Los mercados bursátiles en Estados Unidos cerraron este lunes -8 de mayo- con pérdidas, arrastrados por las preocupaciones sobre la posible reducción de la política monetaria de la Reserva Federal. Los inversores esperan con interés el informe del índice de precios al consumidor de abril, que se publicará este miércoles, y el índice de precios al productor un día después, ya que podrían proporcionar pistas sobre el futuro de la política monetaria.

Al cierre de las operaciones en esta jornada, el índice Dow Jones cedió 0,17 %, el tecnológico Nasdaq subió un modesto 0,18 % y el índice ampliado S&P 500 permaneció estable (+0,04 %).

La jornada de hoy también estuvo marcada por un informe del banco central estadounidense que constataba la debilidad en la demanda de préstamos empresariales durante el primer trimestre de este año. Este dato contribuyó a la tendencia bajista del mercado y aumentó la preocupación por una posible desaceleración de la economía.
Entre tanto, las principales bolsas europeas cerraron este lunes con ganancias modestas, con la excepción de Fráncfort, a la espera del dato de inflación en Estados Unidos el miércoles.
París ganó al cierre un 0,11 %, Milán 0,28 % y Madrid 0,70 %. Fráncfort cedió un ligero 0,05 % y la plaza de Londres estuvo cerrada por las celebraciones de la coronación de Carlos III.

La incertidumbre en los mercados financieros se produce en un momento en que la economía de Estados Unidos parece estar recuperándose de los estragos del costo de vida, lo que aumenta la preocupación por la posibilidad de que la economía de este país se siga desacelerando como respuesta a las medidas anunciadas en su momento por la Fed para frenar la inflación y la lucha de la Casa Blanca para no caer en default.

La carrera contrarreloj para evitar un default de Estados Unidos echó a andar: Joe Biden organiza un cara a cara con los jefes de la oposición parlamentaria el martes para tratar de alcanzar un acuerdo sobre la mayor deuda pública del mundo.
El presidente estadounidense se reunirá esta semana con su principal adversario en este tema, el jefe de la mayoría republicana en la Cámara de Representantes, Kevin McCarthy, así como con Mitch McConnell, líder de la minoría conservadora en el Senado. En juego: la reputación financiera de Estados Unidos y también mucho prestigio político.

El demócrata de 80 años sabe que la forma en la que gestione esta crisis pesará sobre su campaña de reelección en ciernes. Kevin McCarthy, quien resultó electo in extremis para dirigir la exigua mayoría opositora en la cámara baja, también se juega un partido importante para su liderazgo político.
Presiones indeseadas
El presidente Joe Biden reiteró el pasado viernes su mantra sobre este delicado asunto del endeudamiento, al señalar que los republicanos toman de “rehén” la economía al condicionar el aumento del límite de endeudamiento del país, o su suspensión, a recortes “draconianos” del gasto público.

Para el Presidente, el respeto por los compromisos financieros acumulados por el país es una obligación para los legisladores de ambos partidos, en tanto el presupuesto anual puede ser objeto de un debate político. El demócrata recuerda siempre que el techo de la deuda fue subido tres veces durante el mandato de su predecesor republicano Donald Trump.

“Nosotros, los republicanos, hicimos lo que había que hacer. El balón está en el campo de los demócratas”, estimó, por el contrario, en Twitter uno de los legisladores opositores en la Cámara baja, John Rose, quien denuncia que Biden escapa a una discusión “sería” del proyecto de presupuesto de los conservadores.

El domingo, la secretaria del Tesoro, Janet Yellen, volvió a advertir que, a menos que el Congreso actúe pronto, “se producirá un caos financiero y económico” con consecuencias en todo el mundo y agregó que “simplemente es inaceptable que el Congreso amenace con una calamidad económica para los hogares estadounidenses y el sistema financiero mundial”.
Este pulso proviene de una particularidad institucional en Estados Unidos: es resorte del Congreso votar regularmente para aumentar el monto máximo de deuda que el país puede emitir, de forma de continuar financiando el funcionamiento del gobierno federal. Hasta la Presidencia de Barack Obama, esta votación era una formalidad. Pero en un Estados Unidos polarizado, ya no es el caso.

La Casa Blanca y los republicanos del Congreso ya no tienen demasiado tiempo para lograr un acuerdo. El Tesoro de Estados Unidos ha advertido que sin aprobación del Congreso antes del 1 de junio, el gobierno deberá recortar gastos y prestaciones sociales si quiere continuar honrando sus obligaciones con acreedores.
El tope de endeudamiento de 31,4 billones de dólares, el más alto en valor absoluto entre todos los países del mundo, se alcanzó en enero. Pero el gobierno federal estableció medidas contables excepcionales para sobrellevar la situación. Estados Unidos no solo podría ser incapaz de pagar sus cuentas y los salarios de los empleados públicos, sino también de reembolsar a sus acreedores.
*Con información de AFP.
