Jamiroquai trajo anoche su funk, su acid jazz, su música, su lenguaje sonoro y visual, su fiesta retrovanguardista, siempre en presente, y sonó muy muy bien en el Coliseo MedPlus (anotando un par de inconvenientes que, por lejos, no arruinaron la experiencia). No está mal aceptarlo, el de anoche fue un conciertazo, una inyección de vibras positivas que cayó en buena hora para contrarrestar tanta oscuridad social y política. ¿Escape? Sin duda, ¡muy agradecido!


Algo que nadie más nos puede dar
El grupo del “Space Cowboy” sigue ostentando a esa figura notable en la voz, y qué voz sigue teniendo, arrojándola a todos los presentes (con respuesta y apoyo de todo el recinto, que le cantó a la par). Y sí, Jay Kay también es carisma y movimientos y uno que otro pedazo de atuendo vanguardista... La agrupación vibra desde este integrante fundamental, el alma de la banda, pero en vivo lanza toda una avalancha, y se aprecia toda, pieza a pieza, capa a capa: los teclados de gigante virtud y atmósfera, el bajo endemoniado que hace todo lo que debe en su galope funkero y muchísimo más, la batería que nunca detiene la fiesta, de hecho, alimenta constantemente el fuego espiritual (*elevamos deseos, valga decir, porque se apague pronto el cerro de la Villa de Leyva).
En este show también se vibró de manera hermosa con SUS TRES VOCALISTAS DE APOYO (ÍDOLAS), que se hacen esenciales y excepcionales, y con lo que suma LA PERCUSIÓN POSEÍDA, que en este Caribe país resuena profundamente, y el público lo hace saber desde su reacción efervescente. Y así se desata una conexión palpable basada en primitivos golpes de tambor.

La música y el bailado (porque es imposible quedarse quieto) cayeron como si los hubiera recetado el doctor. Porque se sabe que allá afuera hay ataques a la cultura de base, la que alimenta todo este entretenimiento masivo, y también a la justicia de la paz, y no es fácil asimilarlo... pero aquí hubo, si acaso, tiempo para un poquito de bandera tricolor (que casi no logra desprender de la baranda cuando bajó al encuentro de sus seguidores) y una camiseta del equipo de fútbol.
Los británicos se propusieron dejarnos una experiencia inolvidable, y lo lograron. Para muchos de sus asistentes, fue el mejor concierto que vivieron, y ese no es un hecho menor. Y no significa que todo haya sido “impecable”, en un par de ocasiones reiniciaron canciones, porque mejor genial bien que no hacerlo, y eso lo hizo imperfectamente perfecto, porque 98 por ciento del asunto superó las ya muy altas expectativas.

El MedPlus tenía un poquito más de aforo por dar, no llegó al sold out, pero en esa platea y en esas tribunas vimos gente de Cúcuta, San Andrés, Cali, Barranquilla, Medellín, y seguramente había personas de más ciudades y pueblos, alimentando esta fiesta sin frontera. Vino gente de México, gente de Perú, de Costa Rica porque Jamiroquai es un evento, y se vivió como tal...
La banda no venía hace 16 años a Bogotá (tocó en 2010 y en 2006), y Jay Kay agradeció a los presentes por estar ahí y por décadas de apoyo, asegurando además que no pasaría tanto tiempo antes de su próxima visita. Y no solo dijo eso por decirlo, la banda aquí compensó esa larga ausencia con canciones que fueron regalos. A diferencia de otros toques de esta gira, entregaron “You Give Me Something”, que sonó delicioso. Y es nada menos que increíble que en esa ala latinoamericana hayan sumado “Deeper Underground” para cerrar (la favorita de quien les escribe esta carajada, el tipo de canción que pone a bailar/rockear a Godzilla).
Pasaron 16 años para que Jamiroquai regresara. Jay Kay prometió no tardar tanto la próxima vez y, como regalo por la ausencia, tocó 'You Give Me Something', que no venía sonando en su gira. Lea la crónica de Arcadia en https://t.co/f0wz5K8LNE pic.twitter.com/RODn1qBYGP
— Revista Semana (@RevistaSemana) September 20, 2026
La banda compensó la larga ausencia en este país con canciones que fueron regalos. A diferencia de otros toques de esta gira, entregaron “You Give Me Something”, que sonó delicioso
El exitazo “Virtual Insanity” fue muy bello de escuchar y “Cosmic Girl” entregó todo lo esperado y más, pero canciones como “Little L”, “Light Years” y “Travelling Without Moving” hicieron inolvidable la experiencia. No es una banda de salsa, no es una orquesta, pero casi, qué tumbao tan bravo el que tiene. Y, de nuevo, hay algo primitivo ahí en ese funk que agita lo latino. Y cuando propone sus atmósferas, es envolvente y sabroso a la vez. Mero groove.



Visualmente, en lo que a accesorios se refiere, además de unos geniales audífonos de luces multicolores de alma ochento-setenterosa, Jay Kay también vistió varios sombreros, incluido uno que bien puede describirse como chamánico-electrónico. Tenía que haber sombreros, ¿cómo no? Y qué sombrero. De cerca, asombroso, de lejos, transformaba al frontman en una funkera y eléctrica medusa. Maravilla de detalle. Maravilla de noche la que dejó Jamiroquai en un regreso para el recuerdo a la capital colombiana.
Hoy, domingo, es otro día. Canta Robbie Williams en esta Bogotá que musicalmente no se detiene...
