El consumo de los hogares en Colombia inició 2026 con un crecimiento moderado, pero con señales cada vez más claras de desaceleración en medio de un entorno marcado por la inflación y las altas tasas de interés.
Según el informe Tendencias del consumo en tiempo real de Bancolombia, el gasto transaccional creció en promedio 3,5% anual durante el primer trimestre de 2026, impulsado por el repunte de febrero (3,9%) y un mayor volumen de transacciones. Sin embargo, marzo mostró una expansión más baja (3,3%), lo que sugiere un enfriamiento progresivo del consumo.
Aunque el balance del trimestre sigue siendo positivo, las proyecciones anticipan una moderación. Bancolombia estima que el consumo de los hogares crecería apenas 2,3% anual en el primer semestre de 2026, frente al 3,3% registrado en 2025, en un contexto de menor impulso económico y condiciones financieras más restrictivas.
El comportamiento reciente también es consistente con otros indicadores. En febrero, el comercio minorista creció 10,9 % anual, mientras que los servicios a personas avanzaron 6,4%, lo que confirma que la demanda se mantiene activa, aunque con menor dinamismo hacia el cierre del trimestre.
Detrás de este desempeño hay varios factores. El aumento del salario mínimo impulsó el ingreso disponible de algunos hogares, pero su efecto ha sido parcialmente contrarrestado por la inflación, que sigue afectando el poder adquisitivo, especialmente en servicios.
En términos sectoriales, el crecimiento del consumo estuvo liderado por categorías como tocador y aseo, entretenimiento y electrodomésticos, que ganaron participación dentro del gasto total.

En contraste, rubros como comunicaciones y consumo masivo cedieron terreno, lo que evidencia un cambio en las prioridades de gasto hacia experiencias y compras no recurrentes.

De hecho, el entretenimiento se consolidó como la categoría más dinámica en todas las regiones del país, impulsado por el uso de plataformas digitales, eventos y servicios asociados al ocio.
A nivel regional, el consumo mostró crecimiento en todo el país, aunque con diferencias marcadas. La región Caribe lideró con una expansión de 4,3 %, seguida por Antioquia y Bogotá-Cundinamarca con 3,4 %, mientras que Oriente creció 3,2 %, Occidente 2,9 % y Centro apenas 2 %, lo que refleja un comportamiento más débil en algunas zonas del interior.
Este comportamiento también está influenciado por factores como la inflación regional. En el Caribe, por ejemplo, la moderación en los precios de alimentos y transporte habría favorecido un mayor dinamismo del consumo, mientras que en ciudades como Medellín las presiones inflacionarias han sido más persistentes.
El análisis por nivel de ingresos muestra un impacto desigual. Los hogares de mayores ingresos destinan cerca del 55 % de su gasto a servicios, frente al 45 % en los de menores ingresos, lo que los hace más vulnerables al aumento de precios en este segmento.
Además, los datos revelan brechas generacionales. Mientras los hogares de mayor edad mantienen un consumo más estable, la generación Z registra una recuperación más lenta, con niveles de gasto aún por debajo de los observados antes de la pandemia, reflejando una inserción laboral más frágil.

Las cifras parten de una muestra amplia del comportamiento de los hogares: más de 9,55 millones de consumidores transaccionales, con 3.508 millones de transacciones en 2025 y una facturación promedio mensual cercana a $15 billones, lo que permite monitorear en tiempo real los cambios en el comportamiento del consumo.
La combinación de inflación, tasas altas y menor impulso económico está llevando a los hogares a ajustar sus decisiones de gasto, en un escenario donde el crecimiento ya no es uniforme ni garantizado.
