Al cierre del año es habitual que, además de los balances, también empiecen a conocerse las proyecciones del año siguiente, en especial en materia económica.
Una de las variables clave es el crecimiento de la economía, que en el caso de Colombia pasó, hace un par de años, de la posibilidad real de caer en una recesión a que el tercer trimestre de este año estuviera por encima de las expectativas. El PIB de Colombia registró un crecimiento anual del 3,6 % en ese periodo, cifra que sorprendió al alza y se ubicó por encima del consenso de los analistas. Así, se convirtió en el mejor resultado de los últimos tres años el dinamismo del consumo de los hogares, que registró un crecimiento del 4,2 %.

Los resultados del tercer trimestre hicieron evidente el efecto del mayor gasto público sobre la actividad. En ausencia de este, el crecimiento no habría sido del 3,6 % sino del 1,8 %; es decir, el 50 % del buen resultado lo explicó el mayor gasto público, según el Banco de Bogotá. El gasto del Gobierno registró un aumento del 14,2 %, su ritmo de avance más alto durante el siglo XXI, en víspera del proceso electoral del año entrante.

En contraste con la dinámica del consumo, la inversión continúa rezagada, “reflejando la falta de confianza de los mercados y manteniendo niveles bajos que ponen en duda la sostenibilidad del crecimiento en el mediano plazo”, dice el Banco Popular.
La inversión representó el 17,4 % del PIB en el tercer trimestre de 2025, lo que implica una leve mejora frente al 16,2 % del segundo trimestre de este año. Sin embargo, sigue muy por debajo del 22,2 % de la etapa prepandemia.
Esto refleja una economía que avanza a un ritmo anual de 3,6 %; sin embargo, la inversión apenas crece un 2,2 %, según Bancolombia. No se puede olvidar que la inversión de hoy es el crecimiento de mañana.
Ante este panorama, distintos analistas y entidades ya están haciendo las proyecciones para 2026 en materia de crecimiento económico, en un contexto marcado por las dificultades en materia fiscal que tiene el Gobierno y las elecciones para elegir al nuevo Congreso de la República, y a quien suceda a Gustavo Petro en la Casa de Nariño.
La Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (Ocde) revisó al alza la proyección de crecimiento para Colombia, al pasar de 2,5 % a 2,8 % en 2025, y de 2,6 % a 2,8 % para el próximo año.

Para Asobancaria, la economía colombiana consolida su recuperación tras la desaceleración de los años 2023 y 2024, con un crecimiento proyectado del 2,6 % en 2025 y el 3,0 % en 2026. El consumo se mantiene como principal motor, apoyado en mejores ingresos y remesas, mientras la inversión sigue rezagada frente a niveles prepandemia, lo que limita el crecimiento de largo plazo.
El Grupo Cibest, al que pertenece Bancolombia, estima que el crecimiento del PIB se ubique en 3,2 % para 2026, revisado al alza desde 3,0 %, lo que implica una aceleración frente al 2,9 % que anticipa para 2025 (el cálculo anterior estimado era de 2,6 %).

“El impulso provendría, principalmente, del fortalecimiento del consumo, lo que permitiría que los macrosectores de comercio, transporte, alojamiento y comidas, agropecuario y entretenimiento continúen posicionados como los principales motores de crecimiento”, señala su informe. Destaca que, a pesar de un contexto de tasas de interés altas, el consumo privado continuará siendo el principal motor de la demanda interna, favorecido por la fortaleza de los ingresos por remesas del exterior y por un mercado laboral resiliente.
También resalta que la inversión fija, aún por debajo de su promedio histórico, mostrará señales de recuperación, especialmente en el sector de la industria y la construcción. Además, el sector público se mantendrá como aportante al crecimiento del PIB, gracias al espacio de gasto adicional que permitió la activación de la “cláusula de escape” de la regla fiscal. Sin embargo, expresa una preocupación: “Desde el punto de vista externo, el fortalecimiento de la demanda interna se traducirá en un mayor déficit comercial, dado que las importaciones crecerán a un ritmo superior al de las exportaciones. Las exportaciones tradicionales, como petróleo y carbón, seguirán afectadas por precios internacionales estables y una menor producción local, mientras que las exportaciones no tradicionales y de servicios mostrarán un mejor desempeño”.

Por su parte, Corficolombiana señala en un informe de proyecciones que cinco años después de la pandemia, la economía colombiana ha convergido hacia un nuevo equilibrio de crecimiento potencial más bajo, de entre 2,5 % y 2,8 % frente al 3,7 % que registraba en la época de prepandemia.
“Prevemos que el crecimiento se mantendrá en 2,8 %, consistente con la recuperación observada desde 2023, pero aún por debajo del dinamismo prepandemia”, dice el análisis, y agrega que la economía repetirá el libreto: un consumo privado robusto, una inversión insuficiente y un aporte negativo del sector externo.

En un reciente evento, César Pabón, director de Investigaciones Económicas de Corficolombiana, explicó que en el balance 2020-2025, la baja inversión se ha consolidado como el principal freno del crecimiento económico en Colombia. “Hoy contamos con una tasa de inversión cercana al 17 % del PIB, uno de los niveles más bajos de este siglo, lo que ha reducido nuestra competitividad regional y limitado la capacidad del país para generar mayor producción, empleo y bienestar”.
Y agregó: “Si bien el consumo ha sostenido la actividad económica, los desafíos globales obligan a fortalecer los pilares que impulsan la inversión en el país. Para asegurar un crecimiento sostenible, es fundamental que Colombia avance con decisión en el fortalecimiento de la confianza, la seguridad jurídica, la sostenibilidad fiscal, la disponibilidad de energía a precios competitivos y la inserción exportadora”.
A su vez, el BBVA Research considera que las perspectivas macroeconómicas para Colombia indican que la demanda interna será la principal explicación del crecimiento. El PIB se proyecta en un crecimiento del 2,7 % para 2025 y se acelerará levemente a 2,8 % en 2026 y 2027.
Señala que el consumo privado liderará el crecimiento en 2025, aunque se espera que ceda gradualmente el liderazgo a la inversión fija, que repuntará al 4,9 % en 2026 y 2027. Además, el gasto público también añade impulso al crecimiento, al proyectarse en 6,9 % en 2025 y 4,3 % en 2026.

“La mayor actividad de la construcción será clave para que la inversión retome fuerza; vemos a las obras civiles liderando en 2026 y una vivienda que se recupera de forma gradual conforme mejora el ingreso de los hogares”, explicó Mauricio Hernández-Monsalve, economista de BBVA Research.

Según el informe, el empuje vendrá de la aceleración de proyectos regionales y locales (túneles, troncales, puertos, sistemas de metro y generación) y de un repunte paulatino de las edificaciones no residenciales donde los inventarios ya son bajos. “La inversión cambia de velocidad a partir de 2026: primero por obras civiles y, con rezago, por edificaciones; ese giro es el que permite sostener un mayor crecimiento de la inversión”, añadió.
Para el BBVA Research, el consumo mantendrá buen dinamismo en 2026 y 2027, favorecido por un entorno financiero positivo para los hogares: retorno real positivo del ahorro, valorización de activos y apreciación del peso, que abarata importados y mejora la capacidad de pago en rubros sensibles a precios externos. Aun así, el mayor ingreso disponible de 2025 no se trasladó plenamente al ahorro, que se mantiene por debajo de los niveles de la década pasada.










