Uno de los fenómenos económicos que se ha dado en el último año es el comportamiento del precio del dólar que, tras romper la barrera de los 5.000 pesos, ha caído incluso a niveles inferiores a 3.600 pesos.
La tasa de cambio en Colombia cayó 14 % en el último año y 2,9 % en lo corrido de 2026, señala un informe de Corficolombiana, respaldado por un entorno global de dólar débil y apetito por riesgo, así como en la ampliación del diferencial de tasas de interés (carry trade) a favor de Colombia. Además, la apreciación entre septiembre y diciembre de 2025 reflejó la monetización de recursos de emisiones de deuda por parte del Ministerio de Hacienda.
Agrega el análisis que las expectativas de debilidad estructural del dólar siguen para el resto de 2026 y que alcanzaría una caída del 4 % en el promedio anual. Prevé que la percepción de incertidumbre sobre la política económica de Estados Unidos podría ganar gradualmente mayor relevancia en la formación de precios.

Por otra parte, en el ámbito interno, anticipa la persistencia de flujos estacionales relevantes de divisas entre febrero y abril, asociados principalmente al pago de la primera y segunda cuota del impuesto de renta de grandes contribuyentes y a la distribución de dividendos de Ecopetrol. Estos factores suelen incrementar de manera transitoria la oferta de dólares y respaldar una senda bajista de la tasa de cambio. En esta ocasión, dichos flujos compensarían parcialmente el fin de las monetizaciones del Ministerio de Hacienda e incluso el efecto de su nueva estrategia de incremento de su caja en dólares mediante compras en el mercado local.

“En este contexto, la apreciación del peso colombiano ha sido significativa: acumula un avance del 17 % durante el ciclo de dólar débil, que inició en 2025 con la posesión de Trump, superando en dos puntos porcentuales el promedio de apreciación de las monedas de Brasil, Chile, México y Perú”, añade el estudio.
Ante este panorama, Corficolombiana concluye que un cambio de signo político no garantiza por sí solo una valorización sostenida de los activos, sino que su persistencia más allá del ciclo electoral depende de la capacidad del nuevo gobierno para reconstruir la confianza, implementar una política económica creíble y abordar de manera temprana los desequilibrios estructurales.
“En este sentido, el trade político podrá ser un catalizador relevante para la tasa de cambio a partir de mayo (primera vuelta) e incluso elevar la volatilidad de los activos tras las elecciones legislativas del 8 de marzo, que podrán dar más claridad sobre el desenlace de las elecciones presidenciales. Ello sugiere un entorno en el que la tasa de cambio tenderá a resincronizarse con los fundamentales internos, en particular con la prima de riesgo, haciendo que el resultado electoral y, sobre todo, las señales iniciales del nuevo gobierno en materia de política económica y respaldo a la institucionalidad adquieran un rol determinante”, afirma el informe de la firma.
Ante este panorama, Corficolombiana plantea tres escenarios sobre la tendencia que tendrá la tasa de cambio.
En el primero, establece lo que llamó la llegada de un gobierno percibido como ortodoxo, pero sin un ancla clara de política económica, podría derivar en una corrección moderada al alza de la tasa de cambio. “En este escenario, el riesgo proviene de la ambigüedad de la agenda económica, en una coyuntura en la que la sostenibilidad fiscal está en duda. En este caso, anticipamos una resincronización de la tasa de cambio con el riesgo país, lo que implicaría niveles entre 100 y 200 pesos por encima de los actuales en el segundo semestre, llevando la tasa de cambio a niveles alrededor de los 3.700 pesos”.
En el segundo, identifica un candidato ortodoxo con una agenda clara de compromiso con el ajuste fiscal. “En este caso, la reafirmación temprana del marco institucional, junto con metas explícitas de consolidación fiscal y coordinación con la política monetaria, permitiría extender el sesgo bajista asociado al trade electoral, en un contexto en el que los demás factores juegan en esa dirección. La tasa de cambio podría disminuir por debajo de 3.600 pesos, apoyada en una reducción gradual de la prima de riesgo y en una mayor disposición de los inversionistas a sostener posiciones en activos locales”.
Y el tercero establece que un gobierno económicamente heterodoxo podría detonar nuevamente un choque de desconfianza, similar al observado en 2022 cuando la tasa de cambio se depreció cerca del 36 %. “Bajo este supuesto, estimamos que el USDCOP podría alcanzar niveles en un rango entre 4.500 y 4.700 pesos. Sin embargo, este no constituye nuestro escenario base. A diferencia de episodios previos en los que se produjeron saltos estructurales del tipo de cambio, hoy el peso ya cerró la brecha frente a sus niveles previos, ubicándose en niveles más consistentes con sus pares. Esto sugiere que el mercado internaliza que el choque de 2022 fue de naturaleza transitoria, aunque no elimina la posibilidad de episodios de alta volatilidad ante un cambio abrupto de las expectativas”, puntualiza Corficolombiana.

Para la entidad, aunque los factores globales suelen tener mayor incidencia en la tasa de cambio y apuntan a presiones bajistas, existen riesgos al alza relacionados con factores domésticos. “El déficit en cuenta corriente ha comenzado a ampliarse como resultado de un mayor déficit comercial y de una moderación en el crecimiento de las remesas, lo que podría incrementar gradualmente las necesidades de financiamiento externo. No obstante, continúa en niveles relativamente bajos en términos históricos”, agrega.
Además, advierte que el principal foco de riesgo proviene del frente fiscal en un contexto electoral de elevada incertidumbre. La ausencia de señales creíbles de compromiso con la sostenibilidad fiscal podría traducirse en un aumento adicional de la prima de riesgo soberano y en desvalorizaciones relevantes de los activos locales, escenario en el que la tasa de cambio corregiría al alza.
