En medio del calor cartagenero, el Hay Festival 2026 se alzó con fuerza, desplegando su alfombra de ideas y palabras. Durante el primer día de la cita más importante de la cultura latinoamericana, una de las conversaciones que más llamó la atención y llenó el auditorio Getsemaní del Centro de Convenciones de la ciudad fue la de Mario Mendoza, el escritor bogotano que ha diseccionado las sombras del alma humana en novelas como Satanás, y Ana María Parra, la guionista que lideró el equipo creativo detrás de Estado de Fuga 1986.

La dupla se sentó frente a un público expectante para desentrañar la mente de Campo Elías Delgado, el asesino itinerante responsable de la masacre de Pozzetto en 1986. La charla no solo revivió el estreno de la serie en Netflix el 4 de diciembre de 2025, sino que también iluminó el proceso creativo de un proyecto que fusiona ficción y realidad para explorar el abismo de la violencia en Colombia.

La conversación arrancó con el núcleo de la serie: esa amistad ficticia, pero perturbadoramente verosímil, entre Leon, un joven escritor interpretado por José Restrepo, y Jeremías Salgado, el personaje inspirado en Campo Elías, encarnado por Andrés Parra.
“El centro de la serie es la extraña amistad entre Leon y Jeremías”, afirmó Mendoza, con esa voz grave que parece emerger de las profundidades de Bogotá, recordando cómo su propio encuentro con Delgado en la Universidad Javeriana, en los años ochenta, sembró la semilla de Satanás.

Ana María Parra complementó: “Hicimos una serie de intriga y todo es una pista de algo”. Desde ahí, la dupla desmenuzó cómo la producción, impulsada por AG Studios y el productor Rodrigo Guerrero, reconstruyó los cuatro meses previos a la masacre del 4 de diciembre de 1986, cuando Delgado irrumpió en la pensión Pozzetto.
La serie, con sus ocho episodios de aproximadamente 45 minutos cada uno, no se limita a recrear el horror; ficciona hacia atrás, cuestionándose qué brote psicótico o semilla social germinó en un hombre que pasó de excombatiente a spree killer, un término que, como explicó Mendoza, ni siquiera existía en el léxico criminológico de la época.


Mendoza, cuya novela Satanás de 2002 ya había abordado el caso, reveló las dificultades de su proceso creativo inicial.
“El concepto de spree killer viene después; en el momento de la masacre de Pozzetto, nosotros no sabíamos cómo se llamaba ese tipo de asesino. Luego de Columbine y Virginia Tech, se empezó a tipificar este tipo de personajes. Por eso entender a Campo Elías Delgado fue tan complicado”, confesó, evocando cómo tuvo que desechar dos versiones de su manuscrito por falta de información sobre asesinos relámpago.
“En el proceso de construcción de Satanás, yo tuve que destruir las dos versiones que tenía porque no había información sobre ese tipo de asesinos. Solo hasta los 2000 se empezó a hablar de esto y del síndrome de Amok, en donde se habla de la responsabilidad social”, añadió.
Para el escritor bogotano, estos asesinos son arquetipos de desolación: “El spree killer se caracteriza por su soledad; en su vida no hay ternura, no hay nada; es un lobo que va pasando el desierto a la intemperie”.
Parra asintió, enriqueciendo el retrato con su experiencia en la sala de guionistas, donde dos asesores chocaron en diagnósticos opuestos: “Durante la serie contamos con dos asesores, un perfilador de la policía que decía que Campo Elías era un psicópata que había cometido crímenes antes de lo de Pozzetto, pero por el otro lado estaba un psiquiatra que decía que Campo Elías era un hombre normal, pero que las circunstancias hicieron que hiciera lo que hizo”.


La guionista, cuya motivación personal brilló en la charla, confesó su fascinación por la distancia con la historia. “Me gustó mucho hacer esta serie porque es muy lejano a mí; lo que me motivó sobre este proyecto fue tratar de entender la forma de pensar de este tipo de personajes, sobre todo porque yo no he tenido ninguna cercanía en mi vida con ese tipo de personas o perfiles”, dijo Parra, quien pasó por las aulas de Literatura en la Javeriana en los años noventa.
Mendoza y Parra, además, analizaron el subtexto social: “¿Quién siembra la semilla? Es una reflexión sobre quién siembra la idea de un crimen. Campo Elías es un personaje complejo que se acerca más a un brote psicótico que termina cometiendo esta masacre en corto tiempo”.

La serie, ambientada en el caos de 1986, con la toma del Palacio de Justicia, la tragedia de Armero y los magnicidios políticos, teje capas de violencia. “Esta serie habla de la violencia del país, hay un subtexto en donde la serie toca las distintas capas de violencia de los personajes, habla sobre el ciclo eterno de violencia del país”, enfatizó Parra.
Otro tema candente fue el mal como perseguidor: “Otro tema importante de la charla fue cómo el mal terminaba persiguiendo a los personajes de la serie. Parra aseguró que justo ese fue el giro más drástico que tuvo el personaje de Carolina Gómez”, donde la oscuridad se ceba sin piedad.
La dupla no esquivó preguntas espinosas, como por qué Colombia no ha visto otro Pozzetto. De acuerdo con Parra, la respuesta podría encontrarse en la historia misma del país: “Los colombianos habitamos la guerra permanentemente, tenemos violencia siempre al lado”. En un país donde el conflicto armado normaliza el horror cotidiano, el spree killer parece un lujo exótico, diluido en la guerra endémica.

El cierre emotivo de la conversación estuvo a cargo de Mendoza, quien rindió un homenaje a José Restrepo, el actor que da vida a León. De acuerdo con Mendoza, José Restrepo es “la nueva revelación de la actuación colombiana”. El aplauso del público selló una velada que trascendió el análisis literario para convertirse en un espejo de las heridas colectivas de Colombia.










