Con Tírale flechas, que apenas hace dos semanas apareció en el mercado, se completa la Trilogía de la catedral. Es el más ambicioso proyecto discográfico dedicado al repertorio del archivo musical de la catedral de Bogotá en Colombia, obra del grupo Música Ficta, fundado por los hermanos Carlos y Jairo Serrano en 1988. En 1993 ingresó el guitarrista Julián Navarro y en 2002 la clavecinista Elisabeth Wright.
El título proviene de un “villancico”, curiosamente, de Navidad, del portugués fray Francisco de Santiago, que durante la primera mitad del siglo XVII fue maestro de capilla de la Catedral de Sevilla, quien mantuvo “amistad” con Juan IV de Portugal, el “rey músico”. En su colección, una de las más grandes de su tiempo en Europa, reposaban cerca de 500 villancicos del fraile, que desaparecieron con el terremoto de Lisboa de 1755; este sobrevive gracias a la copia que reposa en el Archivo de Bogotá. Curiosamente, porque la palabra villancico, en su origen, no estaba asociada a la Navidad, eran canciones polifónicas, es decir, a varias voces y de origen popular. Esta es una de las 17 composiciones del disco compacto. Cada una tiene su propia historia.

El primer compacto, Alternen las avecillas, de 2024, deriva su nombre de un anónimo colombiano del siglo XVIII y sugiere la música del canto de las aves. El del segundo, de 2025, viene de “Si de la esfera celeste”; es el verso final de A la lid ¡Al combate! ¡A la batalla!, un villancico del siglo XVII de Juan Jiménez.
A eso se dedica Música Ficta desde hace 38 años: a la música del Renacimiento y el Barroco, de los archivos latinoamericanos en general y de Colombia en particular. Su trabajo es más reconocido y acogido en el exterior que en Colombia, cosa que aceptan sin amarguras ni rencores. Pero, cuidado, que nadie intente provocarlos porque tendrá para llevar.
Como tenían obsesión con el archivo de la catedral de Bogotá –no eran los únicos–, hicieron lo habido y por haber para acceder a él. Sistemáticamente les cerraban las puertas. Cuando manifestaron ese malestar, durante un concierto, irónicamente en la catedral, fastidiadísimo, uno de los clérigos les sentenció que jamás accederían a él: craso error porque los provocó.
INVESTIGANDO COMO DETECTIVES
Con paciencia de detectives rastrearon en la historia. El archivo se desperdigó y buena parte desapareció en el siglo XIX por falta de sede. Cuando monseñor José Ignacio Perdomo Escobar en 1938 denunció, primero, que estaba en condiciones deplorables y, segundo, en 1948, con el Bogotazo, presenció alarmado cómo quienes se refugiaron en la catedral usaban las partituras “para usos de íntima necesidad”, resolvió iniciar su catalogación profesional.

Pero no se desanimaron. Descubrieron que un investigador estadounidense, continuador de la labor de Perdomo, tuvo el cuidado de microfilmarlo y que todo reposaba en la Universidad de California.
Lo que media entre ese momento y la aparición de esta antología de obras de la Catedral Primada no es tan sencillo como poner las partituras en los atriles, escoger las obras, llamar al ingeniero de sonido Mauricio Ardila y grabarlas. El asunto es más complicado.
TRABAJAR CON MÚSICA ANTIGUA
Con la música antigua, las cosas son a otro precio. Las partituras no se leen, como cuando se pone en el atril una sonata para piano de Beethoven o una sinfonía de Schubert.
La música de esos tiempos, primero, no estaba concebida para perdurar en el tiempo. Generalmente, quien se encargaba de interpretarla era el compositor y no todo estaba consignado en el papel pautado; cuando era otro músico, tenía libertad de hacerlo a su manera, de escoger los instrumentos o las voces, de añadir pasajes de su invención y realizar todo tipo de cambios. Así era.
TIENEN LA SUERTE DEL AUGE QUE EXPERIMENTA EL MERCADO MUNDIAL POR LA ADQUISICIÓN DE LA MÚSICA EN MEDIOS FÍSICOS. AUNQUE AÚN PREVALECE EL STREAMING
Este trabajo, en la actualidad, demanda conocimiento científico y, lo más importante, entender que no se trata solo de “arqueomusicología”, sino de darle sentido a la interpretación para el oyente contemporáneo.
Justamente de eso se trata esta trilogía que recopila 45 composiciones, vocales e instrumentales: que cada compacto sea lo suficientemente atractivo y variado para el oyente. El proyecto incluye, además del cuarteto mencionado, una larga lista de vocalistas e instrumentistas. Lo más importante, que logran la excelencia.
EL NUEVO AUGE DEL DISCO COMPACTO
Tienen la suerte de que el disco compacto experimenta en la actualidad un auge inesperado: sus ventas en el mundo presentan un incremento del 58,6 por ciento, según la Recording Industry Association of America. Aunque el streaming domina el mercado, existe un malestar en el sentido de que los compradores no son realmente propietarios de eso que compran.

Por otra parte, como lo dijo hace unas semanas Manuel Drezner en su columna de El Espectador: “Algunas investigaciones demostraron que el sonido recibido por streaming a duras penas era un poco mejor que lo que se lograba en los viejos discos de 78 revoluciones”.
En esencia, los astros están alineados a favor de esta Trilogía de la catedral, de Música Ficta. Muy a pesar de quien les advirtió que nunca accederían al archivo musical de Bogotá.
Porque ahora está al alcance de todo el mundo.
