que aprendemos a callar.
Arcadia: Cuéntenos sobre la estructura de su novela, sobre las reescrituras, las relecturas y el proceso de edición… ¿qué tanto fluyó, qué tanto se transformó este trabajo en el proceso?
J.D.: El proceso duró diez años. Escribí mas o menos 16 borradores. No sé muy bien cómo describir el proceso de tantos años más que simplemente escribir y reescribir a veces lo mismo, a veces en círculo muchas veces hasta llegar al corazón verdadero de la historia. Compartir el texto con otras personas. Volver al texto. Encerrarme por mucho tiempo dentro de la historia y hasta llegar a conocerla profundamente.


Arcadia: SOBRE SU NARRADOR O NARRADORES, sobre algún personaje específico de los que comparte con sus lectores, ¿algo que quisiera anotar?
J.D.: A los lectores les ha encantado Tía Mama, y a mí también. Es una madre travesti que irrumpe con una energía arrolladora y una voz enorme, imposible de ignorar. El personaje está inspirado en mi madre trans, Adela Vázquez, una mujer trans cubana que salió de Cuba en 1980.
Tía Mama es una madre travesti que irrumpe con una energía arrolladora y una voz enorme, imposible de ignorar. El personaje está inspirado en mi madre trans, Adela Vázquez, una mujer trans cubana que salió de Cuba en 1980. Adela tenía una tenacidad extraordinaria.
Adela tenía una tenacidad extraordinaria, un sentido del humor increíble y una historia de vida inolvidable. Fue una mujer que me enseñó muchísimo y cuya fuerza, vitalidad y manera de estar en el mundo siguen muy presentes en este personaje.
Arcadia: ¿Qué une y qué separa esta novela de sus entregas anteriores?
J.D.: Es una novela muy diferente. Tiene muchos más subtramas y una estructura narrativa bastante más compleja que la anterior. Lo primero que se rompió fue el corazón está narrada a través de tres voces distintas. También refleja el camino que he recorrido como escritor y cuánto he cambiado desde mi primera novela, Fiebre tropical, que tiene una estructura completamente lineal y está atravesada por un humor muy marcado.
‘Lo primero que se rompió’ fue el corazón está narrada a través de tres voces distintas. También refleja el camino que he recorrido como escritor y cuánto he cambiado desde mi primera novela, ‘Fiebre tropical’, que tiene una estructura completamente lineal y está atravesada por un humor muy marcado.
Aunque Lo primero que se rompió fue el corazón también tiene sus momentos de humor, siento que en esta novela pude adentrarme mucho más en las emociones de los personajes y explorar zonas más profundas de su intimidad. También me permití soltarme más en el lenguaje, experimentar con la escritura y dejarme llevar por una dimensión más lírica.

Arcadia: SOBRE SU RUTINA DE ESCRITURA: o detalles de cómo hace usted lo que hace, cuándo lo hace, dónde lo hace, escrito en papel, directo en computador, cuánto la/lo estresa, la/lo tranquiliza, o la/lo pone en la frecuencia en la que lo pone…
J.D.: Escribo por las mañanas y trato de hacerlo fuera de casa. Vivo en Brooklyn y, a unas cuadras de mi apartamento, hay un café al que me gusta ir porque preparan un buen matcha, tiene mucha luz natural y siempre hay gente del barrio. Me gusta ese ambiente para escribir. Primero escribo a mano y después paso al computador. Antes de ponerme a escribir, trato de leer algo relacionado con el tema que estoy explorando en ese momento.
Primero escribo a mano y después paso al computador. Antes de ponerme a escribir, trato de leer algo relacionado con el tema que estoy explorando en ese momento.
Por lo general, elijo un libro que me encante, uno que me recuerde por qué amo la literatura y me devuelva a esa sensación de asombro y de posibilidad que encuentro en los libros. Me gusta empezar el día conectando con la escritura de alguien más antes de encontrar mi propia voz.
Arcadia: SOBRE SU RUTINA DE LECTURA: o detalles de cómo, cuándo, dónde lee, sobre qué lee y por qué, y sobre si se puede leer todavía para escapar del mundo “real” siendo escritor…
J.D.: Leo casi todos los días. Leo lo más que puedo. Leo de todo. Me fascina leer. Creo que desde niño lo hacía para regularme y aún hoy no puedo vivir sin la lectura. Sólo leo en papel, no puedo leer en pantallas.


Arcadia: ¿Ya trabaja en algo nuevo? ¿De qué se trata?
J.D.: Tengo dos proyectos. ¡En unos años sabrán de qué trata!
Arcadia: ¿Qué libro reciente y qué libro clásico recomienda?
J.D.: Panza de Burro de Andrea Abreu y Poemas de Safo
Arcadia: ¿Qué artes o actividades lo sacan de sí mismo?
J.D.: Me encanta bailar. En el verano en Brooklyn hay lo que llaman block parties donde cierran calles y la gente del barrio hace fiestas durante el día. Me fascinan. Ir a la playa. Al parque. Camino en el jardín botánico al lado de mi casa. Cocinar con mi novia. Cenar con mis amigos. Caminar, caminar, caminar, caminar. Coger el tren y leer por mucho tiempo.
