La cancelación de los Grandes Premios de Bahréin y Arabia Saudita en la temporada 2026 de la Fórmula 1 no solo afecta el calendario deportivo, sino que deja en evidencia la creciente dependencia financiera del campeonato frente a mercados estratégicos como Medio Oriente.
Ambas carreras estaban programadas para el 12 y 19 de abril de 2026, como parte de las primeras fechas del campeonato.
Sin embargo, el deterioro de la seguridad en la región, tras la escalada del conflicto en Irán y sus efectos en países del Golfo, llevó a la FIA y a la organización a suspender definitivamente los eventos, priorizando la seguridad de equipos y personal.

El impacto económico es significativo. De acuerdo con estimaciones del sector, la Fórmula 1 dejaría de recibir más de US$100 millones en ingresos directos por derechos de organización, conocidos como hosting fees, que son pagados por los países anfitriones para hacer parte del calendario.
En el caso de Bahréin, estos pagos rondan los US$45 millones anuales, mientras que Arabia Saudita supera los US$55 millones, lo que los convierte en dos de los eventos más rentables del campeonato.
Si se incluyen ingresos asociados a patrocinio y operación, el golpe podría acercarse a los US$150 millones o incluso superar los US$200 millones, según diferentes análisis de mercado.
Este dato es relevante si se tiene en cuenta que los derechos de organización representan cerca del 27 % de los ingresos totales de la Fórmula 1, lo que evidencia el peso de este tipo de contratos dentro del modelo de negocio.

Además del impacto directo, la cancelación también afecta a equipos y patrocinadores. Las carreras en Medio Oriente son clave para activaciones comerciales, hospitalidad y visibilidad de marcas, especialmente para compañías con presencia en la región. Su ausencia implica menos exposición y menor retorno para varios actores del ecosistema.

El calendario también se ve afectado. La temporada pasa de 24 a 22 carreras, generando un vacío de varias semanas entre el Gran Premio de Japón y el de Miami, sin reemplazos confirmados. Esto limita las posibilidades de compensar ingresos en el corto plazo.
Sin embargo, no todos los ingresos están en riesgo. Los contratos de derechos de televisión, una de las principales fuentes de ingresos del campeonato, se mantienen activos siempre que se cumpla un número mínimo de carreras, lo que permite amortiguar parcialmente el impacto.
Teniendo en cuenta que, para el cierre del año fiscal 2025, la competición generó ingresos totales de 3.900 millones de dólares, lo que representa un crecimiento del 14 % respecto al 2024.

Aun así, lo ocurrido evidencia una tensión estructural. En los últimos años, la Fórmula 1 ha apostado por mercados con alta capacidad de inversión, como los países del Golfo, donde los gobiernos financian estos eventos como parte de estrategias de posicionamiento global y desarrollo turístico.
En ese escenario, la Fórmula 1 enfrenta el reto de mantener su crecimiento global sin aumentar su vulnerabilidad frente a factores que están fuera del control del deporte.
