¿Le importará estar en el ojo del huracán? ¿La importará ser reconocido desde ahora como ESE artista millonario que en su gira decidió apagar una voz que denunció un genocidio para satisfacer a los mandamases que lo han propiciado? Probablemente no. Es un tipo con muchísimo dinero, apadrinado por personajes como Robert Kraft, en cuyo matrimonio tocó, dueño de los Patriotas de Nueva Inglaterra, de un estadio y de un montón de cosas más. Gente de mucho poder que, entre otros logros humanitarios, llevó a Donald Trump al poder.
Lo que sí sabe el músico británico Ed Sheeran es que, de ahora en adelante, su imagen de buen chico ya no existe. Acaba de pavimentar su entrada a ese reino oscuro en el que Kid Rock es rey. Y sí, en esas tierras donde el racismo no es mal visto, seguramente siga facturando, pero en qué medida, no lo sabemos. Solo el tiempo dirá s todo esto impacta la billetera que tanto le preocupa.

Sheeran pasó este año por el Vive Claro de Bogotá, en esa misma gira que hoy lo ve sufriendo varias consecuencias reputacionales por cuenta de doblegarse ante los poderes del dinero (ya teniendo cientos de millones de dólares). Seguramente, en ese concierto hizo felices a miles de seguidoras y seguidores. Y eso está perfecto. Pero quizá no le fluye la sonrisa tan fácilmente ahora a Ed, como en esa parte del tour. El paso por Estados Unidos lo ha cambiado todo.
Realmente fue ese mismo amigo, Kraft, el que lo metió en este enorme descalabro. Luego de su paso por otras ciudades, en los que uno de sus teloneros, el rapero Macklemore, puso la atención en el genocidio en Palestina (en el MetLife Stadium de Nueva Jersey, gritó “¡Palestina libre!” y dijo a los palestinos que “no están olvidados”). Conocido por éxitos como “Thrift shop” y “Can’t hold us”, el nativo de Seattle ha apoyado de forma explícita a los palestinos desde hace tiempo.
Sin embargo, el billonario le dijo a Sheeran que si no lo sacaba de su gira (había dado 2 de 10 fechas pactadas), no lo dejaría tocar en su estadio. Y sí, más allá de una contribución de dineros públicos en su construcción, el Gilllete Stadium es prácticamente suyo. Y fue más allá. No solo le cerraría las puertas de su estadio, también de los de los otros dueños de equipos de la NFL. En un comunicado, Kraft dijo que el Gillette “no proporcionaría una plataforma para discursos de odio”.



Del otro lado del espectro, Macklemore ha hecho todo bien. De inmediato desvió la atención de una narrativa que lo planteaba como víctima a él, o a Sheeran, de las circunstancias, enfatizando que las víctimas son los palestinos, aún acribillados. Y fue más lejos aún, donando el dinero que recibió por los dos shows que dio en la gira para causas pro-Palestina.
Y claro, las reacciones no se han hecho esperar. La sueca Greta Thunberg y otros activistas criticaron al cantante, mientras que Sheeran negaba estar detrás de la decisión de echar a Macklemore. Básicamente, se lavó las manos atribuyéndole el hecho al promotor de la gira. Pero para un artista de ese poder, esto solo empeoró las cosas. Porque mientras que argumentó seguir en nombre de los demás artistas y crew contratados, otros teloneros (Finneas, también famoso por su trabajo con su hermana Billie Eilish; los irlandeses Aaron Rowe y Beoga; y el danés Lukas Graham anunciaron en redes sociales que abandonan la gira.) también le renunciaron. Así lo hicieron también los músicos de su banda de apoyo, irlandeses también. Y no hay pueblo más solidario en términos de la ocupación como el irlandés.
Reaccionando a estos hecho, Thunberg y el resto de activistas anotaron en una publicación conjunta que “esta es una señal clara e innegable de que la conciencia global ha cambiado. La normalización de un estado de apartheid y los intentos de blanquear o justificar sus acciones ya no serán tolerados”.
Sheeran explicó su decisión de no comentar sobre temas políticos, especialmente la guerra en Gaza: “No soy cómplice. Tengo mis opiniones personales sobre este conflicto devastador. El hecho de que elija no hablar públicamente no significa que no me importe”. Muchas personas, sin embargo, denunciaron su doble moral, anotando que el cantante ha sido bastante abierto sobre el conflicto en Ucrania.


En una charla con Móglaí Bap, un tercio de la gran KNEECAP, que publicaremos muy pronto por cuenta de su visita al país este 17 de octubre, , le preguntamos sobre lo sucedido con Macklemore. KNEECAP es una agrupación que como Macklemore ha sido abierta en su apoyo al pueblo palestino, y su respuesta añade prspectiva.
Al rapero y activista le resuena con el escarnio que ellos han sentido (su compañero de banda Mo Chara, con quien hablamos cuando lanzaron su discazo FENIAN, tiene procesos legales vigentes), pero marca una diferencia. “Macklemore es estadounidense”, anota, “y ha sido muy explícito al alzar la voz por Palestina. Y una cosa es alzar la voz en Irlanda, pero otra muy distinta es alzar la voz en Estados Unidos por cómo está la situación en este momento, lo intenso que es y la mucha presión que existe. Le tenemos un respeto enorme a Macklemore. Tampoco queremos enredarnos en el drama de la situación, porque la verdadera realidad es lo que está sucediendo en Palestina”.
Y entonces sentencia con lo que se ha visto claramente estos días: “Es una lástima que tengan que expulsar a Macklemore del concierto, pero a veces se necesita una situación como esta para poner en evidencia lo que realmente está pasando y cómo trabajan juntos quienes administran esos estadios. Demuestra lo importante que es que las bandas alcen la voz y muestren solidaridad, que trabajemos juntos y nos apoyemos mutuamente. Es muy importante que nos mantengamos unidos cuando surgen estas situaciones”.
