Oriundos de Puerto Rico, Cultura Profética es una de las bandas más longevas de esa legendaria generación de músicos que configuró, a mitad de los noventa, el catálogo esencial del ska y el reggae latinoamericano. La banda se formó hace treinta años por Willy Rodríguez (bajo, voz), Eliut González (guitarra) y Omar Silva (guitarra, bajo), miembros que han mantenido la bandera del amor, el respeto y la resistencia ondeando ininterrumpidamente. Así, con la llegada de Canción alerta (1998), grabado en Jamaica y producido por Tuff Gong, quien trabajó con Bob Marley, la banda entabló un diálogo continental con álbumes del momento como Fabulosos calavera de los Cadillacs (1998), A la izquierda de la tierra de Panteón Rococó o Las perolas de Motas (1999), de Los Elefantes, agrupación colombiana pionera en la fusión del ska y el reggae con géneros diversos.

Ahora, treinta años después, Cultura Profética regresa con En bucle, presentado en junio, un álbum de catorce cortes en el que su base de reggae se permite una conversación más profunda con sonidos venidos del trap, el neo soul o el afrobeat. Eliut González, quien le respondió a esta entrevista a ARCADIA, explica sobre el disco que “Nosotros somos dinosaurios. Todavía creemos en el concepto de hacer un disco. Igual sabemos que la industria ha cambiado mucho. Pero siempre creemos en entregar una pieza a la que tú le puedas dar play y escuchar completa, que las canciones conecten entre sí”. En este sentido, aunque los tiempos se transformen, Cultura Profética continúa apostando por un catálogo coherente, más que una colección de sencillos; por un álbum redondo que nos acompañe para siempre en vez de buscar la viralidad por medio de coreografías imbéciles en Internet. Hablamos con el guitarrista de la banda sobre el proceso de composición de En bucle, su nueva apuesta discográfica, además de su participación como headliners del Cordillera en su edición de septiembre de 2026.
Los primeros años: juventud, resistencia y conciencia política
Antes de lanzar su primera placa discográfica, Cultura Profética se había abierto un espacio importante en la escena local de la Isla del Encanto. Entonces, amparados por la esperanzadora inocencia que define la juventud, sus canciones adoptaron un tema marcadamente político, cuestionando las relaciones entre su geografía natal y el imperio moderno de los Estados Unidos, el desarrollo económico de la isla, la destrucción ambiental y la condición colonial a la que todavía están supeditados los habitantes de la cálida isla de nuestro continente. Para González, esta primera etapa corresponde a una búsqueda personal propia de la juventud: “Fue increíble. Tú sabes que uno a esa edad está en la búsqueda por saber quién eres, hacia dónde vas. Te empiezas a cuestionar todo. Empiezas a ver, a tratar de señalar, a querer cambiar el mundo. Creo que eso fue lo que pasó en esos primeros discos. Me atrevo a decir que un poquito más de la mitad de nuestra carrera se trató de eso”.
“Primero nosotros estábamos tratando de ver cómo podíamos cambiar a nuestro Puerto Rico, de hacer que la gente abriera los ojos”, añade el guitarrista, quien señala que en esos momentos su sonido tenía una base de reggae más marcada, aunque la fusión ha sido parte fundamental de su identidad artística. “Lo veo con mucho orgullo. Resistimos, por llamarle así. Hicimos una música de resistencia”, añade. En ese sentido, por ejemplo, “Despertar” exhortaba a sus coterráneos a encontrar el valor patriótico de ser puertorriqueño, pero desde una perspectiva ecológica que denunciaba la política extractivista yanki. Aunado a ello, “¿Por qué cantamos?” señalaba una declaración de principios que, a pesar del éxito, la banda no ha abandonado: “Cantamos porque llueve sobre el surco/y somos militantes de la vida/y porque no podemos ni queremos/dejar que la canción se haga ceniza”.


“Obviamente era un momento sin redes sociales, sin nada de lo que está pasando ahora”, reflexiona el músico. “Lo vemos con ojos bonitos, vemos que también hemos madurado mucho como personas. Somos papás, tenemos familia. Te conviertes en una persona muy diferente”, añade, luego de señalar que su perspectiva política ha virado hacia la introspección y la responsabilidad individual, entendiendo sin desesperanza que si los sistemas parecen inamovibles, cada persona tiene una responsabilidad política con el otro entre las que se incluyen una sonrisa, un saludo cordial o sacar la basura. No es un retroceso: es la decisión de construir día a día, paso a paso, disco a disco, un mundo en el que quepamos todos. Comenzando con nuestro vecino. “Nos hemos dado cuenta de que hay cosas que tú puedes controlar y cosas que no. En el caso mío, pues yo trato de ser una fuerza de cambio dentro de mi entorno. Primero, con mis hijos y mi familia, en mi comunidad, en mi barrio”, añade, conforme señala que esa ira rebelde se ha transformado en un amor cálido para con el otro. “Creo que estamos muy faltos de eso hoy día. Siento que nosotros con el tiempo nos dimos cuenta de que uno va cambiando y uno se va enamorando también de la vida”.
El amor, la poesía y la honestidad creativa de En bucle
Viajamos al pasado de la banda para contextualizar su presente pues, si sus primeros discos eran más públicos y políticos, En Bucle señala dinámicas propias de la vida íntima, decisiones que, de cualquier manera, configuran nuestra identidad con relación al gran cuerpo social. Por ello, el disco se configura como una apuesta lírica robusta, entendiendo la poesía como una conquista de la madurez. González señala la dificultad inicial de Willy Rodríguez para encontrar palabras capaces de expresar el amor más puro, además de la voluntad de hacer canciones cuya escritura estuviera a la altura de los arreglos musicales que estructuraron el disco desde su estudio propio.
Si hay un giro poético, también hay una nueva dinámica que configuró el esqueleto melódico de En Bucle. En anteriores esfuerzos discográficos la banda había construido sus composiciones a partir de la improvisación en vivo, tocando cada uno sus instrumentos y entendiendo de qué manera cada uno de los músicos se iba acoplando a la melodía que surgía como un ejercicio alquímico. Ahora, aprovechando las ventajas de la tecnología, la banda se comprometió a llegar a su estudio con ideas propias, simulacros musicales o demos que compartía con sus colegas. A partir de la escucha atenta, los once músicos que dieron forma al álbum aportaban ideas propias que robustecieron la fuerza instrumental del disco.



“Las canciones fueron naciendo y más o menos nos dimos cuenta de que tenían como una cohesión entre sí. Se puede decir que ahí está el lado A y está el lado B”, reflexiona, “El lado A es, a lo mejor, el lado del amor y de las relaciones sanas, de toda esta poesía linda. Y está el lado B, en el que estás defraudado o habitas el desamor”. Por ello, entre las catorce canciones que componen En Bucle, de las cuales diez son “reggae duro”, el álbum incluye intervalos vocales que responden a la lógica de las conversaciones íntimas y privadas. Así, por ejemplo, “quiero repetir…” escenifica un mensaje de voz de mujer que propone un nuevo encuentro: “…o sea, créeme que es recíproco. Me encanta. Me encantas. ¡Quiero repetir! O sea, mucho. ¡Necesito verte pronto!”. Es un álbum de instantáneas privadas a las que asistimos como espectadores curiosos. Sin embargo, como señala González, “intentamos hacer canciones con cierto gusto y cierta poesía a la altura de los arreglos. Sin dejar nuestra esencia, porque tú escuchas la Cultura y sabes que somos nosotros. Creo que mucha gente va a sentir eso con el disco nuevo”.
Reggae, bendito vicio
Después de recorrer la historia política y afectiva de Cultura Profética, aparece una tensión inevitable: la banda sigue siendo reconocida como una agrupación de reggae, pero su nuevo disco insiste en moverse hacia otros territorios. Esa tensión no debilita su identidad. Al contrario, permite entenderla mejor. Para quienes crecimos con el ska y el reggae latinoamericano de los noventa, la música solía funcionar como una pertenencia casi tribal, pues cada género traía consigo una estética, una comunidad y una forma de mirar el mundo. Pero esa relación cambió con las nuevas tecnologías de escucha. Desde el iPod en adelante, la biblioteca musical dejó de ordenarse por lealtades cerradas y empezó a reunir, en un mismo espacio, a Cultura Profética, Motörhead, Héctor y Tito o La Oreja de Van Gogh. En ese contexto, las exploraciones de En Bucle no son una traición al reggae, sino la consecuencia natural de una época menos rígida, en la que la identidad musical se afirma precisamente al abrirse a otras influencias.
En un momento en el que el ska y el reggae parecen haber perdido su relevo generacional, salvo cuando han aprendido a fusionar las tradiciones jamaiquinas con sonidos globales como en el caso de Rawayana o Dread Mar I, Cultura Profética no ha abogado nunca por el purismo en su identidad sonora. La hibridación aparece como una práctica fundacional, no como una adaptación reciente al mercado. “Nosotros del segundo disco en adelante nos dimos cuenta de eso. No es que el reggae no sea suficiente, es que nosotros queremos tener una identidad propia”, explica González, quien además reconoce la manera cómo otros ritmos caribeños han influenciado desde sus primeros momentos su mixtura sonora: “Nosotros siempre tuvimos una onda, un lado distinto con las extensiones de los acordes, trabajábamos la armonía de una manera diferente. Nosotros venimos de la salsa, eso obviamente influye en la instrumentación: los vientos van a estar más agresivos y se canta un poco más sincopado. Willy puede parecer que es un salsero cantando reggae”.


Para una banda que grabó su primer álbum con el productor de Bob Marley, no hay posibilidad de que este género no haya calado profundamente en el ADN del proyecto. “Amamos el reggae, tuvimos la dicha de vivir en Puerto Rico y de crecer en los años noventa en que hubo un movimiento gigante y todas las bandas legendarias iban a Puerto Rico para dar conciertos. Nosotros estábamos ahí aprendiendo con ellos, yendo a las pruebas de sonido, abriendo muchos conciertos”, señala, tras recordar que en los primeros dos años de su carrera la banda les abrió a todos los maestros que visitaban la isla. Empero, más allá de la filiación juvenil por el ritmo rebelde, el músico también reconoce la influencia de otras músicas durante su aprendizaje musical: “Cada cual creció en su casa, con el tocadiscos, y algunos de nuestros papás nos ponían Maelo, nos ponían otra clase de música. También tenemos la influencia de Estados Unidos y tenemos el rock y tenemos el soul, pero también tenemos el bolero, tenemos a Cheo Feliciano”, explica. “Tenemos todas estas cosas, es como: ‘¿Qué hacemos con esto?’. Vamos a hacer algo que nos nace natural. Eso es algo que tú sientes en nosotros”
Así, el reggae funciona como una base rítmica y afectiva a la cual se suman la salsa, el rock, el soul, el hip-hop, el trap, la bossa nova y el afrobeat. La apertura responde a la necesidad de construir una voz propia, un sonido que siempre suene a Cultura Profética aunque haya una evolución constante en la manera de envolver su mensaje. “Nos dimos cuenta de que nosotros no íbamos a seguir las reglas tradicionales del reggae. Además, dentro de la misma escena no sentimos que había tanta unidad. De hecho, había mucha crítica porque había mucho fundamentalismo”, señala, conforme recuerda que los amantes del reggae más tradicional preferían un sonido más estricto a la herencia jamaicana. “Amamos el reggae y escogemos del reggae lo que más nos gusta, que es su base, y ya nosotros le añadimos los otros sabores y las otras sazones que tenemos. El reggae fue lo que nos unió, pero también nos consideramos una banda de música: no hay un género específico con el que nos vamos a regir para no poder hacer nada más”.
Eliut enumera las músicas presentes en sus hogares y en su contexto puertorriqueño. La salsa, el bolero, el rock, el soul y la influencia estadounidense forman parte del mismo archivo. La identidad de Cultura Profética consiste en procesar ese archivo de una manera reconocible.
Treinta años, nuevas generaciones
Uno de los principales atractivos del Festival Cordillera, del que participará Cultura Profética, es que mantiene un tenso equilibrio entre las nuevas y viejas músicas, entendiendo que, muchas veces, distintas generaciones comparten el afecto por las mismas canciones. Caifanes, Fito Páez o Los Fabulosos Cadillacs son prueba de ello y sus presentaciones en el marco de esta celebración de la identidad latinoamericana ha reunido tanto a jóvenes escuchas como a veteranos de Rock al Parque, Vértigo Campo Elías o Transilvania. De igual modo sucede con Cultura Profética, quienes ya se presentaron en 2023 en el Simón Bolívar, pues su música no envejece, mas se añeja. “Es bello ver eso en los shows. Hemos visto abuelos, papá e hijo ahí en el show y eso es tan hermoso”, señala González. “La gente se nos acerca: ‘Mira, nosotros formamos nuestra familia con la música de ustedes, nosotros nos conocimos y nos enamoramos con esta canción’. Esas historias son bellas”.


Por ello, la trayectoria de la banda puede observarse a través de las distintas generaciones que asisten juntas y en las historias personales de individuos que han transformado su vida por la fuerza del evangelio de amor que enuncian las composiciones de la banda. “Tú tocas a la gente con eso. También, cuando sacamos el tema ”Caracoles", que era un tema más de introspección, mucha gente estuvo hablando de la salud mental, mucha gente conectó con ese tema”. Sin embargo, como es evidente, la banda ha tenido que aprender a lidiar con las expectativas de los fans y su propia necesidad creativa. Han recibido mucho “hate” por coquetear con todas las formas musicales, incluso con el trap, aunque siempre hayan mantenido el sello de calidad que los hizo inmortales desde el primer momento. “Siempre estamos como al borde del precipicio y eso es lo que nos gusta. Nos gusta hacer exactamente lo opuesto a lo que están esperando de nosotros”.
Este relevo generacional opera dentro y fuera de la banda, pues Cultura Profética ha mantenido una línea rotativa de colaboradoras que, para este álbum, sumó a once intérpretes y compositores. Algunos de ellos aportaron también desde su experiencia solista, como Bebo Dumont o Frido Vargas, quienes aparecen con voz propia dentro de En Bucle. “Fue bonito trabajar con personas fuera de lo que es la base, ¿verdad?, de lo que somos nosotros cuatro. Fue una manera diferente, pero tú sientes la honestidad, el día a día de cómo lo estuvimos haciendo”. Este relevo implica participación creativa real dentro de los procesos de la banda, pues los músicos jóvenes aportan ideas instrumentales, producción y una lectura informada del catálogo. La historia de Cultura Profética funciona como un lenguaje que otras generaciones pueden estudiar, citar y transformar desde dentro. “Nos abrimos a la posibilidad de que, hermano, juntos somos más fuertes, ¿verdad? Y al final salió un disco hermoso, salió un disco increíble. Todo está ahí. Todo está al nivel de todos los discos que hemos hecho”.
La celebración en Cordillera
Cultura Profética celebrará tres décadas de actividad ininterrumpida duran la futura edición del primo latino del Festival Estéreo Picnic. El evento implica, necesariamente, una negociación con todo el catálogo discográfico de los puertorriqueños, por lo que el repertorio de Cordillera debe negociar tres décadas de canciones, las exigencias de un formato de festival y el deseo de presentar el nuevo disco. La solución no consiste únicamente en escoger “éxitos”: también requiere observar la apropiación previa de las canciones nuevas. “Yo creo que lo bueno es que como sacamos el disco en junio, tocamos el festival en septiembre, la gente va a tener tiempo a escuchar el disco, a digerir el disco, a vibrar con él y entonces pues ya nosotros decidiremos”, señala al respecto González.

De cualquier modo, manteniendo su esencia, la banda reconoce la importancia de honrar a sus fanáticos más dedicados con la parte más antigua de su recorrido artístico. “Igual siempre vamos a tratar de complacer a todo el mundo y, para los festivales, pues tratamos de entender que estás en divirtiéndote. Y que ya cuando vengamos para el show de nosotros, pues ahí te tocamos el show de tres horas, como yo digo”, subraya el guitarrista. “Los palos siempre van a estar. Siempre vamos a tocar los clásicos que la gente siempre abraza y hace sus favoritos. Canciones como ”Ilegal", “La complicidad”, “Saca, prende y sorprende” son canciones que nunca van a faltar”, concluye.
A lo largo de tres décadas de historias, Cultura Profética ha mantenido una única constante: la honestidad brutal de ser ellos mismos. En un mundo de máscaras y algoritmos, los puertorriqueños han aparecido desnudos y vulnerables en cada tarima que pisan sus pies descalzos. Así las cosas, la evolución de su sonido responde a la importancia de experimentar y dialogar siempre con nuevas estéticas. Es un proceso que se repite y avanza, una evolución en bucle que nos lleva a encontrarnos siempre con las mismas personas, cada vez más sabias, que orquestaron la banda sonora de nuestros primeros enamoramientos. No importa cuándo hayamos nacido.
